Opinion · Posos de anarquía

Pederastia y socerdotes

¿Qué es el arte? No es una pregunta sencilla de responder, por más que el Real Diccionario de la Academia lo defina de un modo cristalino: «Manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros».  Parte de esa interpretación incluye la denuncia social, la crítica, la sátira… algo que en los tiempos modernos se le continúa atragantando a los sectores más conservadores de la sociedad, con la Iglesia católica a la cabeza.

La exposición Pederoclastia de Fernando Barredo ha levantado unas cuantas ampollas. El montaje del artista conocido como Loc puede visitarse en el Círculo de Arte de Toledo hasta el próximo 15 de agosto y pretende denunciar «la atroz pederastia practicada, consentida, encubierta y hasta premiada en el seno de la Iglesia católica». Y claro, exponer de ese modo «la abyecta pederastia de los miles de ‘socerdotes’ que han violado a niños en la más absoluta impunidad» pues no le ha caído muy bien al arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez.

Antes de exponer sus argumentos para calificar la obra de LOC como «grotesca», pongámonos en antecedentes. A finales del año pasado supimos por Diario16 que Rodríguez era obispo de Salamanca cuando salió a la luz la denuncia de casos de pederastia del párroco de la Unión Deportiva Salamanca Isidro López. ¿Qué hizo Rodríguez según el medio y sus fuentes contrastadas? Intentar ocultar los casos, sucedidos desde 1982 a 1992.

Bien, indicados estos hechos, vamos a dar voz ahora a las encendidas críticas del que hoy es arzobispo de Toledo. A pesar de que LOC ha sido tajante al afirmar que Pederoclastia «no arremete contra todos los sacerdotes, sino sólo contra los que han abusado sexualmente de niños, o les han violado vilmente mientras sus prelados les han encubierto», Rodríguez tacha de «insultante» el montaje.

El prelado indica que la pederastia «no es en absoluto admisible». Rectificar es de sabios, podría pensar alguna persona, pero no se trata de eso, porque si realmente creyera su afirmación, ¿no estaría a favor de que se denunciara públicamente esta lacra y, de ese modo, concienciar a las víctimas que tienen todo el apoyo social -y eclesiástico-, que estarán arropadas cuando denuncien?

Parece que no, porque su argumentación está repleta de palabras huecas y demagogia de la más baja estofa. Así queda patente cuando maquilla los casos en el seno de la Iglesia católica con afirmaciones como «la pederastia es problema de toda la sociedad española» o indica que «es un insulto a la inteligencia» incidir en esta institución por considerar que sus casos son un porcentaje mínimo respecto al del total de la sociedad.

Tan poco peso tienen los argumentos del arzobispo (más aún conociendo su pasado) que cae en la mezquindad al sostener que «nosotros podemos aguantar insultos, calumnias hasta límites insospechados; también sabemos perdonar y no queremos reaccionar histéricamente con violencia, cuando, si esos insultos fueran dirigidos contra otra religión, tal vez se daría otro tipo de contestación«. No hace falta ser muy inteligente para deducir que se refiere al Islam y a los casos en los que algunos extremistas han llevado a cabo atentados, como los de Charlie Hebdo, justificándolos por haber ofendido a Alá.

Curiosamente, es el mismo argumento que esgrime siempre la extremaderecha al respecto. Cada vez que he escrito una columna crítica contra la Iglesia católica como institución, ha llovido en redes sociales un aluvión de insultos, descalificaciones y necedades por parte de cabezas huecas de extremaderecha. Las mismas que ahora emplea el arzobispo. En primer lugar, porque confunden la crítica a la institución con la confesión o con quienes la practican -y entran en esquizofrenia- y, en segundo, porque limitan su argumento a «¿a que no te atreves a insultar así a los musulmanes? Acojonado»… ignorantes, como si Islam fuera sinónimo de extremismo… Además, en esa línea, basta revisar la Historia para comprobar la lista negra de crímenes de los que la Iglesia católica es parte activa o cómplice.

Redondeando el despropósito y la hipocresía del arzobispo de Toledo, se suma a la fiesta de la necedad Vox, clamando que se trata de «un gravísimo ataque hacia la religión católica», exigiendo medidas al Ayuntamiento. En un alarde de cinismo a la par que de estulticia, la formación de extremaderecha asegura que la exposición ha nacido «del rencor y el odio más recalcitrante». Pobres, fieles a un dios que les ha privado de la más mínima inteligencia, continúan incapaces de recurrir a remedios más mundanos a su ignorancia, como un buen libro.  Quizás así veríamos alguna vez, tanto a arzobispos como a la extremaderecha, igual de encendidos con los casos de pederastia que con las maneras que existen de crear conciencia contra ellos.