Opinion · Posos de anarquía

Menos Bridget Jones y más Harry Brown

Londres es El diario de Bridget Jones, Notting Hill  y Match Point. Pero Londres también es Riff-Raff, Naked y Harry Brown… y queda algo de This is England. Mientras las primeras tres retratan el Londres más cool y fueron taquilleras, el resto, que retrata el Londres más marginal, prácticamente quedó reducido a la categoría de cine de autor, con todo el tinte de minoritario que lamentablemente tiene. En la vida real, más allá del celuloide, sucede lo mismo. Nos dejamos enganchar por las producciones taquilleras y nos exponemos poco a las bofetadas de realidad.

Este fin de semana Tottenham, al norte de la capital inglesa, ha ardido. Literalmente. La chispa que ha hecho saltar todo por los aires ha sido la muerte del joven negro Mark Duggan y las comparaciones con el Tottenham de 1985 no han tardado en hacer acto de presencia. Aquellas revueltas de Broadwater Farm, cuyo detonante fue una muerte, la de Cynthia Jarret -también negra-, que murió de un derrame cerebral después de que la policía registrara su casa. Como ha sucedido ahora, entonces las revueltas también se extendieron a Brixton, donde fueron noticia los disparos de la policía contra la jamaicana Cherry Groce, dejando a su hijo Michael parapléjico.

La situación del Tottenham de 2011 dista de la de los años 80, tanto en tasa de criminalidad como de desempleo pero, a pesar de ello, sigue siendo una zona deprimida económica y socialmente que sufre el mayor índice de paro de la ciudad. La economía de Reino Unido disfruta de mejor salud que muchos de sus vecinos europeos pero sus medidas preventivas siguiendo la máxima de ‘cuando las barbas del vecino veas cortar’ han impactado de pleno en la clase obrara. ¿Se han preguntado por qué no hay revueltas -ni se esperan- en zonas como Richmond, por ejemplo?

Y es que la imagen del Londres multicultural y cosmopolita tiene muchos claroscuros. Basta vivir una temporada en la ciudad para darse cuenta de ello. Cuando uno camina por Londres como turista se cree paseando de la mano de Julia Roberts por Notting Hill o de Renée Zellweger por el Soho. Pero después de vivir una temporada en la ciudad, uno ya no ve sólo sus partes más brillantes, también las más oscuras: donde antes percibía tolerancia ahora identifica dosis de indiferencia, donde antes valoraba la integración ahora detecta segregación. Y el mapa de la ciudad, entonces, aparece con puntos negros, con barrios donde las pandillas siguen haciéndose valer, donde no es aconsejable pasear cuando cae la noche… y en Londres, hay mucha noche.

¿Es diferente Londres de otras ciudades europeas? Seguramente no. No más que un Berlín, por ejemplo, que también se ensalza como paraíso de la multiculturalidad o de un Madrid, que vende Lavapiés como crisol de culturas pero éstas, en realidad, apenas sí traspasan sus silos estancos. Queda mucho camino por recorrer y para hacerlo Notting Hill y Bridget Jones no parecen el mejor equipaje. Merece la pena echar un vistazo a la otra cara de la moneda, aunque parezca que vamos a contracorriente.