Posos de anarquía

El Estado de Bienestar y las pancartas

El discurso del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, durante el debate del estado de la región no fue en absolunto decepcionante. Patético y grotesco sí, decepcionante no, porque precisamente es lo que se esperaba de él. Lo mismo sucede con las declaraciones de Juan Rosell sobre las rebajas salariales: nadie espera un mínimo de decencia, si quiera humanidad, del presidente de la CEOE.

Sin embargo, hubo una frase de González que llamó mi atención, precisamente, por lo desacertada de la misma: "El Estado de Bienestar no se defiende con pancartas". Lo dice quien se ha encontrado literalmente contra las cuerdas gracias a la Marea Blanca, el colectivo que salió a las calles, que sacrificó su sueldo, incluso a sus familias por mantener uno de los pilares fundamentales que sostienen ese Estado de Bienestar: una Sanidad pública, gratuita y de calidad... la misma que González quiso privatizar.

Para el presidente no electo de la Comunidad de Madrid -lo puso Esperanza Aguirre a dedo- las pancartas no sirven para defender el Estado de Bienestar pero sí para marcar a indeseables porque, de acuerdo con su esclerótica moral, quienes protestan en la calle lo tienen crudo. Por eso mismo, quizás, él ha sido uno de los promotores de restringir el derecho de huelga y manifestación y, en espera de que el PP mueva ficha en ese sentido, ha tomado represalias contra la Marea Blanca.

La Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (AMYTS) ha denunciado recortes de sueldos en los centros que más impulsaron la Marea Blanca, así como arbitrariedades en el modo en que unos 5.000 eventuales pasan a ser interinos. El presidente no electo ha llegado tan lejos que, incluso, se han denunciado públicamente despidos de cabecillas de la Marea Blanca.

¿Por qué tanto odio hacia este colectivo que, en realidad, es el que sustenta la que para González es "la mejor Sanidad de toda España"? Una Sanidad tan buena, por cierto, que el Gobierno de González ha regalado 15 millones de euros a diversas mutuas laborales y compañías de seguros que derivaban a sus clientes a la Sanidad Pública para recibir tratamientos gratis durante los tres últimos años.

Supongo que esa inquina de González hacia la Marea Blanca viene porque gracias a ella, la privatización de esa Sanidad tan buena se paralizó por la vía judicial, parando en seco la externalización de los hospitales Infanta Sofía, Infanta Cristina, Infanta Leonor, del Sureste, del Henares y del Tajo. Fue tarde para otros, como el Carlos III, cuya importancia y necesidad dejó en ridículo a González con la llegada del ébola a Madrid. Antes de este varapalo, el delfín de Aguirre ya había encajado otro directo de la Justicia, cuando el Tribunal Constitucional anuló el euro por receta, aunque en aquella ocasión, a González sí le dió tiempo a estafar unos cuantos millones a los pobres madrileños, entre ellos muchos pensionistas.

La desfachatez de González sólo está al nivel de su neoliberalismo, admitiendo abiertamente en el debate del estado de la región que pensaba regalar "la mejor Sanidad de España" a sus amiguetes de los privado. Mal que le pese al todavía presidente no electo de Madrid, las pancartas seguirán defendiendo el Estado de Bienestar porque a pesar de las victorias logradas -que son sus fracasos, como Eurovegas o la privatización del Canal de Isabel II-, quedan muchas batallas por ganar en ámbitos tan cruciales como la Educación, donde el popular también ha introducido su espíritu elitista.

Quién sabe, quizás el que ayer se retrató como un presidente triunfalista aunque en realidad arrastra clamorosos fracasos (=victorias de la ciudadanía) ya está tachando los días para retirarse a un ático de Estepona.