Posibilidad de un nido

Luchamos mal, compañeras

Manifestación de ultraderecha en Barcelona. EFE
Manifestación de ultraderecha en Barcelona. EFE

La última vez que se convocó una protesta contra la violencia machista en la Puerta del Sol pensé: Ya estamos, otra vez al manifestódromo. Sol es una plaza sin circulación de vehículos, en forma de ratonera cuyas salidas y pueden ser fácilmente cerradas por las fuerzas de seguridad o por otras fuerzas aún peores. Con la Plaça de Sant Jaume en Barcelona sucede lo mismo. Además, apenas tienen viviendas. En resumen, parecen elegidas para que las manifestaciones no molesten a nadie. No cortan la circulación, no incordian al vecindario y se acaban convirtiendo en una pequeña jaula de monas de zoológico a fotografiar por la prensa de turno, animalillos inofensivos realizando su pirueta periódica.

Lo pensaba al leer los escalofriantes datos publicados aquí por Marisa Kohan: El 20 por ciento de los hombres entre 15 y 30 años cree que no existe la violencia machista y que se trata de un "invento ideológico". Hace cuatro años eran la mitad. Tenemos un problema. Un problema mucho mayor que la Puerta del Sol y la Plaça de Sant Jaume juntas. En solo cuatro años se ha duplicado el número de jóvenes machos que se creen el mensaje de la ultraderecha sobre las mujeres. "Invento ideológico" es un eructo muy suyo y solo suyo.

Esos chavales y hombres nos han visto durante toda su vida protestando. En el año 2000 protestábamos. En el 2010 protestábamos. En el 2020 protestábamos. Visto lo visto, protestamos mal. Convengamos que una protesta en jaula es poca protesta.

Pero el problema ya no es si protestamos mal, porque si aun así sirviera de algo, solo habría que corregirlo. La duda que se me plantea, y con ello arrastro mi lucha cotidiana, es si sirve de algo. En cuestión de violencia machista: ¿Nos sirve de algo salir a la calle? ¿Nos sirve de algo manifestarnos? ¿Sirve de algo esto que estoy escribiendo?

La respuesta tiene dos líneas y ninguna es fácil de esquivar.

Línea #1. La potencia del mensaje feminista resulta irrelevante frente al mensaje difundido por los medios de comunicación de masas, muy especialmente las grandes cadenas de televisión. Esa idea de la violencia machista como "invento ideológico" que cree a pies juntillas nada menos que el 20 por ciento de los hombres jóvenes se cuece en los fogones de la extrema derecha, y ahí podía quedarse, rondar entre sus huestes, y fin de la idiotez. Sin embargo, salta a las televisiones y ahí se expone con pelos y señales. La convierten en categoría a tener en cuenta, realmente existente. Después se transforma en objeto de debate y como tal se defiende o rebate. Ya tenemos a millones de espectadores y espectadoras asumiendo el enunciado "invento ideológico". Pueden creer o no creer que lo sea, pero para pensarlo han tenido que hacer suyo tal basura. El mismo hecho de rebatirlo ya le da carta de naturaleza.

Línea #2. El feminismo y la lucha contra la violencia machista avanza al paso que le marcha la violencia misma. Las redes sociales y la multiplicación sin fin de los ataques a las mujeres en general, y las feministas en particular, han conseguido que no demos abasto. Son tantos y tan variados los frentes de lucha que apenas alcanzamos para un constante apagar fuegos. Eso consigue que cuando aún no hemos terminado con la defensa de una madre que aparta a sus hijos del abusador ya estemos con las declaraciones de un representante político, y cuando aún no hemos acabado con eso, ya salimos a la calle por la modificación de una ley… Esa agenda no la marcamos nosotras, sino que nos viene dada, y estamos siendo incapaces de marcar una agenda básica alejada del cortísimo plazo que marcan las agresiones multiplicadas. Es comprensible, lo que no quiere decir que resulte una buena estrategia ni mucho menos.

Y entonces salimos a cualquier manifestódromo de los muchos que nos ha habilitado el sistema para levantar la voz, y luego todas a casa.

Es evidente que la estrategia del movimiento feminista hace aguas y que nos estamos convirtiendo en monas de zoológico cuyo mayor peligro es un pisotón en la vía pública. No resulta bonito de oír, pero más vale que empecemos a considerar otras vías de acción, quizás con consecuencias no tan suaves, dada la pervivencia de la Ley Mordaza. Pero ¿quién dijo que luchar contra la violencia era un caminito de rosas?

Tras cuatro años en los que se han producido las mayores manifestaciones feministas contra la violencia de género, el resultado es que el porcentaje de los jóvenes que la considera un invento se ha duplicado. Su problema lo tengo claro. El nuestro, compañeras, deberíamos definirlo y ponerle solución. Cuanto antes, mejor. Para empezar, podríamos dejar atrás los manifestódromos y hacer un poco más difíciles de digerir nuestras acciones.