Posos de anarquía

Que el brazalete TEA sea mordaza

El próximo 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo y, sin algo ha evidenciado este confinamiento es que resta mucho camino por recorrer. Cada vez que salen a la calle, familias con menores con Trastorno del Espectro Autista (TEA) sufren pitidos, insultos y reproches por parte de un puñado de descerebrad@s que se autoerigen  vigilantes de la cuarentena.

El confinamiento se hace especialmente duro a las personas con TEA, no sólo porque en los casos en los que haya discapacidad intelectual no terminan de entender qué sucede, sino porque genera una ansiedad añadida al suponer un drástico cambio en sus rutinas diarias. Salir a pasear contribuye a paliar esa ansiedad; lo realizan en compañía de otra persona, algo que está recogido y permitido por uno de los Reales Decretos del confinamiento. Así, pues, son paseos terapéuticos.

A pesar de esta situación, hay personas que desde sus balcones se dedican a insultar e increpar a estas familias cuando dan su paseo. Imagino que son esas que de la noche a la mañana se han convertido en estadistas y expertas epidemiólogas. Algunos colectivos han encontrado la solución en un pañuelo azul. Con toda su buena intención, recomiendan que las familias que miembros con TEA que salgan a pasear, porten un lazo o un pañuelo azul para identificarse.

Personalmente, también soy partidario de ese pañuelo, pero no para que hagan uso de él esas familias, sino quienes se asoman al balcón a insultar: cuando sientan esos deseos de increpar a personas cuya realidad desconocen, no se corten, amordácense; sigan disfrutando del aire puro en su balcón, pero convenientemente silenciados para que dejen de mostrar la actitud tan mezquina que venían demostrando. El problema no lo tiene quien pasea, sino quien insulta desde el balcón.

Es triste, muy triste, que para evitar que se dispare aún más la ansiedad de sus familiares al recibir insultos y pitidos sin motivo, sea necesario marcarse. Esta pandemia está sacando lo mejor de las personas en muchos casosy, en otras, lo peor. En lugar de presuponer lo mejor, es decir, que si se ve dos personas paseando en actitud no festiva seguramente será por necesidad médica, hay quien tira por la calle de en medio e increpa.

Y no, no nos equivoquemos, no es que los 'policías de balcón' no estén concienciados con el TEA; es que casi con toda probabilidad son igual de irrespetuosos en el resto de parcelas de su vida. Quizás son los mismos que fiscalizan qué vecin@s salen o no a las 20:00 al balcón a aplaudir, que vigilan si los que pasean al perro están lo mínimo imprescindible o si, aunque la OMS lo desaconseje, miran mal a quien sale a comprar sin mascarilla. Ignoro cuán vacías están sus vidas para tener que llenarlas artificialmente con tareas que no les competen, pero mi recomendación es que no pierdan más tiempo, busquen ese pañuelo ym hasta que no aprendan un estándar mínimo de convicencia, amordácense cuando sientan esos deseos irrefrenables de molestar a personas que actúan correctamente.