Opinion · Posos de anarquía

Abuso a menores: Dolor imprescriptible, delito imprescriptible

Tras la reunión de ayer de la vicepresidenta del Gobierno con el número dos del Vaticano, conocimos que la Administración Sánchez trabaja para que los delitos de abusos a menores no prescriban jamás. Se trata de una medida tan tardía como necesaria que, sorprendentemente, ningún Gobierno previo ha tenido el coraje de tomar, a pesar de que no aplica retroactividad.

Las víctimas de abusos a menores lo son de por vida. ¿Por qué habría de prescribir el delito? Cuando se viola a  un niño o una niña, sea en el grado que sea, todo cambia. Se puede superar, pero todo cambia: el modo en que uno mira a quienes ostentan el mismo cargo o juegan el mismo rol que quien abusó de ell@s, la manera en la que se vive la sexualidad, los gestos de cariño hacia un/a pequeñ@… Todo.

Ser víctima de abusos sexuales cuando se es niñ@ deja una huella imborrable, una herida que jamás termina de cerrar, que se abre periódicamente, lacerando el amor propio, engulliendo a la persona en las fauces de la inseguridad, creando real o artificialmente la incapacidad de amar. No sorprende, pues, que buena parte de las denuncias de abusos sexuales a menores no se realicen hasta que la víctima no alcanza los 30, 40 o, incluso 50 años.

Se trata de una carrera de fondo que, además, jamás se puede realizar en solitario. Diría que es imposible cerrar esa herida sin ayuda, sin la compañía de quien te quiere, de quien no te juzga, de quien te apoya incondicionalmente; sólo así se puede ser capaz de mirar de vez en cuando la cicatriz sin temor a que se abra, aunque sintiendo esa punzada sorda, ese dolor fantasma como el de un amputado porque, en el fondo, algo en el interior fue mutilado cuando se era pequeñ@.

Por todo ello, ese tipo de delitos han de ser imprescriptibles, porque incluso aunque el abusador/a haya normalizado su vida, haya abandonado esas prácticas del horror, haya fundado una familia ajena al monstruo que fue, ha de ser juzgad@. Las personas que destrozan la infancia de un/a menor, la vida entera de un/a inocente, no pueden vivir ajenas al dolor que produjeron, no pueden continuar con su vida feliz sin saber el infierno que padecen sus víctimas, así pasen 20, 50 o 100 años. Violar a un/a menor, no es robar una gallina. Han de ser juzgad@s, siempre.

Así pues, el Gobierno dio un paso muy importante ayer; quiero pensar que no quedará en mero ruido. Cosa bien distinta es que cometiera el error de anunciarlo antes al Vaticano que a las víctimas. Diría más: a pesar de que el número de curas acusados de abusos es tan grande que debería hacer vomitar a la persona más devot@ en lugar de mirar a otro lado, las víctimas de estos delitos no lo son únicamente a manos de clérigos. Haberlo encuadrado en este ámbito, también ha sido otro error del Gobierno, por mucho golpe de efecto que haya querido buscar.