Posos de anarquía

La lección de Ugao-Miraballes ante el mitin de Vox en Vallecas

La portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, en una reciente imagen de archivo. — Óscar J.Barroso / Europa Press

El próximo 7 de abril, Vox presentará su candidatura en la Plaza de la Constitución de Vallecas. Lo hará su plana mayor, con un claro propósito publicitario que genere, quizás, incluso 'fabricando' altercados. La respuesta del barrio debería de ser idéntica a la protagonizada por el pueblo de Ugao-Miraballes (Bizkaia) durante la campaña para las elecciones europeas de 2019, cuando a Albert Rivera (Cs) quiso hacer lo mismo que Vox en una localidad en la que ni siquiera contaba con apoyos para presentar candidatura municipal.

El vídeo ante aquella riverada no puede ser más humillante y ejemplarizante. Un pueblo entero, con las persianas bajadas, en silencio, dando la espalda a quien, con una patética actitud victimista, se topó con una ciudadanía digna, que le mandó el mensaje claro de que allí no era bien recibido.

La respuesta del pueblo de Vallecas, desde mi punto de vista, debería ser idéntica: dar la espalda a la extrema-derecha, de manera silenciosa, pacífica, sin caer en sus provocaciones, sin servir en bandeja que el sentimiendo antifascista vuelva a criminalizarse. Para combatir el avance de la ultraderecha, tanto de Monasterio como de Ayuso, es preciso mantener la cabeza fría y el corazón caliente y no a la inversa.

A fin de cuentas, tiene razón Santiago Abascal cuando afirma que los barrios no son de nadie y que su formación tiene derecho a realizar mítines allá donde considere oportuno. Así es, mientras Vox continúe siendo un partido legal. Y su derecho es tan amplio como el de la ciudadanía a darle la espalda, dejándole únicamente con sus incondicionales que a buen seguro se desplazarán hasta Vallecas.

Inevitablemente, este arranque de campaña de Vox lleva a pensar en qué sucedería si Mónica García (Más Madrid) o Pablo Iglesias (Unidas Podemos) realizaran un acto similar en el barrio de Salamanca, donde en las últimas autonómicas PP y Vox (sin sumar Cs) acapararon entorno al 75% de los votos en algunos colegios. Ya saben, territorio Cayetano.

¿Saben cuál es la diferencia? Que mientras que en barrio de Salamanca la suma de la izquierda apenas superó la barrera del 10% en los diferentes colegios electorales, en Vallecas la suma de las derechas de Colón rondó en muchos casos el 20%. Por si esto no fuera poco y dado que la polarización enfrenta a Santiago Abascal versus Pablo Iglesias, los datos nos dicen en las últimas autonómicas Vox obtuvo más votos en Vallecas que UP en el barrio de Salamanca, donde Más Madrid está mucho más fuerte que la formación morada.

Por este motivo, repito, conviene mantener la cabeza fría y el corazón caliente, dar la espalda a Vox a lo Ugao-Miraballes y, más allá de recrearse en los exabruptos de la extrema-derecha, analizar el porqué de su calado en un barrio obrero y qué está haciendo la izquierda para combatir sus perniciosos efectos.

Bajar al barro de Vox o simplificar el acto del próximo miércoles en Vallecas en una mera provocación sería un error. La derecha ha penetrado en los barrios obreros más de lo que la izquierda lo ha hecho en las demarcaciones más ricas. Si no se analizan correctamente las causas, pasarán. Vaya si pasarán.