Opinion · Posos de anarquía

Lecciones de vida con José Manuel Soto

Admito que llevo días sorprendido con la repercusión que tienen en las redes sociales las opiniones de José Manuel Soto, el que hasta hace poco era una gran desconocido para mí, más allá de ser aquel artista de canción ligera que con 20 años ya aparentaba 50. Sin embargo, como uno tiene curiosidad, he querido profundizar en su conocimiento, no quedarme en la superficialidad de una polémica suscitada por su revelador tuit acerca de cómo la maléfica izquierda quiere acabar con España.
La primera lección de vida que uno aprende cuando sigue a Soto es que ama a España, pero no cualquier España, la de verdad, la feliz. Así, el cantante que nació en plena dictadura franquista, no duda en recordar cómo “nací en el 61, soy el cuarto de nueve hermanos, fui a varios colegios de curas, jamás me pegaron ni sufrí abusos de ningún tipo, éramos felices jugando al fútbol 20 contra 20 en un campo de albero con un balón de goma, no crean todo lo que les cuentan, era una España sencilla y feliz. Y olé.


No me sorprende que ande de un tiempo para acá tan revuelto con la ultraizquierda, puesto que para Soto “la extrema derecha en España no existe”. Lo ha repetido en Twitter hasta la saciedad y no se nos mete en la cabeza que la panda de franquistas -que para él, tampoco hay- que estos días anda lloriqueando porque se sacará a la momia del Valle de los Caídos son unos demócratas de tomo y lomo. Como Fraga, del que Soto indica que “fue ministro de Franco y ayudó a democratizar el país desde dentro”. Claro que sí, hombre, que su Ley de Prensa del 66 fue una oda a la libertad.


Si lo dijera otra persona, quizás dudaría. Otra persona educada, tal vez, como yo, cuando “los sucesivos gobiernos socialistas de 1982 a 1996 adoptaron la mala costumbre de no exigir nota ni presionar a los estudiantes para ir pasando de curso, huyendo quizá de la costumbre educativa franquista que fue siempre mucho mas exigente.


Él, con los curas y la exigencia del sistema franquista en su haber, es mucho más de fiar en todo cuanto respecta a nuestro país y su historia. Dónde va a parar. Cómo sabe él las bondades que llevó España al Nuevo Mundo y cómo no esquilmamos a sus gentes y sus recursos ni una pizquita. Por eso, este hombre de bien se emociona con las series que recuerdan a los Reyes Católicos, artífices para él de la unidad de España, o con el apóstol Santiago, ya saben, conocido también como ‘Santiago Matamoros’. Un crack, el Soto.


Cualquiera que leyera hasta aquí pensaría que Soto vive anclado en el pasado, en los tiempos de gloria de esta España nuestra a la que canta con su inolvidable ‘Soy español’ (los vellos como escarpias, tú). Nada más lejos de la realidad. Soto es un hombre de su tiempo, capaz de aplaudir a la vez a Arrimadas y a Rajoy, del que afirma que es un “hombre sensato, amable, honesto y trabajador incansable, no le pido mucho más a un gobernante, mi gratitud la tendrá siempre por sacar a España del agujero y plantar cara a los que quieren destruirla”. Un incomprendido, vaya, como también lo fue Aznar, al que “no le perdonan que fuera inflexible con el terrorismo, que creara 5 millones de empleos y que España se convirtiera en un país influyente”. Atajo de ingratos.


Seguir a José Manuel Soto es amar a España, valorarla como el mejor país del mundo, porque “quien odia a España odia a un país que llenó el mundo de ciudades hermosas, bellas catedrales, páginas irrepetibles, arte, sabiduría, cultura…”. Si no fuera un gran país, ¿a santo de qué se nos iba a llenar de rumanos?


Así que amemos España; como dice el maestro Soto no hagamos “creer a las nuevas generaciones que en España solo hubo un bando que mataba y otro que moría, cuando lo cierto es que ambos mataron y murieron por igual, dejad de manipular la historia”. Hombre, por favor, cuando todo el mundo sabe a estas alturas, además, que “en 1977 hubo elecciones libres a las que concurrieron gentes que habían hecho la guerra en ambos bandos. Hubo una gran reconciliación”, como bien explica el artista en Twitter.
Dejemos de una vez por todas de enfrentarnos, de crear siempre dos bandos, sea de lo que sea, como en la cuestión de igualdad donde, como dice él, “ni machismo ni feminismo”. ¡Que queréis romper España como sea, insensat@s desagradecid@s!


Amaos un@s a otr@s, con ese romanticismo, esa sutileza que el propio Soto plasma en cada una de sus canciones y dejaós ya de pamplinas:

Yo no puedo abrazarte
Yo no puedo mirarte
Yo no puedo quererte
Ni sentirte mía
Mía nada más
Mía nada más

Y esa maldita pared
Que separa tu vida y la mía
Esa maldita pared
Que no deja que nos acerquemos
Esa maldita pared
Que yo la voy a romper cualquier día
Tú lo verás mi querer
Tú volverás ese día