Opinion · Posos de anarquía

Cuando la familia de Almeida pida que se borre su nombre

La misma semana que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha hecho con el dominio www.franco.es para relatar los crímenes del Franquismo (con foto del Borbón junto al dictador), el nuevo alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida (PP), da muestras de su nostalgia por tiempos pretéritos. El regidor intensifica la censura a que nos tiene acostumbrada la derecha.

Los términos de un bochornoso pacto con la extrema-derecha no es lo único que la PP y Ciudadanos han hurtado a la ciudadanía en Madrid; la campaña reivindicativa del Orgullo LGTBI ha sido amputada, eliminando los lemas que recordaban a l@s grandes activistas que conquistaron derechos hacia una igualdad que los sectores más conservadores negaban y siguen negando.

No es lo único contra lo que está arremetiendo la tríada PP-Cs-Vox: además de volver a perjudicar gravemente la salud de l@s madrileñ@s recortando el alcande de Madrid Central, el Consistorio arrasa con la agenda cultural que el equipo de Manuela Carmena había preparado. A la derecha no le importa el grado de colaboración con la ciudadanía que había detrás de ese programa, desde los tangos en Ópera a la emblemática La Gasolinera, el espacio vecinal promotor de cultura.

Los de Almeida y Villacís no sólo censuran sino que, además, lo hacen adoptando una postura cobarde. Por ello han de recurrir a la mentira, a las excusas, en lugar de ir de frente y decirle a la ciudadanía que Vox les ha abierto las puertas del Ayuntamiento para imponer sus doctrinas que, para nuestro dolor, son contrarias a la libertad y los Derechos Humanos (DDHH).

Labores de mantenimiento, exigencia de solicitud de permisos con 40 días cuando antes bastaban 10… todo mentira. La derecha y los neofascistas han pasado, es cierto, y lo han hecho con la misma soberbia con que lo hicieron antaño. Volveremos a plantarle cara, no consentiremos que nos arrebaten a libertad, que pisoteen la cultura y la unión vecinal. Estos partidos han llegado con la mercantilización bajo del brazo, con su acostumbrada inquina ante gestos desinteresados e inclusivos, con su alergia a la solidaridad. Sin embargo, van a toparse con ración doble, porque el pueblo ya no está dispuesto a que se le imponga el Gobierno como si él fuera quien sirve y no a la inversa. Eso se acabó.

Almeida podrá mantener la memoria a Franco, como ya ha indicado que hará, o acabar con los foros locales, esos espacios de participación ciudadana que expandían la democracia por los cuatro costados de la ciudad, pero no lo hará gratis. Lo vamos a retratar, lo haremos entre todas y todos. La mancha que va a dejar en la Historia avergonzará a sus hijos e hijas, que ya vendrán después pataleando para que se borre su vergonzante nombre de los artículos académicos. Y permanecerá.