Posos de anarquía

La ineptitud de San Gil

ABC publica una entrevista a María San Gil (PP) en la que trata por todos los medios de ocultar su ineptitud amparándose en la figura de Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA hace 25 años. Esta instrumentalización de un político como Ordóñez es triste, penosa, más aún cuando se rodea de un escenario ficticio que alinea a esta referente del PP más conservador en la órbita de Vox.

Asegurar, como asegura ella, que más allá de PP y Vox no hay "alternativa constitucionalista" es una contradicción en sí misma. Para estos dos partidos, la defensa de la Constitución se limita a la unidad de España, la defensa del Borbón, el nacionalcatolicismo y la bandera bicolor. Toda la entrevista evidencia su intento por arrojar balones fuera para no asumir la cruda realidad: en Euskadi no se quiere al PP. Marca el asesinato de Ordóñez como un punto de inflexión y, al hacerlo, inconscientemente acepta cuán inepta fue ella para trasladar un mensaje de calado a la ciudadanía vasca.

Continúa hablando de miedo en Euskadi, incapaz de entender que el hecho de que un partido democrático como Bildu saque varios cuerpos de ventaja al PP nada tiene que ver con la intimidación; tiene que ver con los planteamientos políticos que hace la formación. Acusa al PSOE de rendirse al terrorismo cuando, precisamente, fue con un gobierno socialista cuando ETA desapareció... Un despropósito.

La caspa de una reunión del círculo más próximo a San Gil se puede sacar a paladas. La Fundación Valores y Sociedad, Hazte Oír o la DENAES de Santiago Abascal son algunos de sus aliados, con los que ansía traer a España tiempos y prácticas en blanco y negro. Ella no fue capaz de hacerlo cuando se encontraba en primera línea de la política y ahora, desde el cómodo burladero, pica a Casado y Abascal a hacerlo.

El tufo caduco que desprende el discurso de San Gil es insoportable para cualquier demócrata. Reza su salmo contra la ruptura de España como quien tira de carrerilla del rosario, con un hedor islamofóbico, xenófobo y homófobo que la convierten en un personaje caricaturesco que no aporta nada al país, al que pareciera que quisiera convertir en un gigantesco convento de clausura.