Posos de anarquía

La ceguera histórica de Marruecos

Marruecos no defrauda nunca: constantemente sorprende... o, precisamente por eso, defrauda siempre. El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación marroquí, Saaddine el Otmani, ha lanzado hoy a España una invitación para abrir un diálogo "sereno y responsable" sobre la utilización de armas químicas por parte de las fuerzas españolas durante la Guerra del Rif (1911-27).

El Otmani ha llegado a hablar del imperativo de España de asumir "la responsabilidad del ocupante" en esta cuestión. ¿Debería llevarse a cabo este debate? No veo por qué no pero, puestos a mirar al pasado y a asumir responsabilidades, ¿por qué no hacer lo mismo con el Sáhara Occidental? ¿Por qué no retroceder años atrás y deshacer el entuerto que ni la ONU es capaz de resolver, evidenciando una vez más sus carencias congénitas?

Mohamed VI sufre con demasiada frecuencia de ceguera histórica, la misma que se ha extendido a lo largo de los años en Occidente. Hoy mismo lo dice mi querido Gervasio Sánchez en una entrevista para Aministía Internacional: "El mundo está lleno de gobernantes hipócritas a los que hay que quitar la careta". Y qué razón tiene. Por ese motivo, del mismo modo que España ha de asumir su papel de fabricante de muerte -con un ministro de Defensa que aportó su granito de arena-, Marruecos ha de plegarse a lo prometido un día, cuando se vio acorralado por el Frente Polisario en una guerra que ni en sus peores sueños pensó que se le volvería tan en contra, y aceptar la celebración de un referéndum por la autodeterminación del pueblo saharaui.

En pocas palabras: si mira al pasado para hacer Justicia, lo honesto es no dejarse cosas por el camino y mucho menos una invasión que incumple los principios más esenciales del Derecho Internacional.