Posos de anarquía

Normalizar comisionistas

El presidente de la RFEF Luis Rubiales. - Europa Press

Si hemos normalizado el fascismo, ¿cómo no vamos a hacerlo con los comisionistas? Podría terminar aquí el artículo para zanjar la cuestión o, al menos, llamar a la reflexión, pero desarrollaré el argumento sin ni siquiera tomar como punto de partida la trama de las mascarillas de Madrid, más propia de Mortadelo y Filemón, y mirando en cambio a la información de El Confidencial, que revela hoy otra saca: la de Luis Rubiales y Gerard Piqué para llevarse la Supercopa de España a Arabia Saudí.

El traslado de la Supercopa a uno de los países en los que más Derechos Humanos se vulneran nunca tuvo más justificación que el dinero, como sucede con el Mundial que este año tendrá lugar en Qatar. En el caso de la Supercopa, la exportación de un evento nacional aún es más rocambolesco, más absurdo, más injustificable... tanto que ni una montaña de dinero para la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) servía entonces de justificación para tamaño disparate, y menos aún lo hace ahora, de confirmarse que lo que también se llenaban eran bolsillos particulares.

Se investigará, se arrojará luz... pero cada vez sorprenderá menos. Lo estamos viendo ya en Madrid, donde la estafa urdida por Alberto Luceño y Luis Medina -veremos con la complicidad de quién- cada vez está más rodeada de parodia y menos de indignación. Las paletadas de nuevos ricos gastando el dinero estafado, la aparición del empresario San Chin Choon y las versiones contradictorias del alcalde de Madrid han propiciado que, quizás como mecanismo de defensa ante el asedio de tanto ladrón, los chistes circulen ya más que las críticas.

Los comisionistas del Ayuntamiento de Madrid han conseguido hacer olvidar al hermanísimo de Isabel Díaz Ayuso, otro espabilado... más que su hermana, desde luego que, como el alcalde de Madrid, no sabe cuánto sucede bajo su techo, como tampoco sabían los presidentes socialistas de Andalucía con los ERE, aunque ahí el rasero del PP es bien distinto...

En un país donde el comisionista por excelencia es el rey, ¿qué podemos esperar? Ya el emérito creó escuela con el AVE a la Meca y todo se justifica y todo se perdona. Se normaliza. Los sobresueldos, comisiones y demás prebendas que siempre van a parar a los mismos se dan ya por asumidos, habiendo alcanzado un punto en el que lo extraordinario es que haya negocios o gestiones que pasen la prueba del algodón.

En este sentido, el factor sorpresa se ha anulado. Algo parecido sucede con el fascismo, presente ya en un gobierno autonómico (Castilla y León) y, casi con toda probabilidad, en unos meses también en el de Andalucía. Tras una primera inundación, que precisamente se inició en 2019 en el sur, la tierra ha ido absorbiendo ese auge de la extrema-derecha, dando paso a un sistema de goteo que ha contribuido a su normalización.

Son pocos quienes, siendo realistas, no dan por hecho el tándem Moreno-Olona en el siguiente gobierno andaluz -cuyas elecciones aún no han sido oficialmente adelantadas a junio- y lo que debería ser un escándalo, ha quedado en un mero pronóstico. Mucho tiene que ver con ello el PP, cuyo nuevo rumbo marcado por Feijóo se parece demasiado al antiguo, abrazando aún más si cabe ese fascismo. Recurrir al miedo al fascismo ya no funciona. ¿Qué otro miedo habrá que sacudir ahora?