Posos de anarquía

Esto no es democracia

De nuevo toca hablar de España, a pesar de que este blog aborda política internacional, pero es que hoy, como ayer, nuestro país está en toda la prensa internacional. No lo está, a pesar de que parece ser lo que desearían miembros destacados de la CEOE, del Gobierno y del PP, por los graves incidentes de Barcelona, sino por el ultimátum lanzado por la ciudadanía al Gobierno de Rajoy. A una huelga parcial o sectorial, como prefieran ustedes -sea como fuere, con un seguimiento superior a los dos anteriores de 2002 y 2010- le siguieron manifestaciones masivas por las principales ciudades de España, un clamor popular al que el Ejecutivo ya ha manifestado por boca de su presidente que ninguneará.

Hoy se aprueban los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que, según la mayoría de expertos, incorporarán los mayores recortes en la historia de nuestra democracia. Se equivocan; es cierto que aplicarán los mayores recortes, pero no de la democracia porque no es eso lo que tenemos en nuestro país. Las dos definiciones que de la RAE al respecto son "Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el
gobierno""Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado", y ninguna de ellas se ajusta a la realidad actual. Tanto es así que un derecho constitucional como es el de la huelga, tan importante o más que el propio acto de votar, ha sido calificado de "ilegal" por una de las personas más poderosas del PP: Esperanza Aguirre. Nadie del Gobierno la ha llamado al orden por ello.

Europa calla, asiente y aplaude este comportamiento del Ejecutivo español; incluso hoy mismo, el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, ha asegurado en el Eurogrupo informal de Copenhague que "España va a dejar de ser un problema especialmente para los españoles y también para la propia Unión" tras los PGE de hoy. Sólo con un cargo público como Aguirre declarando ilegal una huelga general deberíamos ser el mayor problema de Europa, pero no lo somos y, precisamente por eso, la Unión Europea, rendida al capital, ha dejado de tener sentido y legitimidad -si alguna vez lo tuvo-. Eso sí que es "violencia estructural", terminología marxista que en boca de Gallardón se vicia en forma y fondo.

Por todo ello, hoy más que nunca, los antisistemas son imprescindibles. La derecha y todos aquellos instalados cómodamente en el actual sistema -la élite- buscarán por todos los medios identificar 'antisistema' con 'violencia'. Y tienen toda la razón, pero no será violencia física, sino una intensidad extraordinaria. Y es comprensible -que no justificable- que esa élite quiere difundir miedo contra los antisistema, porque ellos mismos tienen miedo, se sienten amenazados en su status quo. Y no les sobran motivos para ello.