Opinión · Posos de anarquía

El lloriqueo del Pistolas

Vox está de capa caída. Humillados Santiago Abascal y Francisco Serrano por quienes creían que serían sus socios, ahora han sido dados de lado. La situación podrían cambiar de un momento a otro, porque si algo han demostrado tanto PP como Ciudadanos (Cs) es la facilidad que tienen para desdecirse si conviene a sus intereses. Sin embargo, hoy por hoy y tras el acuerdo programático alcanzado entre ambas formaciones, Vox enjuga su lloriqueo con pañuelo rojo y gualda.

Algunos de los puntos del pacto programático de PP y Cs choca frontalmente con los postulados de Vox y, desde luego, con la redistribución de la riqueza que defiende la izquierda. Así las cosas, parece complicado que salgan los números para la investidura, pues no contarían con el voto positivo de PSOE ni de Adelante Andalucía y Vox se mueve en las arenas movedizas de la incógnita.

A pesar de los intentos del PP de blanquear el fascismo de Vox, sus dirigentes han desmentido que se hayan sentado a negociar con la extrema-derecha. Quien mueve los hilos de la negociación, el líder de los populares malagueños y presidente de la Diputación Provincial de Málaga, Elías Bendodo, es un maestro en el arte de renunciar a cualquier principio con tal de acariciar el poder. Él ha sido el artífice en esta provincia de algunos pactos de moción de censura municipales que han prosperado tras vender su alma al diablo, pactando con quienes previamente habían sido llevados a los tribunales, a los que habían acusado de robar, de comprar votos con enchufes… Hechos a los que hizo caso omiso con tal de recuperar las alcaldías. ¿Quién cree que Bendodo no es capaz de clavar rodilla en suelo y plegarse a las demandas de Vox? Obviamente, ésta también tendría que ceder muchas parcelas, pues para eso se trata de una negociación que maneja, además, desde una posición de inferioridad.

Pase lo que pase, a día de hoy, Vox se ha quedado fuera y tendrá que decidir si apoya el pacto del que ha sido excluido y así termina con casi cuatro décadas de PSOE en Andalucía o, por el contrario, marca el camino hacia unas nuevas elecciones. Esta segunda opción es la que, en su pataleta tuitera, dejaba entrever ‘El Pistolas’ Abascal. El número 1 de Voz en Andalucía, Francisco Serrano, se limita a retuitear sin pronunciarse cual buen perrito faldero de su amo.

Anda muy confiado ‘El Pistolas’ con que Vox subiría aún más en una segunda cita electoral, que se aproximaría mucho a las municipales y europeas del año que viene. Podría suceder, no lo niego, pero también abriría la puerta a que la izquierda se rearmara, dejara de centrar todos sus esfuerzos en hablar de un frente antifascista y se pusiera de verdad a construir. Capitalizando ese miedo a la extrema-derecha pero, sobre todo, aportando alternativas sociales que compitan con el populismo facha del Pistolas y su faldero, podría movilizarse a esos 2,6 millones de personas que contribuyeron a esta situación.

En esta partida de ajedrez, hoy Vox es menos que ayer. Ver alterados a Abascal y Serrano no tiene precio, conscientes del hazmerreír en que la propia derecha los ha convertido… y del que la izquierda literalmente se desternilla, eso sí, confío que sin dejar de trabajar para terminar de cortar el paso al facherío desbocado.