Posibilidad de un nido

Cultura de la violación es impedir hablar de la Cultura de la violación

Los diputados de la bancada del PP protestan durante la intervención de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. EFE/ J.C. Hidalgo
Los diputados de la bancada del PP protestan durante la intervención de la ministra de Igualdad, Irene Montero, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso. EFE/ J.C. Hidalgo

No debería pasar pero pasa que la inmensa mayoría de nuestras y nuestros representantes políticos no saben qué significa "Cultura de la violación". Vendría a ser como ignorar qué significa racismo, violencia obstétrica, abuso infantil. No es inocente. Cuando la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, afea a la ministra de Igualdad, Irene Montero, que use tal término, está reprochándole que utilice un concepto que lleva ya muchos años manejando la ONU para describir la violencia que sufren las mujeres, su entorno social, su construcción cultural. 

Resulta desalentador, sobre todo porque no hay diálogo posible. Vivimos en mundos diferentes, realidades paralelas. Es como la brecha entre la población que ha aprendido a leer y la que no. Cuando se hablaba de las "gafas moradas" tenía algo que ver con esto. Mi querida Lucía Lijtmaer lo llamaba el golpe en la cabeza. De repente ves algo que antes no veías, y a partir de entonces ya nada puede ser igual. El machismo, el feminismo, la violencia ubicua y constante contra las mujeres, la Cultura de la violación.

Me imagino a cualquier diputada o ministra diciendo el término "gafas moradas" a día de hoy en el Congreso. Qué horror lo que imagino.

Recuerdo el tiempo en el que se pusieron de moda las imágenes de violencia contra las mujeres para anunciar artículos de lujo. Violencia explícita.

Cartel publicitario de la campaña de Duncan Quinn.
Cartel publicitario de la campaña de Duncan Quinn.
Cartel publicitario de la campaña de Jimm Choo.
Cartel publicitario de la campaña de Jimm Choo.

A la vista de carteles como los que entonces difundieron marcas como Jimmi Choo o Duncan Quinn, donde las mujeres ya no estaban exactamente de adorno, sino exactamente muertas, nadie en su sano juicio dudaría de que ahí late un alarde de violencia severa contra nosotras. Una forma, además, de lucrarse con los feminicidios. Pensé en ellos cuando vi la polémica campaña de la Xunta de Galiza a la que aludía Montero en su discurso de este miércoles. "No debería pasar, pero pasa", reza el Gobierno gallego ante una mujer que corre con ropa de deporte. Y como pasa, y tú lo sabes, porque además acabamos de advertirte, atente a las consecuencias. Tú eres a la vez víctima y culpable. No hay ahí nada ni nadie más que la mujer. Eso, víctima y culpable.

Cartel de la campaña de la Xunta de Galicia.
Cartel de la campaña de la Xunta de Galicia.

De algo tan simple como todo lo anterior trata la Cultura de la violación. Pero también trata de la ignorancia. De cómo la presidenta del Congreso representa, simbólicamente, a quienes aún no saben leer. La Cultura de la violación es que Meritxell Batet impida hablar de Cultura de la violación, sencillamente porque no sabe lo que es. Si supiera lo que significa, si conociera su uso habitual por organismos internacionales como la ONU, si hubiera al menos oído hablar de una parte de la inmensa literatura existente al respecto, no habría expresado su rechazo a tal término. 

Qué cansancio, qué desaliento, qué nivel de ignorancia. Una no espera que nadie entre las filas del PP, cuánto menos de Vox, maneje los términos más básicos del feminismo y la lucha contra la violencia machista. Sin embargo, sería deseable que las y los miembros de las izquierdas, incluso del PSOE, estuvieran, si no familiarizados con ellos, al menos al tanto de que existen, y de que sobre esas reflexiones, avances teóricos, estudios internacionales, podríamos estar construyendo un espacio algo más alejado de la omnipresente Cultura de la violación. Desde luego, así no, sra. Batet.