Opinion · Posos de anarquía

La hora de la verdad

El Congreso de los Diputados en una imagen de archivo. EFE

Hoy arranca la primera sesión de investidura. Hoy es la hora de la verdad. ¿Por qué? Porque hoy está en juego lo mismo que pusimos en el tapete aquel 28 de abril: el ascenso de la derecha más rancia que ha tenido España desde la muerte del dictador. La diferencia es que entonces dependía de toda la ciudadanía y hoy sólo de unos pocos partidos políticos, con PSOE y Unidas Podemos a la cabeza.

Aquel 28 de abril muchas de las personas que acudimos a votar lo hicimos movidas por la convicción de que seríamos capaces de parar en seco a la extremaderecha que, entonces, no venía únicamente representada por Vox, sino también por el PP y Ciudadanos, que habían endurecido sus discursos alineándose en la misma órbita que la formación de Santiago Abascal. Lo conseguimos: el PP y Pablo Casado sufrieron la mayor derrota de su historia y Cs y Vox quedaron muy lejos de sus expectativas.

Esa misma ciudadanía no puede hacer nada hoy, más allá de protestar, de hacer visible el sentir general; digamos que tiene voz -fuera del Congreso-, pero no voto. La responsabilidad de que esa derecha casposa no ascienda al poder descansa exclusivamente sobre los partidos políticos elegidos en abril y, fundamentalmente, sobre PSOE y Unidas Podemos (UP). Aunque es cierto que el signo del voto de los partidos nacionalistas también es clave -y muy mal han hecho los socialistas menospreciándolos sin ni siquiera sentarse con ellos-, son los de Pedro Sánchez  y Pablo Iglesias quienes asumen el mayor peso.

Si España esta semana no tiene nuevo gobierno, será condenada a una etapa muy oscura, no ya de recortes sociales, sino incluso de libertades civiles. Y más allá de que unos se acusen a otros, tanto PSOE como UP serán verdugos. A efectos prácticos, me resulta indiferente quién pone la soga y quién tira de la palanca del cadalso: ambas formaciones ejecutan nuestra democracia y así les debería recordar la historia.

Sería de una irresponsabilidad sin precedentes pensar que de unas nuevas elecciones volvería a resultar un gobierno de izquierdas. No será así, porque la abstención crecerá exponencialmente, impulsada por ese elevado porcentaje de ciudadanía defraudado, con ese sentimiento de hartazgo y decepción por cómo se ha mercadeado con su voto. Y si crece la abstención, la derecha sube, esa derecha que asegura que el gobierno de coalición quiere destruir la nación cuando, en realidad, es ella quien nos destruye a nosotros y nosotras, pisoteando nuestros derechos y asfixiándonos hasta el punto de que sus políticas propician que ni con dos trabajos es posible salir de la pobreza.

Lo dicho, hoy es la hora de la verdad.