Posos de anarquía

Normalizar lo anormal con el SMI

Nos encontramos en la recta final del año y la revisión del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) se ha vuelto a convertir en otro foco de enfrentamiento, incluso, en el seno del gobierno de coalición, donde Economía (PSOE) apuesta por congerlarlo y Trabajo (Unidas Podemos) por subirlo. Arrastramos 40 años de anomalías en las revisión de salarios y cualquier medida correctora pisa demasiados callos.

El Estatuto de los Trabajadores lo estableció claramente desde su misma aprobación en 1980: el SMI ha de revisarse anualmente, previa consulta con sindicatos y patronales más representativas. Si echamos la vista atrás, esto no se hizo durante décadas y quienes defienden que sí, admitirán al menos que fue como si no se hiciera, pues fue la patronal quien impuso su parecer.

No sucedió únicamente con el SMI; cualquiera que haya trabajado por cuenta ajena ha experimentado esa angustiosa sensación de ver cómo año a año pierde poder adquisitivo con su sueldo congelado, mientras los precios de alimentos, de vivienda, energía, etc. se disparan... mientras los beneficios para quienes trabajan crecen.

Llega una época de crisis, como la que vivimos ahora, y la patronal se apremia en pedir a sus trabajadores y trabajadoras que se rebajen el sueldo, que "arrimemos todos el hombro", olvidando que en épocas de bonanza no sólo no les dieron una paga extra de beneficios, sino que congelaron sus sueldos.

Si se ha revisado mínimamente el salario del empleo público, de las pensiones, ¿por qué no se va a subir, aunque sea por debajo del 1%, el SMI? En la actualidad, este salario está fijado en los 950 euros pero que nadie se llame a engaño, que con la precariedad laboral que sufrimos en España, en gran medida debido a la reforma laboral que PSOE, oposición y patronal no quieren tocar, casi nadie percibe esa cantidad.

La parcialidad de los contratos por horas y la temporalidad hace el número de personas con empleo viviendo bajo el umbral de la pobreza se haya incrementado en nuestro país. Eso dice muy poco de la patronal, que se ha convertido en una generadora de miseria. El hecho de que durante casi 40 años hay vivido a sus anchas y la sociedad narcotizada haya consentido, no ha de hacernos caer en normalizar lo anormal. Y no revisar al alza el SMI, precisamente cuando más avanza la miseria en España, definitivamente lo es.