Opinion · Posos de anarquía

Andalucía: Mayoría absoluta de quienes no votaron a nadie

Recogen papeletas de una de las urnas. EFE/Carlos Barba

El resultado de las elecciones en Andalucía no sólo es desesperanzador por el ascenso de la derecha y la extremaderecha, sino por lo poco que parece importarles a los andaluces y las andaluzas quiénes rigen el destino de su Comunidad. Más de 4 de cada 10 personas prefirieron ayer estar de cañas al sol, sentad@s en sus poltronas o importándoles un carajo quién gestionará su Sanidad, su Educación, sus Servicios Sociales, su modelo productivo… Pues bien, ahora,  durante cuatro años, serán ellos quienes le importen un carajo a los que llevarán las riendas de Andalucía.

El nivel de los partidos políticos es pobre. Lo es cuando en sus primeras valoraciones no ponen el énfasis mayor en cómo más de 2,7 millones de personas de un total de 6,4 no votaron a ningún partido. Si calculamos los porcentajes de apoyo real considerando esas cifras, el PSOE no cuenta con un 27,95% de apoyos, sino de un 15,7%. Ciudadanos, que tantas ansias tiene de hacerse con el poder, 10,2% y la amenaza de Vox, 6%.

Estaría muy bien que todos los partidos hicieran una autocrítica, no sólo por qué la mayor parte de ellos se ha pegado la hostia que se han pegado: PSOE ha perdido más de 400.000 votos; la pérdida de votos del PP, a pesar de su júbilo, supera los 316.000 votos; Adelante Andalucía, casi 280.000 votos… También sería muy positivo que asumieran la responsabilidad que les toca en una abstención tan elevada…

Sin embargo, hay que poner también el énfasis en esas 2,6 millones de personas que ni siquiera votaron. Si pobre fue la participación en 2015, más pobre lo ha sido esta vez, a pesar de la amenaza de la extremaderecha (que, como nos ha enseñado Pablo Casado, no sólo viene por Vox). Esas personas también tienen una cuota de responsabilidad en el ascenso de la derecha y la extremaderecha en las instituciones, que no les quepa la menor duda.

Susana Díaz, que no ha perdido un ápice de soberbia a pesar de su descalabro histórico, puede esgrimir ahora la bandera constitucionalista para establecer un cordón sanitario a Vox en el Parlamento andaluz, pero lo que no puede esperar es que sea ella quien gobierne. La Andalucía que ha votado lo ha dejado claro: es de derechas. Así que si quiere ese cordón, tendrá que dejar vía libre al gobierno de Juanma Moreno y, como lo llama el propio PP, “una coalición de perdedores”.

Por su parte, Albert Rivera ha vuelto a demostrar la facilidad que tiene para que le patine la neurona: ¿De veras, por mucho que haya crecido en votos, cree que merece gobernar si sobre el total del censo sólo representa al 10,25%? El mismo partido que no hace ascos al apoyo de la extremaderecha, casi nada. Un partido que ni siquiera permite la entrada de la prensa a su sede en una noche electoral

Adelante Andalucía ha fracasado. No sólo no ha conseguido movilizar el voto sino que tampoco ha pescado en la sangría de 400.000 votos del PSOE. Inasequibles al desaliento, no deberían cambiar su discurso y, como le escuché en una ocasión a Antonio Maíllo, sí continuar haciendo pedagogía, seguir informando para que el discurso tenga más calado en la ciudadanía que el miedo que sus opositores proyectan sobre ellos.

En cuanto a Vox, qué decir… Este mismo fin de semana, un amigo me contaba como un concejal (con cargo en Ayuntamiento con otra formación extinta) presumía en el bar de que el partido de extremaderecha tenía dos diputados por Murcia en estas elecciones andaluzas… imaginen. Lejos de resignarnos al ascenso de la extremaderecha, la gente de bien seguiremos plantando cara, luchando cueste lo que cueste para que no impongan sus ideales fascistoides. Hay una diferenciua crucial entre ser demócrata y utilizar la democracia. Vox es de los segundos.

Confío en que lo sucedido en Andalucía, al menos, sirva para que esos cerca de 11 millones de personas que en las últimas elecciones generales no apoyaron a ningún partido tomen conciencia de que no votando, también votan, que incluso quienes dicen “yo soy apolític@” o “a mí no me importa la política” serán las víctimas de sus propios actos. A partir de hoy, lo sabrán esos cerca de 2,7 millones de votantes andaluces que no tomaron partido, serán sus propias víctimas.