Posos de anarquía

Aquí huele mal y no he sido yo

Rajoy junto a Casado, durante la presentación del libro 'Una España mejor', de Rajoy. EFE/JuanJo Martín

Aquí huele mal y no he sido yo. Ese parece ser el nuevo mantra que se entona en Génova tras la amenaza velada de Francisco Martínez de tirar de la manta en la Operación Kitchen. Con este cambio de rumbo, Pablo Casado debe de estar seguro de dos cosas: en primer lugar, que efectivamente se produjeron actos ilegales desde el ministerio del Interior y, en segundo, que por graves que sean los hechos no le pueden salpicar... es lo que tiene contar con antecedentes como Felipe González con los GAL. Todo parece (y es) posible, por increible que parezca.

Si se prueban los hechos investigados en la causa de la Operación Kitchen, será un auténtico torpedo en la línea de flotación del PP. El daño que le hizo la condena por la Gürtel parecerá un juego de niños. Entonces, pudo paliar los efectos con el "y tú más" de los EREs del PSOE de Andalucía, pero encontrar ahora un escándalo de corrupción de las dimensiones tan colosales a las que apunta Kitchen será muy complicado.

Casado ha pasado de considerar esta causa como una cortina de humo en la que él "sólo era un diputado por Ávila", a mostrar preocupación. El sudor frío que le escurre por la espalda viene provocado por las declaraciones de Martínez, que vienen a revelar que se portará con el PP tan bien como el partido se ha portado con él. Diente por diente... si caigo yo, caemos todos, es la conclusión.

Y ante este escenario vemos cómo desde Galicia Núñez Feijóo continúa su distanciamento del partido, como ya hiciera en la campaña de las elecciones gallegas cuando evitó, no sólo incluir el logo en la cartelería sino, incluso, coincidir en mítines con Casado. El que fuera diputado por Ávila, por su parte, no tocaría a Rajoy ni con un palo, pese a que fue el vicesecretario general de Comunicación del PP hasta junio de 2018, cuando decidió dimitir para competir con María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría por la secretaría general de la formación.

En el PP se las gastan así: todo el mundo es querido mientras es útil; cuando deja de serlo, se convierte en un fardo, puro lastre que hay que soltar cuanto antes. Atrás quedan aquellas palabras de 2018 de Casado hacia Rajoy, cuando decía "me acuerdo mucho de él. Me gusta escucharlo y seguir haciéndole caso. Admiro mucho todo lo que hizo. [...] Tenemos que sentirnos orgullosos de la labor que hizo al frente del Gobierno. Se ha sido muy injusto con él". Y si aquellas declaraciones se han enterrado, qué decir de las que apuntaban que "me llena de orgullo y reconocimiento poder seguir reivindicando lo que él hizo, porque se puede seguir haciendo"?

En su discurso como nuevo líder del PP, Casado declaró a Rajoy que "te seguimos necesitando muy cerca"; hoy lo necesitan lejos, muy lejos, pero es tan extensa la lista de personas de las que la cúpula popular repudia que parece imposible que no se produzca goteras, que no les salpique el escándalo.