Posibilidad de un nido

Mírese el coño, señora

Imagen de la 'Procesión del santísimo coño insumiso'

No es cierto que la Gran procesión del Santo Chumino rebelde haya ofendido los sentimientos religiosos de nadie. El problema es el coño. Solo eso, los genitales femeninos. A la Asociación de Abogados Cristianos y a su presidenta, Polonia Castellanos, la representación de un coño y su paseo público es lo que les ofende, y déjate de hostias. Y al juez.

El magistrado del Juzgado de lo Penal número 10 de Málaga, Rafael López de Cervantes, ha condenado a una mujer por participar en una celebración reivindicativa durante el 8 de marzo de 2013. El acto festivo se llamaba Gran Procesión del Santo Chumino Rebelde. La sentencia dice así: "ataviada con una peineta y con una vela grande en la mano, portaba, en compañía de otras personas no identificadas que vestían túnicas, mantillas o peinetas, lo que se antoja una imitación de un paso de Semana Santa cuya imagen es una vagina de grandes dimensiones ataviada con un pañuelo grande o manto, con flores en la base, desfilando por algunas de las calles más céntricas de la capital malagueña, exhibiéndose ante infinidad de personas".

Pongan ustedes que los pasteleros deciden este año, como forma festiva, celebrar que por fin acaba 2020 con la Gran procesión de la Santa Tarta de Manzana. Imaginen que la Liga de fútbol, por su parte, y como forma de "paliar las pérdidas" por la COVID19, decide organizar la Gran procesión del Santo Balompié. Quizás oiríamos desde algunos sectores críticas tibias a la frivolidad del asunto, y aun así no lo creo.

Se trata del coño. De la vulva. De los genitales femeninos.

A la Asociación de Abogados Cristianos (oh sorpresa, acusación particular), y a su presidenta Polonia Castellanos, lo que les molesta es ver un coño. Y dicho sea de paso, me permito corregir la ignorancia de esta gente, incluido el magistrado López de Cervantes: no se trata de una vagina, como afirman ustedes, sino de una vulva. Lo que se paseaba era una vulva, pero qué van a saber. Qué barbaridad, juzgar aquello que ni siquiera sabes nombrar.

No sé en qué consideración tendrá sus genitales la señora Castellanos, ni qué opinión les merecerán a los machos de la Asociación de Abogados Cristianos las vulvas o incluso las vaginas de sus santas esposas. Miedo me da. Ah, los genitales femeninos, qué ofensa, qué vergüenza. Lo que sí sé seguro es que no están solos. Representan a esa parte de la población (millones, si nos atenemos a los votantes de VOX y el PP, pongo por caso) a los que escandaliza la visión de los genitales femeninos. Más, su simple existencia.

Si la señora Castellanos o el juez López de Cervantes consideraran que los genitales femeninos forman parte del cuerpo de la misma manera que el codo o las encías, no habrían acusado y condenado a una mujer (sólo a una) por el simple hecho de pasear una representación en cartón piedra de tan precioso, jugoso, tibio, fragante órgano.

La señora Polonia Castellanos y la Asociación de Abogados Cristianos, consideran sin duda que los genitales femeninos resultan muchísimo más repugnantes que un hombre desnudo, torturado, con espinas clavadas en la cabeza, clavos en las manos y en los pies, llagas y sangre corriéndole por la cara. Más repugnante que una mujer vestida de farola que llora sangre.

La vulva es fuente de todo pecado, fuente de toda culpa, y además sangra. No es solo cosa de ellos. ¿A qué huelen las nubes? A todo menos a coño.

Queda claro que a la señora Castellanos, los Abogados Cristianos y el juez López de Cervantes les molesta ver un coño. Así de simple. Pero no porque ofenda sentimientos religiosos. Conozco a mucha gente con profundos sentimientos religiosos a quienes la vista de un coño no solo les gusta, sino que llega a provocarles un magnífico placer físico, estético y puede que incluso místico.

Leo en la sentencia: "desfilando por algunas de las calles más céntricas de la capital malagueña, exhibiéndose ante infinidad de personas". Lo leo y pienso Ahí está la clave, paletos, ahí está. Los genitales femeninos son algo que no debe mostrarse, por la misma razón que algunas redes prohíben mostrar pezones femeninos y la regla es de color azul en los anuncios.

Más allá del disparate que supone la existencia misma del delito de ofensa contra los sentimientos religiosos, todo esto no es más que una paletada. Sin embargo, es una paletada por la que una mujer ha sido condenada y pagará por el simple hecho de celebrar su vulva.

Deberíamos empezar a actuar en serio contra estas muestras de ignorancia, de brutal ignorancia, por parte del Poder Judicial que acaban en tribunales, sentencias, condenas… Pero mientras vamos haciéndolo, generosa que es una, voy a regalar una recomendación a todas las mujeres que forman parte de la Asociación de Abogados Cristianos, a las que se sienten ofendidas o escandalizadas ante la imagen de un ninot en forma de vulva, a todas las que no lo hacen ya:

Mírense el coño, señoras.

No saben cuánto van a agradecérmelo.