Opinion · Posos de anarquía

Brasil llorará como llora Argentina

 

Bolsonaro, nuevo presidente de Brasil | Ricardo Moraes / Reuters

Bolsonaro se ha impuesto en las elecciones de Brasil como en su día lo hizo Trump en EEUU: con un discurso de odio, elitista, xenófobo, machista… Nadie se lo tomaba en serio hasta que todo se volvió demasiado serio para bromas. Y entonces, fue tarde. Malos tiempos para Brasil.

A finales de 2015, el pueblo argentino votó al neoliberal Mauricio Macri y hoy llora desconsoladamente, con las calles y portales convertidos en hogar para una ingente cantidad de personas. Tres años le han bastado a Macri para sumir a Argentina en la miseria mientras su patrimonio y el de quienes mueven sus hilos se encuentra a buen recaudo en dólares, lejos de la depreciación del tipo de cambio o de las imposiciones del FMI, que aún tiene sangre seca ensus fauces tras las escabechina de austeridad europea. Lloran, lloran l@s herman@s argentin@s, incluso quienes votaron al neoliberal, porque saben que los tijeretazos que se avecinan aún traerán más hambre y pobredumbre.

Brasil llorará también y sí, también ese electorado blanco que se ha dejado encandilar por los cantos de sirena de Bolsonaro, esa clase media que nunca quiso enterararse de que una democracia moderna real es un sistema solidario, en el que los estratos más bajos de la sociedad han de ser los primeros beneficiaros de la bonanza, en el que el reparto de la riqueza es la quintaesencia del bienestar.

Bolsonaro ha inoculado en ese veneno del ‘qué hay de lo mío’ y la izquierda destruyó el antídoto con una gestión política negligente salpicada por la corrupción. Así las cosas, el ultraderechista ha sacado partido al racismo, el machismo y la violencia como máximos valores de sus programa. Como ha sucedido en otros países, el odio y la rabia se han impuesto a la cordura y la reflexión. Nada bueno se avista en el horizonte de un Brasil que puede sumergirse en una oleada de sangre sin precedentes.

Si algo ha demostrado este país en los últimos años es su capacidad de movilización de las personas para reclamar, luchar por lo que considera justo. ¿Cómo reprimirán Bolsonaro y su gabinete militar estas manifestaciones pacíficas? ¿Los aplastará antes incluso de que puedan alzar la mano? ¿Qué será de los millones de personas pobres en Brasil, de las mujeres, l@s homosexuales, l@s negr@s? ¿Qué será de Brasil?

Bolsonaro no ha salido de la nada; lleva años y años ahí, tratando de dar el zarpazo que al fin dio anoche con ese 55% de los votos. Parecía que no llegaría nunca, como el pueblo argentino creyó por un momento que no volvería a entregar el país a los mercados. Se equivocaron ambos y es un aviso para quienes todavía andan confiados con el avance de la ultraderecha. No la subestimen, tampoco la teman, porque  hay valores de sobra para mantener el cordón sanitario que hasta ahora no ha logrado romper, pero esos valores sufrirán fatiga de materiales si no se nutren día a día. En suma, no den nada por hecho.