Posibilidad de un nido

La vicealcaldesa que "empobrece y degrada"

La vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, durante el desmantelamiento de cerca de 600 chabolas. TWITTER
La vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, durante el desmantelamiento de cerca de 600 chabolas. TWITTER

En Madrid, como en todas las grandes ciudades europeas, hay chabolas. No son pisos, no son casas, la Rae las llama "viviendas" porque quedaría feo llamarlo choza o chamizo insalubre, pozo de miseria. Son pequeños cubículos levantados con cartones, maderos, uralitas, qué les voy a contar a estas alturas, si todas y todos lo sabemos aunque nadie las mire. Son la vergüenza de una sociedad que presume de una Constitución donde, en teoría, se garantiza una "vivienda digna". Je.

Se acaba de publicar un posado de la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, junto a un asentamiento de personas que solo contaban con plásticos, viejos marcos de puertas que ya fueron trituradas, maderos sin origen, piedras, restos de lo que ni nos sobra porque no consideramos su existencia. Ella posa para la foto con la mirada perdida en algún punto lejano. No mira, como tampoco nosotras, nosotros miramos. Es una lideresa esperando mientras las fuerzas de seguridad echan abajo la vida de las familias dejando claro además que ese acto la embellece, la hace poderosa, la retrata con un halo de autoridad.

Ante la imagen no puedo evitar pensara en otras personas que sí se acercan a los "barrios" de chabolas mirándolas de frente, a quienes en alguna ocasión he acompañado. Son seres humanos decentes, a menudo muy jóvenes, cuyos corazones conservan el antiguo calor noble de la hospitalidad, el deber de socorro, la compasión. En invierno se acercan hasta allí portando ollas con algún caldo o guiso caliente. Otras veces, para ver en qué condiciones están las criaturas, con ropas de deshecho que sustituyan los harapos sucios que van encostrándose sobre los cuerpos en unas condiciones de vida sin agua corriente, ni luz, ni calor.

La vicealcaldesa de Madrid, y por lo tanto representante del Ayuntamiento, es exactamente lo contrario. No hay nobleza, hospitalidad, compasión, grandeza alguna en el corazón de la mujer que ha llegado hasta allí para presumir de destrozar los cuatro maderos que son todo el techo de esa gente. Cerca de 600 chabolas. A saber cuántas personas. Sí, personas, hombres, mujeres y criaturas cuyo terrible presente se acaba de ver devastado tras la foto de una mandataria pública.

Tres afirmaciones suyas quedan de ese momento:

Una: "Ya hemos desmantelado 597 chabolas que generaban insalubridad y molestias a los vecinos". Dos: "Mientras otros les abren las puertas, en Madrid trabajamos por un modelo de ciudad incompatible con la 'okupación". Y tres: "empobrecen y degradan" la ciudad.

Sabe perfectamente la vicealcaldesa que es la ciudad la que "empobrece y degrada" a las personas, y no al contrario, de la misma manera que no se equivoca cuando habla de "okupación" refiriéndose a algo tan poco "okupable", deseable o usurpable como una mísera barraca. Lo sabe todo, igual que el resto de los políticos del PP y toda esa caterva de periodistas que han puesto la idea de la "okupación", sea eso lo que sea, en el centro de la construcción de un nuevo miedo ciudadano.

Si Begoña Villacís creyera que le va a dar votos acudir al asentamiento de barracas con alimentos, ropa, enseres, si creyera que le va a dar votos sentarse y mirar a la cara a los seres humanos que viven allí, en la ciudad que ella gobierna, habría hecho exactamente eso, y allí habrían estado las cámaras para filmarla. La realidad, la feísima realidad, es que sabe que lo que le da votos es lo que la vemos hacer y decir en ese momento. Ella y los suyos dedican a estudiar esas cosas –encuestas, estimaciones de voto, preferencias ciudadanas, audiencias– más tiempo y dinero que a mejorar la vida de sus semejantes. Por mucho que las redes "ardan" de indignación ante su foto y ese tipo de chorradas, ella sabe perfectamente lo que hace, no cabe error en su gesto, ni el más mínimo error.

Pero aún hay una cosa más. No solo se dedican a estudiarlo, sino a provocarlo. Cuando una representante de la ciudadanía, una y todas, se muestra habitualmente amparando y acogiendo a los más desfavorecidos, a los últimos en llegar; cuando los medios de comunicación es eso lo que difunden como "bueno", la mayoría de la población empieza a simpatizar con esa idea. O sea, nos hacen mejores.

La vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, con su gesto lo único que hace es "empobrecer y degradar" a una sociedad al frente de la cual está ella junto al alcalde Almeida. Eso y alimentar a quienes ya han conseguido poner de su parte.