Posibilidad de un nido

Tetas, pechitos y pérdidas de orina

La portera del Atlético de Madrid femenino Lola Gallardo bebe agua durante un partido de liga. E.P./Oscar J. Barroso
La portera del Atlético de Madrid femenino Lola Gallardo bebe agua durante un partido de liga. E.P./Oscar J. Barroso

Tengo dos tetas desde que me acuerdo, dos tetas como dos mundos, fuente de todo placer y alimento, carne, senos, pechos, mamas. Carajo, tengo dos tetas con las que enfrento el mundo, jamás escondidas, y también soy ellas.

Una vez me preguntaron por qué iba "siempre enseñando las tetas". Respondí: "Porque están delante y arriba". Si estuvieran detrás, es un suponer, me verían entrar de otra manera. Más tarde tuve un hijo y una hija. Me acordé de mi madre a la orillita del mar y les dije, palmeándome el escote, "ven a la pechugueta".

Mis tetas son carne indomable, acogedora, sujeta o desatada, carne que se vierte sobre la vida, carne pendiente de un corchete, carne con capacidad de sombrero, bufanda, bolsa de agua caliente, carne montura. Carne alimento.

Tetas. Son tetas.

Y entre todos los apelativos que se me ocurren, quizás "pechito" esté entre los más guarros, lo que tiene que ver con la retransmisión que un tal Diego García, comentarista deportivo de un canal llamado DAZN, soltó anteayer. "Kuki golpea y cae en los pechitos directamente de Lola Gallardo", dijo. Ay. Yo, que lo ignoro todo del fútbol, masculino, femenino y lo que sea, me entero de que Gallardo es la guardameta del Atlético de Madrid (Primera División), arrastra una carrera deportiva que me ha dejado boquiabierta y tiene 29 años.

Pechitos.

Ay, pechitos, Diego García. Ay.

Hay palabras que describen un mundo, Diego García de mis dolores, y comprendo que hayas pedido perdón y lo lamentes, ¿cómo no lamentarlo, ternero? Hay una mujer al borde de los 30, crack del fútbol, que ha publicado su homosexualidad sin reparos, cuyo cuerpo combate, ama, se entrega, es una declaración de poder y dulzura, eso hay, Diego García de los cojoncitos, ¿y llamas "pechitos" a su pecho? Porque no llamas "pechitos" a sus tetas, je, sino que trasladas el pecho de la jugadora hasta la infancia de unas tetas que te ocupan. Porque si al menos las llamaras tetas... Pero en lo que tú piensas frente al pecho de la deportista no es en eso, en un pecho, sino en algo sexual. Y al hacerlo, ni siquiera son tetas, son "tetitas".

Vamos a por tu disculpa, Diego García: "Sobre lo ocurrido hoy en la jugada de Lola Gallardo, en la que utilicé un diminutivo como eufemismo, lamento si alguien se ha sentido ofendido/a por el comentario y pido disculpas".

Esta clase te la voy a regalar, a la salud de mis tetas y las tetas de todas. Empiezo por la definición de "eufemismo" que ofrece la RAE (yo sería más bestia):

"Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante".

Entiendo, pues, que usaste la palabra "pechito" porque una "recta y franca expresión" de aquello que querías nombrar "sería dura o malsonante". No solo afirmas, sino que publicas, que al utilizar "un diminutivo" (pechito), lo hacías "como eufemismo". Debemos deducir de ello que "pecho" te resultaría "duro o malsonante", al menos en el caso de la guardameta Lola Gallardo.

Ah, pero no, y ya lo siento. No. Sucede algo paralelo, algo a lo que nadie parece aludir. Sucede que "pechitos" no es el diminutivo de pecho. Las palabras están preñadas de historia, viven, laten, crecen cargando lo que somos como grupo humano. Cuando un hombre dice "pechitos" refiriéndose a una mujer joven, aquí y ahora, nadie piensa en el pecho de una futbolista. "Pechitos" no es un diminutivo del pecho, y de la misma manera que cualquier mujer lo sabe, cualquier hombre lo sabe mejor. El término "pechitos" encierra el miedo a las tetas.

Sígueme, paso a paso, García:

La futbolista Gallardo tiene un par de tetas.

El balón (entiendo) le da en el pecho.

Tú en vez de un pecho ves un par de tetas.

Las llamas "pechitos" dices que como "eufemismo".

Un pecho no necesita eufemismos. Unas tetas, para ti, sí.

Las tetas de la futbolista, y de ahí tu "eufemismo", resultarían "duras o malsonantes" de nombrar. ¿Por qué? Porque ves un par de tetas.

Reducir un par de tetas a "pechitos" está, como he dicho, entre los apelativos más guarros.

Vale. No sigo, porque no hace falta, tanto para quien lo entienda como lo contrario. Tengo un par de tetas extraordinarias desde que me acuerdo. Hay hombres que a las tetas las llaman "pechitos", que lo necesitan. A veces se les escapa. Tiene que ver con el miedo, la infancia, los complejos, el daño que algunas cargamos. No se llama "eufemismo". Quizás pérdidas de orina.