Posos de anarquía

La unidad de los pueblos del Sur como génesis de la refundación europea

Ayer toda Europa vivió un día histórico: con el 100% de los votos escrutados, el NO a las medidas de la Troika se impuso en Grecia por más de 22 puntos de diferencia (61,31% frente a 38,69%). Las políticas del miedo no fueron capaces de amedrentar al pueblo griego, que recuperó su soberanía popular. Algo que figura en las constituciones de los diferentes países de la Unión Europea (UE) se convirtió, sorprendentemente, en algo extraordinario.

Ha sido realmente descorazonador ver durante toda esta semana cómo la UE está gobernada en su mayoría por antidemócratas, desde Rajoy a Merkel, pasando por Hollande o Renzi. Da igual que se llamen de izquierdas o de derechas, todos ellos han abrazado el neoliberalismo y, al hacerlo, han demostrado que para ellos la democracia no es más que un instrumento prescindible si interfiere en sus propósitos.

Anoche y después de haber estado toda la semana boicoteando el referéndum, fue lamentable escuchar al presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, sugerir que, aunque fuera democrático el resultado de la consulta griega, también lo era el modo en que los 18 países del Eurogrupo habían puesto contra las cuerdas a Grecia. Ningún pueblo de esos 18 países ha votado a sus gobernantes para hacer sufrir tanto a un pueblo, para que los bancos franceses y alemanes pongan la soga al cuello de la ciudadanía griega.

¿Qué resultado obtendríamos si se convocaran referendums en esos 18 países del Eurogrupo para ver si se otorga o no una quita de deuda a Grecia? A fin de cuentas, ¿no somos el resto de ciudadanos europeos los verdaderos acreedores, según nos venden nuestros propios gobernantes? Nunca sabremos que pasaría si se produjera esa consulta, porque nuestros dirigentes han secuestrado la democracia.

¿Se ha equivocado el pueblo griego? Lo veremos a partir de ahora, pero lo realmente importante era que ese pueblo tenía el derecho a equivocarse; ese pueblo tenía el derecho de poder decidir sobre unas medidas tan determinantes para su futuro. A diferencia de un presidente como Rajoy, por ejemplo, Tsipras tenía más fácil no haber consultado, porque ya en su programa y campaña electoral dejó clara su postura respecto a la Troika, luego tenía la legitimidad del pueblo griego para haber actuado según esa línea ya marcada y, con todo, ha querido contar con un segundo apoyo mayoritario de sus compatriotas.

Mientras, en países como España, veíamos a ex presidentes como Aznar calificaban de "extorsión" al referéndum o cómo de manera torticera el propio Rajoy avanzaba que si ganaba el NO, Grecia debería salir del euro. Qué triste y nauseabundo ha resultado constatar cómo nuestro presidente del Gobierno se sumaba al resto de dirigentes europeos en esa política del miedo, en utilizar el corralito como arma intimidatoria, en mentir planteando el referédum en términos de salida del euro, cuando en todo momento, tanto Tsipras como Varufakis, han subrayado su deseo de mantenerse en el euro. Grecia jamás ha planteado que quiera salir del euro, ni lo hizo Syriza en campaña ni lo ha hecho ya desde el poder.

Qué lamentable escuchar a noche a socialistas como Trinidad Jiménez decir que "Tsipras no se ha enterado de cómo funciona Europa". Qué triste ver cómo es ella la que no ha comprendido lo que realmente ha sucedido: Claro que Tsipras sabe cómo funciona ese club neoliberal y, precisamente lo que quiere, apoyado por la mayoría de su ciudadanía, es cambiar esa forma, ajustar su funcionamiento práctico a lo que aparece en el planteamiento sobre el papel.

Todos estos partidos políticos (PP, PSOE, Ciudadanos...) que han apoyado las medidas de la Troika con Grecia y han criticado el referéndum, todos los ciudadanos españoles que también lo han hecho deberían recapacitar sobre un hecho: la deuda de España ya ronda el 100% del PIB y no bajará de ese porcentaje hasta 2018 (además un déficit público que ese año superará las previsiones del Gobierno alcanzando el 4,5% de la riqueza nacional). ¿Quiénes son nuestros acredores? Pues en más de un 55% inversores extranjeros o, lo que es lo mismo, debemos más de 400.000 millones de euros en letras, bonos y obligaciones del Estado a acreedores no residentes en España. Los bancos españoles, por su parte, acaparana algo más de 182.300 millones de euros (21,81%).

El día que estos acreedores presionen aún más para recuperar su dinero no dudarán en tensar la cuerda tanto o más como lo han hecho en Grecia, acrecentando la miseria del pueblo español del mismo modo que ha sucedido con el griego. ¿Defenderán todos estos (políticos y ciudadanos españoles) también entonces a la Troika como lo hacían ayer criticando el referéndum griego? Seguramente no. Qué hipocresía, ¿verdad?

Luchemos, pues, por una unidad de los pueblos del sur de Europa como génesis de la refundación de la Unión Europea, como la regeneración democrática que tanto necesita Europa, ahora tomada por la dictadura neoliberal.