Posos de anarquía

Cuando Ayuso olvidó a Venezuela

A falta de un programa o de datos que avalen su gestión de los dos últimos años, Isabel Díaz Ayuso (PP) ha recuperado Venezuela para azuzar a su electorado. Cuando la candidata popular plantea la disyuntiva "Caracas o Madrid" parece olvidar como el Partido Popular (PP) únicamente se acuerda del pueblo venezolano cuando lo utiliza como arma electoral, cómo lo ha instrumentalizado y, sobre todo, cómo en 2019, abandonó a familias enteras venezolanas durmiendo en la calle ante el colapso del SAMUR social.

El PP utiliza Venezuela como emplea la democracia: únicamente cuando puede sacar provecho; cuando no es así, la aparta a un lado. Es lo que sucedió en 2019, cuando adultos y niños en situación de exclusión llegados de Venezuela -y otros tantos países- se vieron durmiendo en la calle, combatiendo el frío a las puertas del invierno ante la pasividad del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. Las imágenes dieron la vuelta al mundo, publicadas por The Guardian.

Entonces, Venezuela era secundiario y los venezolanos y venezolanas aún más, porque quienes llegaba eran pobres. La derecha se maneja tan mal con la pobreza como con la democracia, siempre tocándola de lejos. Aquellas familias no eran como Leopoldo López, el opositor venezolano que, según informaba ABC, que como todo el mundo sabe es el diario de cabecera de los rojos chavistas, ahora se puede permitir un alquiler de 10.000 euros al mes en Madrid.

Anda la derecha crecida con discursos huecos y el fascismo más recalcitrante desbocado. Tras las amenazas con balas a Iglesias, Marlaska y Gámez, la estrategia del PP se ha basado en culpar a las víctimas, tachándolas de provocadoras, para después acusarlas de "montar un circo". ¿Se imaginan cuán diferente hubiera sido la reacción si el sobre con balas lo hubiera recibido Ayuso?

Las hordas fascistas se creen impunes y todavía piensan que pueden amedrentarnos a las personas demócratas. Alineadas con el discurso del PP y el de Vox, que tacha estas amenazas terroristas de montaje, no dudan en seguir sembrando el odio y las amenazas, especialmente en redes sociales, que siempre les dan esa cobertura cobarde digital. Fabrican, incluso, tuits falsos atribuyendo llamamientos criminales a sus rivales políticos que, después, diputados de la extrema-derecha difunden.

Ante el reproche respetuoso de cómo su odio fomenta y alienta amenazas como las recibidas por Iglesias, Marlaska y Gámez, sus respuestas hacia mi persona van del "te conocemos en el pueblo, la basura huele mucho y eso es lo que tú desprendes, mal olor", al "coge una cuerda y vete a un olivo" o "te repito, el destino está cerca, mira para atrás", entre otras.

Como sucede con Ayuso, estas huestes fascistas no creen en la democracia aunque hagan uso de ellas para, después arrebatarnos libertades. Elogian abiertamente la dictadura franquista, criminalizan a las personas más vulnerables y despliegan un populismo hacia la clase trabajadora para, en cuanto se hacen con el poder, dejarla en la estacada.

Los datos de la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES) así lo revelan: pese a que la Comunidad de Madrid es la más rica de España, con un 36% de PIB per cápita más que la media nacional, cuenta con casi el 8% de su población en pobreza extrema, a los que hay sumar otros cientos de miles bajo el umbral de la pobreza.

La gestión realizada por Ayuso hasta la fecha es el mejor aval de cuál es su concepto de libertad, de "vivir a la madrileña" y, con los datos en la mano, las personas más desfavorecidas se escapan de su radar, como se escapa su 'querida' Venezuela cuando no la puede utilizar en provecho propio.