Keina Espiñeira: "Marruecos ha utilizado la pandemia para ejercer más presión sobre Ceuta y Melilla"

Keina Espiñeira Marruecos
La investigadora Keina Espiñeira en uno de sus viajes / Fotografía cedida

Sergio González / (@sergarrid)

La experta en migraciones analiza las reformas "silenciosas" de Marruecos en plena pandemia y su impacto sobre los flujos migratorios.

Entre 2019 y 2020, el número de solicitantes de asilo en Marruecos se incrementó un 25%, según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). A esto se añade la crisis provocada por la pandemia, que ha sumido al país en la recesión económica más profunda desde 1948. Aunque el actual escenario pone de relieve una "explosión de la pobreza", como indica Le Monde Afrique, la importancia geopolítica de Marruecos en el Estrecho de Gibraltar va en aumento. De hecho, los últimos acontecimientos dan cuenta de un romance entre el EEUU de Trump y la monarquía alauita a cambio de mutuos reconocimientos sobre Israel por parte de Marruecos, y del Sáhara Occidental, por parte del segundo. Desde 2014, La Unión Europea (UE) ha inyectado 343 millones de euros a programas de gestión migratoria en Marruecos, pero todo parece indicar que la monarquía alauí juega sus cartas con doble rasero: plantea un discurso donde los derechos humanos (DD.HH.) parecen coaligarse en sus políticas internas a la par que ejecuta redadas de control de migrantes y expulsiones de activistas y periodistas.

Keina Espiñeira (A Coruña, 1983) es investigadora especializada en migraciones en la frontera entre España y Marruecos, productora de cine documental y activista. Su carrera se caracteriza por la presencia de teorías poscoloniales, geografías político-culturales y expresiones artísticas en las fronteras del mar Mediterráneo. En esta entrevista realizada por videoconferencia, Espiñeira señala varias claves para entender la historia de la frontera sur española y las tendencias que definirán las fronteras del futuro.

Pregunta: El título de su tesis es: ‘Paisajes migrantes en la frontera estirada. La condición postcolonial de la frontera hispano-marroquí’. ¿Por qué eligió Marruecos como uno de los puntos focales de su trabajo académico?

Respuesta: En Madrid estaba muy interesada en las narrativas poscoloniales, el Orientalismo de Edward Said y las teorías de la poscolonialidad con Walter Mignolo y Aníbal Quijano desde América Latina. Me movía en el terreno de los discursos y necesitaba un golpe de realidad para traducirlos a un presente inmediato. Me impliqué con movimientos vecinales de denuncia contra las redadas policiales, como el proceso de internamiento en el CIE de Aluche. Tenía un pie en la universidad y otro pie en la calle. Aquí empecé a entender la cuestión poscolonial de las migraciones a través de la frontera, pues comprendí que funcionaba como una institución de clasificación y diferenciación socio-económica. Es entonces cuando decido irme a Marruecos y descubro las porosidades de la frontera. No es algo monolítico ni estático.

P: Dada la evolución de Marruecos en el área de derechos humanos ¿cuál ha sido el mayor avance en relación a los derechos de los migrantes? ¿Y el mayor fallo?

R: El punto de partida lo voy a tomar en relación con la UE. Uno de los momentos clave es la creación del espacio Schengen. ¿Qué implica esto? España entra en la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1986 y firma su adhesión al Acuerdo Schengen en 1991. Hasta entonces no existía un visado entre ambos países. Esto cambia completamente las relaciones de movilidad. Un ejemplo claro es la transformación en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, cuyo perímetro terrestre se cierra con la construcción de las vallas fronterizas en 1993, convirtiéndose así en la única extensión de Schengen en África.

La segunda medida, el Acuerdo de Readmisión, llega en 1992. Por este se entiende que España puede deportar a toda persona con nacionalidad marroquí que se encuentre en el territorio en situación de irregularidad administrativa –sin visado ni permiso de residencia–. Este acuerdo no entra en vigor oficialmente hasta 2012, 20 años después, lo cual da cuenta de la complejidad de las relaciones entre ambos países. Es aquí cuando el régimen alauita empieza a confrontar las medidas que Europa implementa en la frontera para filtrar la movilidad, ya que a partir de 1990 Marruecos se convierte en país de tránsito y destino.

P: En 1992 se firma ese acuerdo de readmisión entre Marruecos y España, pero apenas un año después, en 1993, Marruecos ratifica cuatro convenciones internacionales referentes a la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, los Derechos del Niño, los Derechos de los Trabajadores Migrantes y contra la Tortura y Tratos Degradantes. ¿Dónde podemos dibujar la línea entre Marruecos como receptor de fondos europeos y al mismo tiempo un país que transita de un régimen autoritario a uno ‘híbrido’?

R: Cierto, 1993 es un año clave para que Marruecos ratifique una serie de convenciones internacionales que se supone lo comprometen en el cumplimiento de los DD.HH. El país se encuentra ante una tensión: la de asumir una agenda progresista presentada como referencia en el Magreb y la de actuar como un país bisagra entre África subsahariana y Europa. Por tanto, la responsabilidad recae en Marruecos en términos de seguridad. Esta presión se traduce en redadas en los bosques frontera con Ceuta y Melilla y también en las principales ciudades del país, como Tánger. También se dan casos de deportaciones a Argelia y Mauritania. Esta tensión acaba produciendo violencia, muertes. Sin embargo, nosotras observamos un momento clave cuando, a raíz de las Primaveras Árabes en 2011, Marruecos decide hacer una "suave" reforma constitucional con objeto de acallar la tensión social y hacer una serie de concesiones menores. Marruecos saca entonces la carta para los DD.HH. ante la comunidad internacional. Poco después, en 2013, el país adopta la Estrategia Nacional de Inmigración y Asilo (SNIA, por sus siglas en francés), donde un enfoque humanista parece marcar la agenda de un Marruecos renovado a pesar de la constante intervención policial en frontera.

