Posibilidad de un nido

Llámame por teléfono

Pixabay.
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Ponte tú que tienes una alegría gordísima o una pena tan tremenda que te llena de insectos. Ponte tú que tienes un miedo ronco o que te ronda la muerte. Ponte que vives en una ciudad sitiada. Pon declarar el amor, decir basta, llorar desde lejos. Ponte tú todas esas cosas y que has perdido la voz.

La voz.

Durante esta pandemia murió Chato Galante, el gran luchador por la decencia y contra el franquismo. Durante un tiempo de convalecencia mutua conversamos por WhatsApp. En muchas ocasiones me he preguntado por qué no le llamé. Por qué no nos prestamos la voz. Por qué no marqué su número de teléfono, conversamos y sentimos el calor mutuo, la soledad y el miedo.

No ha sido la única vez. Últimamente llevo varias muertes al lomo y ninguna llamada. ¿Qué nos pasa? Enviamos mensajes de texto a aparatos móviles como si eso sirviera de consuelo o de amores. Algunos, algunas, añaden esos símbolos llamados emoticonos para fingir un tono y un calor que la voz tiene pero no las palabras escritas. Esos dibujillos idiotas nos han ido retirando la voz. La tibieza, el cabreo, el consuelo, la sensualidad o el desprecio de la voz se han ido convirtiendo en símbolos diseñados por alguien y compartidos por todos, por todas. Parte de esta idiotez.

Pero la voz es la voz, bien lo sabe el poeta.

Una vez me rompí la cabeza. Me la rompí mucho en un accidente de automóvil. Cada mañana, antes del mediodía, un cantautor querido me llamaba por teléfono y me recitaba una poesía de Catulo. Solo eso, solo una, pero su voz me calentaba el cuerpo.

Algunos años antes, en los tiempos de los contestadores como radiocasetes, un escritor inconmensurable me preguntaba habitualmente Dime cuándo te llamo, no te mates sin hablar antes conmigo.

Cuando nos encontramos y la noche se alarga, llega un momento en el que la extraordinaria escritora y cronista Gabriela Wiener recita a César Vallejo. Y otra enorme, Lucía Lijtmaer, me dice en los momentos secos y en los jocosos Vamos a quedar y hablamos.

No sé si se trata de la construcción de una carcasa que nos va separando o de esta forma de ir perdiendo el contacto sin darnos cuenta. Pero si me pasa, te pasa, nos pasa algo, llámame por teléfono.