Posos de anarquía

Huida vergonzosa, regreso deshonroso

Juan Carlos I en una imagen de archivo.- EFE

Ya es oficial: Juan Carlos I se irá de rositas. La Fiscalía ha dejado al fin de marear la perdiz y ha hecho público el archivo de las tres causas abiertas contra el rey emérito. No habrá investigación judicial pese a detectarse irregularidades en las actuaciones del emérito, que escapa de la justicia no por su inocencia probada, sino porque los delitos han prescrito o, lo que todavía es peor, porque nuestro marco legal le habilitaba para delinquir mientras encabezada la jefatura de Estado.

Vergonzosa fue su huida al régimen dictatorial de Emiratos Árabes, vinculado al terrorismo, y deshonroso será su regreso, sin haber probado su inocencia, más bien lo contrario. A la cobardía con que huyó a Abu Dabi para vivir en una insultante opulencia mientras en España morían decenas de miles de personas por la pandemia y más de 11 millones viven en la exclusión, le han seguido más revelaciones que ilustran su calaña, como la amistad con un traficante de armas buscado por la justicia internacional.

Su vuelta a España, que será anunciada la semana que viene, vendrá envuelta de vileza, de absoluto desprecio por sus compatriotas, de un trato de favor dispensado al emérito que debería provocar el rechazo entre el pueblo español. Como indicaba más arriba, el hecho de que haya delitos prescritos y de que la inviolabilidad asociada a la Corona blinde legalmente al rey hayan sido las verdaderas causas del archivo de las causas no limpia su imagen, más bien al contrario y, además, salpica a nuestra justicia.

Nuestro poder judicial ha arrastrado los pies desde el principio, yendo siempre por detrás de las revelaciones periodísticas, abriendo la puerta a que el Borbón regularizara su fraude fiscal antes de abrir la vía penal, admitiendo así su mal proceder, irreconciliable con la ejemplaridad.

Desde el pasado mes de octubre es pública la intención de archivar las causas por parte de la Fiscalía. Sin embargo, también ahí se ha arrastrado los pies para salpicar lo menos posible a Felipe VI, alejando la noticia y el regreso de foco mediáticos como el discurso navideño. Ahora, en pleno escándalo del PP con su lucha intestina y, muy especialmente, con la guerra de Ucrania en su momento más crítico, es el momento ideal para anunciar cómo el emérito seguirá viviendo a su antojo, ajeno a la moralidad y a la misma justicia. La perfecta cortina de humo para que no levantar demasiada polvareda.

A pesar de lo indignante del asunto, hay quien todavía defiende a capa y espada a quien se ha convertido en un ejemplo de inmoralidad, en su esfera pública y en su esfera personal que, cuando se es rey, pasa a ser pública también. Así lo demuestra el tuit de Nuevas Generaciones del PP:

Podríamos hacer chistes al respecto; yo mismo bromeé con que Pablo Casado había dejado su impronta en el PP y quien escribió ese tuit andaba desde buena mañana echándose al gaznate prieto picudo, o pensar que son los miembros de la Casa Real, Fiscalía, incluso Gobierno y oposición (PP, Vox, Cs...) quienes tienen que ir pasando en fila a pedir perdón al pueblo español por este vergonzoso desenlace. Sin embargo, la realidad es que el tuit revela el rasero moral del PP, confirma el porqué de las sentencias judiciales que arrastra ya y allana la pista de aterrizaje para Alberto Núñez Feijóo, que con esos ingredientes no parece que llegue para hacer política de altos vuelos, sino más bien de bajos fondos.