Opinión · Posos de anarquía

Quienes rompen personas pero dicen no romper España

PP y Ciudadanos han pasado por el aro de Vox en Andalucía. Cualquiera podía anticiparlo, por mucho que los de Albert Rivera lo negaran. Han pactado. Tocar el poder con las yemas de los dedos bien han creído que lo merecía. PP y Cs, los mismos que ni siquiera quieren dialogar con los que desean, según ellos, romper España, abrazan ahora a quienes rompen literalmente a personas.

Pablo Casado y Albert Rivera deberían sacudirse complejos: reconozcan abiertamente que han pactado con la extremaderecha para poder gobernar en Andalucía tras haber perdido las elecciones. Esa es la única realidad. A partir de ahí, podrán meter todas las matizaciones que les venga en gana, desde que ahora sí es válido un “pacto de perdedores” porque el PP cuando gana en otras Administraciones no gobierna debido a otros pactos, o que Vox tiene detrás el respaldo de 400.000 votantes a los que no se puede ignorar.

Es curioso, cómo esta última lectura no aplica cuando miramos a Catalunya. Allí, PP y Cs no dudan en ignorar a los más de 2 millones de personas que votaron abiertamente por el independentismo. El doble rasero de PP y Cs (en éste último caso, incluso, hablaríamos más de coladero) está en su ADN. Desde estas líneas siempre he mantenido que ambas formaciones no creen en la democracia más que como un mero instrumento para alcanzar sus metas, prescindiendo de ella cuando ya no les sirve.

Eso es, precisamente, lo que han hecho con el pacto con Vox. Por muchos votos que haya acumulado la formación del Pistolas Abascal, su ideario no es modo alguno democrático. Rompe a la personas, las discrimina por su origen, las desprotege ante la violencia machista, las arrincona por su inclinación sexual, las excluye del estado de Bienestar fortaleciendo la Sanidad privada… todo eso es Vox y ese es el partido al que PP y Cs han abrazo, dando entrada a Vox en la mesa del Parlamento andaluz.

Otras formaciones, como es el caso de Adelante Andalucía, han sido más dignas. Desde su derrota, asumida aunque aún preguntándose sus motivos, han sido más coherentes con unos principios democráticos. No se han vendido, convencidas de que pueden tratar de mejorar la vida de quienes vivimos en Andalucía desde la oposición, sin seguir tendiendo una alfombra roja a quienes llegan con postulados más propios del sanguinario Millán Astray que de un verdadero demócrata.