Posos de anarquía

Regalar miseria en Navidad

Estos días se anda poniendo el énfasis en los festivos que están por llegar y, con el mantra "salvar la Navidad", se prioriza rozar la mayor normalidad posible sobre cualquier otra consideración. Quien más y quien menos no las vivirá como en 2019, bien sea por prudencia o por imposición legal, pero es una oportunidad de oro para, al menos estas Navidades, salvarnos a nosotr@s mism@s de la deriva consumista en la que hemos caído desde hace años.

En muchas comunidades autónomas, como sucede en Andalucía, vivimos la imposibilidad de salir de nuestra localidad debido al confinamiento perimetral impuesto por el gobierno autonómico. Ante esta situación y con los regalos navideños a la vuelta de la esquina, muchas personas ya andan tentadas de entregarse a Amazon, Alibaba y plataformas similares para realizar sus compras. La excusa que encuentran es la pobre oferta que encuentran en su municipio, negándose de este modo la posibilidad de dar alas a su creatividad o de devolver a los regalos su verdadero significado.

No es necesario obsequiar con la última novedad tecnológica o con el juguete de moda, lo diga el anuncio que lo diga, sientan la presión social que sientan. Se trata de un detalle, de una muestra de afecto en la que el gesto en sí debería tener más valor que el regalo en sí. En estos días, además, este planteamiento debería cobrar aún más peso considerando el modo en que se han multiplicado exponencialmente las penurias económicas que sufren los hogares españoles.

Las tiendas de barrio deberían ser más que suficientes para ir tachando uno a uno los regalos de nuestra lista, sin necesidad de recurrir a platafomas de comercio electrónico que arrastran sentencias por explotación laboral, eluden sistemáticamente el pago de impuestos y exprimen o aniquilan a los negocios locales.

Al menos por estas Navidades, porque cuando todo se normalice seguramente volvamos por los mismos derroteros, escapen del consumismo y de ese capitalismo depredador que nos ha llevado a confundir lo que realmente tiene valor. Una filosofía que, por cierto, no convierte a todo el comercio local susceptible de merecer nuestras compras, porque precisamente por ser local y conocerlo muy bien, sabremos qué gerentes explotan, defraudan o ponen en práctica actitudes caciquiles con la clase política del lugar. Mi consejo, trátenlos del mismo modo que a los Amazon de turno, porque bajo su discurso de "generamos riqueza y empleo" son uno de los mayores focos de miseria. Y este año, no estamos para seguir regalando más miseria.