Opinion · Posos de anarquía

Cómo divertirse matando animales entra en las aulas andaluzas

Una escopeta y su canana en un coto de caza. EFE/Archivo

Hoy es un mal día para la Educación pública en Andalucía. Vox ha vuelto a conseguir que PP y Ciudadanos (Cs) claven rodilla en suelo y consientan, entre otras cosas, que la caza entre en las aulas, dándole una pátina de valor medioambiental.  El lema de la Federación Andaluza de Caza (FAC), con la que se articula esta atrocidad, es «Más de 25 años defendiendo la caza social». La propia FAC hace inseparable esta llamada «caza social» de la parte recreativa o, lo que es lo mismo, divertirse matando animales. Es para llevarse las manos a la cabeza.

La primera observación que debe hacerse a esta concesión para que Vox apoye los presupuestos a PP y Cs es que tampoco les ha costado demasiado hincar la rodilla. De hecho, al PSOE tampoco le habría costado. Así lo demostraron cuando tanto el bautizado como ‘trifachito’ y el partido socialista no dudaron en manifestar su apoyo a la caza durante el desarrollo de la campaña #LaCazaTambienVota en diferentes elecciones, incluidas las andaluzas. Sólo Adelante Andalucía (versión Unidas Podemos en la región) se negó  mostrar tal apoyo.

Posteriormente, el presidente de la FAC José María Mancheño aseguraba que «la caza ha castigado a Izquierda Unida y Podemos», añadiendo que echarse «a los brazos de los animalistas» les perjudicó y «les ha hecho un daño enorme entre su electorado más rural. Van a seguir perdiendo votos y fuerza en Andalucía. Pronto serán las municipales y el mundo rural no olvida».

La realidad es que a pesar de que el número de personas que cazan desciende a pasos agigantados, su poder aumenta. Aunque el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación no actualiza sus datos desde 2015, desde que existen datos oficiales el número de cazadores ha caído casi un 23% (apenas 800.000 personas). La imagen del cazador que acude al campo a matar un par de perdices y tres conejos para darse un banquete en casa cada vez es más residual. La prueba de ello es que a pesar del descenso en el número de cazadores, las capturas se han incrementado casi un 25%.

Según denunciaba Ecologistas en Acción a principios de año  en Cadena SER, el lobby de la caza ha montado un negocio de turismo cinegético en el que se comercializan paquetes por 12.000 euros a cambio de matar entre 200 y 500 perdices. Así las cosas, no sorprende que ante el riesgo de perder ese negocio, se activen campañas como #LaCazaTambienVota y que los partidos menos íntegros o con convicciones alejadas de un mínimo de conciencia medioambiental las apoyen. Si como guinda al pastel incluimos que, incluso, el que fuera presidente de la Federación Española de Caza Andrés Gutiérrez Lara llegó a afirmar hace años que el sector movía unos 6.000 millones en dinero negro, sin facturas, pues blanco y en botella.

Ya hace tres años, mi colega Lucía Villa se hizo eco de un informe de Ecologistas en Acción, titulado «7 verdades sobre el impacto de la caza en España». Lectura muy recomendable en el que podremos descubrir cómo la caza mata en España a unos 25 millones de animales cada año y, en algunos casos, convierte los cotos en auténticos escenarios de caza intensiva. Sólo en 2013 se soltaron en estos cotos intensivos más de 1,3 millones de ejemplares de perdiz roja procedentes de granjas… y si esta perdiz sale cara, pues se tira de la codorniz japonesa que, aunque sea una especie invasora, llena los bolsillos.

El supuesto beneficio medioambiental que provoca matar animales por diversión, como argumentan los cazadores, es otra falacia. Precisamente, como expone Ecologistas en Acción, las sueltas que hacen de animales, la alimentación suplementaria o la instalación de vallados cinegéticos terminan propiciando  una sobrepoblación excesiva de una parte de esas especies con sus consecuentes efectos secundarios. El 25% de Sierra Morena es ya territorio fragmentado por estos vallados cinegéticos poniendo en grave riesgo el ecosistema.

Incluso, existen sentencias del Tribunal Supremo en las que se determina que «la caza y la pesca, lejos de servir a los fines de erradicación de las especies catalogadas [como exóticas e invasoras], más bien determinan su mantenimiento indefinido, cuando no la agravación, del status quo actual, dificultando, si no haciendo imposible, su erradicación».

En cuanto al desarrollo rural, que tanto defiende la FAC y el resto de federaciones, otra gran mentira, puesto que la caza y sus cotos lo que terminan es por impedir el desarrollo de multitud de actividades que, no solo dinamizan la economía de los pueblos sino que, además, promueven una mayor sensibilización medioambiental, como es el caso del senderismo, el cicloturismo, la recogida de setas, el ecoturismo, la fotografía…

Pero todo esto dará igual en Andalucía y en las aulas se venderá que matar animales por diversión es bueno para el medio ambiente. ¿Contarán también lo bueno que es el abandono de más de 50.000 galgos cada año al finalizar la temporada de caza? Eso en el mejor de los casos, sino los ahorcan o los arrojan a pozos, otra de las prácticas asentadas. Como arrancaba el artículo, hoy es un mal día para la Educación pública en Andalucía.