Posos de anarquía

Un Gobierno decente... y el nuestro no lo es

La ONU vuelve a suspender a España en materia de derechos civiles y políticos. Ya está. Punto. El titular es tan contundente que no precisa de matización alguna. A pesar de ello y si son de los pocos que no han padecido la vulneración de sus derechos les recomiendo su lectura para que despierten de su ensoñación porque, quizás, no es que sus libertades civiles no hayan sido pisoteadas sino que, bajo esta pátina democrática, llevan tanto tiempo siéndolo que ya lo han asumido como algo natural. Con este nuevo informe de la ONU:

Un Gobierno decente pediría perdón a la ciudadanía públicamente por haberle fallado, por no haber corregido las deficiencias en materia de derechos civiles y políticos en nada menos que siete años.

Un Gobierno decente tendría a la cabeza un presidente que, en lugar de sacar pecho porque somos campeones en la creación de empleo precario, comparecería ante el Congreso de los Diputados para dar explicaciones de por qué seguimos siendo un país en el que las denuncias por torturas policiales se amontonan, en el que el empleo excesivo de la fuerza es mucho más frecuente de lo que debería.

Un Gobierno decente no habría promulgado una ley que, en lugar de corregir esos abusos, los encubre, les da carta blanca e impide, incluso a la prensa, difundir las pruebas de la cantidad de 'colgados' reclutados en las filas de los antidisturbios, que empañan la buena labor de quienes ejercen su trabajo con responsabilidad.

Un Gobierno decente no obviaría que las Naciones Unidas le acusa de utilizar perfiles étnicos en las órdenes policiales, que favorece la discriminación y que, en todo lo que tiene que ver con inmigración muestra una actitud más propia de una país racista y xenófobo que de uno con un mínimo de moralidad.

Un Gobierno decente no podría encajar con tanta indiferencia que la ONU le advierta de su laxitud en la lucha contra la desigualdad de género y contra la violencia machista, que en pleno siglo XXI tenga que tirarle de las orejas por sus políticas emprendidas en materia de servicios de salud reproductiva.

Un Gobierno decente, que gastó más de un millón de euros en su campaña para entrar en el Consejo de Seguridad de la ONU, prestaría más atención a este organismo internacional, pues si es importante para una cosa lo es para la otra.

Un Gobierno decente, viendo la cantidad de deficiencias que padece España en lo que a respeto y protección de los derechos civiles y políticos se refiere, emprendería urgentemente un Plan de Choque para resolverlo, dejando a un lado intereses partidistas por unas Elecciones Generales a la vuelta de la esquina.

Un Gobierno decente... en fin... el de España no lo es.