A raíz de las Primaveras Árabes en 2011, para acallar la tensión social, Marruecos hace una serie de concesiones menores y saca la carta para los DD.HH. ante la comunidad internacional

P: Existe un colectivo del que ahora se habla mucho: los ‘MENAS’, niños que intentan cruzar la frontera en solitario o que son separados en la llegada. En España se les ha criminalizado. Hemos visto violencia y falsos testimonios sobre estos jóvenes, pero hay una cierta tendencia a no hablar de las niñas migrantes. ¿Por qué crees que esto ocurre esto?

R: Es cierto que son mayoritariamente niños y no niñas quienes deciden cruzar a Europa. De partida, creo que opera una jerarquización importante dentro de la estructura familiar, donde las niñas tienen escasa autonomía. La opción de salir del país para las niñas no es siempre plausible, por lo que se quedan en situaciones muy duras, relacionadas a veces con contextos de semi-esclavitud, y no sólo en lo doméstico. Hemos visto recientemente industrias externalizadas desde Europa, como la industria textil, empleando mano de obra menor de edad. Sería interesante saber si ellas contemplan la emigración en su imaginario. Los niños imaginan el cruce desde el puerto de Tánger al ver cómo entran y salen barcos. Ven el Estrecho al otro lado.

P: ¿La pandemia otorga una oportunidad para los Estados a la hora de añadir más presión a los migrantes en movimiento?

R: Te hablaré de la parte norte del país, que precisamente es la que vive en relación con la frontera. En marzo de 2020 se cerraron los pasos fronterizos entre Ceuta, Melilla y Marruecos. A fecha de esta entrevista continúan cerrados. Toda la actividad económica que dependía de una relación más o menos porosa desaparece: el porteo, el trabajo doméstico, la construcción, el ocio, el turismo, todo. La situación económica en el norte es grave y el descontento social va en aumento, con manifestaciones que han sido reprimidas en ciudades dependientes de esta economía de frontera, como Fnideq. Además, Marruecos ha utilizado la pandemia para ejercer más presión sobre Ceuta y Melilla, ofreciendo en paralelo un discurso de transición sobre una reforma del sector económico en todo el norte y la creación de empleo en nuevos centros logísticos para quienes trabajan en la economía atípica. Esto está vinculado a la deslocalización de empresas europeas, ya que Marruecos está redefiniendo su estrategia social y económica en relación al puerto Tanger Med, –el mayor puerto del Estrecho–; creando dos polos industriales con gigantes como Renault. Entonces, ¿qué pasa con la pandemia? Marruecos dice: "Bueno, tengo una justificación para acometer estas transformaciones y tener a la población sin posibilidad de manifestarse, con toque de queda y restricciones a las reuniones."

P: La expulsión de Marruecos de Helena Maleno, investigadora y periodista sobre migraciones y DD.HH., ha dado mucho que hablar. Después de décadas residiendo en el país vecino, ¿por qué cree esto ocurre ahora?

La criminalización de la solidaridad viene marcada desde la UE. En la reforma de la Ley de Extranjería de 2009 se incluyó sancionar a las personas que dieran acogida a personas indocumentadas

R: (Reflexiona unos segundos) Sí, Helena. La criminalización de la solidaridad y la persecución de las personas y entidades que ofrecen apoyo a las personas migrantes... es una práctica que se extiende. Lo importante es entender que esta criminalización viene marcada desde la UE. En la reforma de la Ley de Extranjería de 2009 se incluyó sancionar a las personas que dieran acogida a personas indocumentadas. Y hubo campañas en los movimientos sociales denunciando esta inculpación, como "Salvemos la hospitalidad".

P: Aunque el virus no entiende de nacionalidades, el programa de vacunación europeo sólo tiene en cuenta a la población local, y no a sus territorios vecinos: ¿Es esto una demostración de la debilidad sistémica de la UE para gestionar sus propias fronteras o simplemente revela la torpeza de un discurso extremadamente politizado?

R: Sí, y no sólo eso, parece que se va a utilizar para establecer nuevos mecanismos de control, como el famoso "pasaporte de vacunación". ¿Conoces Statewatch? Es impresionante, para mí es uno de los mejores colectivos de activismo e investigación en Europa y Reino Unido. Ahora tienen una línea de investigación que precisamente estudia los cambios en la normativa europea a este respecto, la de incorporar toda la parte sanitaria al control de las personas, lo cual se va a utilizar como un nuevo filtro de carácter biopolítico.

P: La militarización y el uso de la pandemia como frontera biológica creará más tensión en el Mediterráneo. ¿Es la UE más injusta de lo que era antes?

R: No es ni más solidaria ni más injusta. Los principios de la UE siguen siendo los mismos… sólo tiene nuevas herramientas. En una Europa donde los cuerpos adquieren mayor protagonismo, el escenario que se plantea es de más competencia, amenaza y recelo, pero vemos lo mismo en España. De pronto, todos somos vigilantes, ¿no?