Opinión · Posos de anarquía

Los gastos de los diputados con ojos de ciudadano

Hoy se da luz verde a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) y ello, unido a la polémica del descontrol que hay de las dietas de sus señorías parlamentarias, me ha dado pie para confrontar algunos datos. A decir verdad, no puedo decir que me sorprendiera que el presidente de la Cámara Baja, Jesús Posada, se negara a controlar los gastos de los diputados: a fin de cuentas, parte de su sueldo anual de 192.000 euros viene por pluses de representación de 3.328 euros mensuales.

¡Ay, la vida austera de nuestros diputados!, que además de disponer de un sueldo mensual de 2.814 euros al mes, más dietas varias (incluidos 3.000 euros anuales en taxis o barra libre de vuelos Business sin justificar gracias a un acuerdo con Iberia), tienen incluido su iPad, su iPhone, su ADSL en casa… Tampoco choca que el portavoz popular, Alfonso Alonso, rechazara el control alegando que “esto no es un colegio y los diputados ya son mayorcitos”; él lo es y mucho para saber cómo gastar los 1.741 euros que recibe al mes como gastos de representación.

Las cifras así sueltas, suenan a mucho, pero todavía son más escandalosas cuando las contrastamos con nuestra realidad. Así, vemos que aun tomando la media de sueldos en España (23.600 euros) -aunque tres cuartas partes no superan los 1.300 euros/mes)- los diputados ganan 1,7 veces más sólo contando sueldo base.

Miremos ahora a nuestros universitarios, tan castigados por la subida de tasas y la reducción drástica de becas. La beca máxima que puede conseguir un estudiante es de 1.500 euros al mes, que es un 21,6% menos que las dietas que recibe un diputado si viene de fuera de Madrid (1.823,86 euros/mes)… tenga o no casa en Madrid, como es el caso de muchos. “Hombre, pero que es que viene de fuera”, pensarán.. y el estudiante, con la diferencia de que la renta máxima para acceder a esa beca completa no llega siquiera a los 15.000 euros anuales, que es casi tres veces menos de lo que gana un diputado de sueldo base, sin contar sus otras prebendas. Fíjense cómo será la cosa que un diputado, aunque viva en Madrid, recibe una dieta mensual exenta de tributar de 870,56 euros, que es un 35% más que el salario mínimo interprofesional (645,30 euros).

En este maremágnum de cifras y recordando la polémica de los gin tonic subvencionados en el Congreso a 3,45 euros, me dió por mirar cuánto les cuesta a sus señorías comer en el Congreso. Me topé con que las diferencias con los precios a pie de calle son abismales, de hecho, en líneas generales son muy parecidos a los que podemos encontrar en una universidad como la Complutense de Madrid… con la diferencia de que el estudiante no tiene ingresos y, en el peor de los casos, puede pertenecer a esas casi 800.000 familias que no reciben ningún tipo de prestación y tienen a todos sus miembros en paro (de los 1,8 millones de hogares que están así).

De esta manera, en la generosa carta con que cuentan los diputados no solo encontramos variedad, sino también buenos precios, pudiendo disfrutar de un desayuno con café, leche, infusión o chocolate, acompañado por una tostada o barrita a la plancha (con mantequilla o mermelada) o tortel, croissant, suizo, ensaimada o 4 churros y 3 porras por 1,05 euros. Algo que en la Universidad, de hecho, puede costar 1,30 euros y en cualquier bar de barrio 2,70 euros. Cañas a 0,95 euros (en calle 1,30 euros), un plato combinado a 7  euros (8,50 euros en un bar) o una ración de pulpo a la gallega por 9,75 euros (en bar, 12,50 euros) son algunas de las otras delicias que pueden disfrutar sus señorías sin rascarse demasiado el bolsillo, sin contar su vermouth para el aperitivo a 1,45 euros (1,85 euros en bar).

No lo entendimos nunca:  tan orgullosos que estábamos de nuestra dieta mediterránea que sus señorías tan solo pretenden convertirse en sus embajadores… aunque esta ronda, como las demás, siempre la paguemos nosotros.