Posos de anarquía

Marruecos busca en los medios lo que no gana en los tribunales

Imagen de archivo del presidente saharaui, Brahim Ghali. - Tony Karumba / AFP

No es casual que la reactivación de la causa por genocidio contra Brahim Ghali, líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), coincida en el tiempo con la histórica sentencia europea que anula los acuerdos comerciales y de pesca en Marruecos y el Sáhara Occidental. No es casual tampoco que se llame a declarar, y no telemáticamente como hizo Rajoy en la causa que condenó al PP por corrupción, a la exministra de Exteriores, Arancha González Laya, por la entrada de Ghali en España para salvarle la  vida tras caer gravemente enfermo por COVID. Todo conforma parte de una estrategia para ensuciar la imagen de un pueblo, el saharaui, y su justa causa... pero esta vez no, no triunfará el dinero y la presión del lobby marroquí sobre la justicia universal.

La reactivación de la causa de Ghali únicamente se debía a un motivo: el archivo de la querella debía haberse tramitado como procedimiento ordinario, no como procedimiento abreviado. Ya está. Los motivos por los que se archivó, esto es, que carecía de fundamentos mínimos, eran de una contundencia aplastante. Aún así, se ha armado mucho ruido mediático para ensuciar la imagen de Ghali, no ya vulnerando su presunción de inocencia, sino la misma decisión judicial que no había visto motivos para juzgarlo.

A este ruido, claro está, contribuye el principal líder de la oposición, el infame Pablo Casado que, cada vez más desorientado en su vorágine de mentiras y guerras intestinas de partido, llegó a decir que Ghali estaba en busca y captura, algo que jamás ha pasado. Ayer, el juez Santiago Pedraz tiró por la calle de enmedio y volvió a rechazar procesar a Ghali, no sólo por los mismo motivos por los que ya archivó la causa en junio sino, además y para que dejen de hacer perder el tiempo a una justicia diezmada por la falta de recursos, porque todo cuanto se imputa de manera tan infundada ya ha prescrito.

Esta nueva decisión judicial no ha contado con la misma difusión mediática que la reactivación de la causa y eso, evidentemente, no es casual. En su lugar, se pone ahora el foco en González Laya, buscando acusar al Gobierno de España de haber aceptado la entrada de Ghali en el país de manera irregular, algo que niega la exministra. Incluso es todas estas informaciones que leo sobre la entrada de Ghali se obvian datos de relevancia que, no sólo evidencian el objetivo malintencionado de dichas publicaciones, sino que atentan contra los principios periodísticos más esenciales.

Datos como el hecho de que Ghali no sólo tenga DNI español, sino que también dispone de pasaporte diplomático argelino se borran de la mayor parte de esas noticias. Asimismo, también se ignora que Marruecos rompió el alto el fuego en noviembre de 2020 y, desde entonces, se encuentra en guerra contra el pueblo saharaui. En mitad de este conflicto, el ejército marroquí ya ha intentado asesinar a Ghali en el Sáhara Occidental utilizando para ello un drone israelí. ¿Creen que la discreción con que entró Ghali no estaba justificada ante la amenaza de un país como Marruecos, capaz de jugar con la vida de miles de menores en Ceuta sólo para chantajear a España?

Todas estas tropelías forman parte de la estrategia a favor de los intereses de Marruecos, que es quien realmente pierde con el varapalo judicial de la justicia europea. Y pierde porque jamás debió ganar, pues una invasión ilegal y la sistemática violación de Derechos Humanos (DDHH) contra el pueblo saharaui durante más de 45 años no debería tener las recompensas que España y la Unión Europea le han estado procurando.

Desconfíen de las informaciones que ponen el acento en las pérdidas que puede suponer esta sentencia para España y sus pesqueros y agricultores o para la UE. No. Podrán seguir realizando sus actividades, lo que sucede es que su interlocutor ya no será un gobierno criminal como el marroquí, sino que lo será el legítimo representante del pueblo saharaui, el Frente Polisario, tal y como ha determinado el Tribunal General de la UE (TGUE). Esa es la única realidad, aunque a Mohamed VI y la larga lista de chupópteros a costa de los derechos humanos saharauis les cueste tanto encajarlo.