Opinion · Posos de anarquía

Primera medida del alcalde: subida de su sueldo un 20%

La primera medida estrella de Francisco de la Torre (PP) en el Ayuntamiento de Málaga no tiene nada que ver con las obras del metro de la ciudad, prolongadas durante años y que han provocado el cierre de varios negocios por quedar aislados. Tampoco con el índice de pobreza infantil, que en la provincia ya supera el 40% siendo una de las más altas de España… Esa primera medida no roza ni de lejos el problema habitacional de la ciudad, en la que el número de desahucios por impago de alquiler crece mucho más rápido que por no pagar la hipoteca… No. Su primer logro en esta nueva legislatura es una subida del 20% de su sueldo.

De la Torre siempre ha manifestado su deseo de ganar más dinero. Cuando se abrió el museo Pompidou de Málaga y saltó a las portadas de los medios la precariedad de sus trabajadores y trabajadoras (5 euros brutos a la hora), su respuesta fue un homenaje a la desfachatez: aseguró que si dividiera su sueldo por las horas que dedicaba a la política, él ganaba menos. Ahora, vuelve homenajear el esperpento con una subida del sueldo de los concejales del 20%, lo que en su caso supone unos 13.000 euros más al año (ganará más de 78.000 euros al año). Su subida, prácticamente equipara el salario neto de la provincia, que se sitúa en los 15.939 euros al año.

Una medida de este calado, tomada apenas una semana después de su investidura, debería haber sido expuesta durante la campaña electoral. No lo fue, claro está, a pesar de que es evidente que estaba planeada de antemano. Este movimiento delata la calaña del alcalde del PP en primer término y, en segundo, de todos aquellos partidos que se han sumado al apoyo de la medida.

Y es que, aunque la ciudad de Málaga vuelve a ser ejemplo de la bajeza moral de muchos de nuestros representante políticos, no se trata de un caso aislado. En el consistorio sevillano, por ejemplo, la subida propuesta para los concejales se ha fijado en un 40%… y allí Juan Espadas presume de socialista.

¿Cómo deberían encajar estas medidas ese elevado porcentaje de la población que no llega a fin de mes? ¿Cómo se han de tomar estas medidas esos miles de autónom@s que, tras años cotizando aunque hubiera meses que no ingresaran, echan el cierre y ni pueden disfrutar de prestación por desempleo o de la ayuda familiar? ¿Cuál es el futuro para esas familias?

Tengo respuesta para ello, pero roza tanto los límites de mi propia moralidad que me cuesta expresarla en esta columna. Y si linda tanto con la frontera de mis principios, no les digo ya con la legalidad… a buen seguro que si la llevara a término, daría con mis huesos en prisión y, de expresarla, aumentaría los ingresos de personajes con nombre propio tan miserables como los que hoy traigo a esta tribuna.

No merecemos a estos gobernantes y, sin embargo, continúan revalidando mandatos. Así las cosas, en ocasiones se me presenta por la cabeza la idea de que quien no encaja es uno, que este sistema que enriquece a unas pocas personas a costa de empobrecer a otras muchas no nos satisface a muchísima gente. Cuando ni siquiera se es capaz de hacer dignas y honestas las instituciones más cercanas, como son los ayuntamientos, ¿qué hacer? ¿Tan poco poder tiene la unión de personas que ansían esa justicia social o es que ni siquiera existe la suficiente inteligencia para alcanzar esa unión? Están acabando con nosotros y nosotras y lo hacen, además, riéndose a carcajadas.