Posos de anarquía

Moreno Bonilla se marca un Feijóo

Montaje de Moreno Bonilla y Feijóo en sus diferentes puestas de escena electoral.- Europa Press / Xunta

Juan Manuel Moreno Bonilla lo tiene claro: "Es más fácil votar a Juanma Moreno que al PP".  Y dicho y hecho, ese será el mantra de su campaña, haciendo su persona grande a medida que empequeñece al PP. Tal es su empeño que, con el pretexto de no perder el control de la campaña, como según él pasó en Castilla y León, no permitirá demasiados cameos de otros peces gordos del partido, como su presidente Alberto Núñez Feijóo o la lideresa Isabel Díaz Ayuso... no vaya a ser que saquen a relucir al PP o se pierda foco en "Juanma". ¿Qué sentido tiene representar a un partido del que se piensa que genera rechazo en la sociedad?

El PP no suma, resta. La personalización de la campaña de Moreno Bonilla, en detrimento de las siglas del PP, es tal que si tuviera un apodo cariñoso en lugar de un mote despectivo bien lo emplearía, pero el recuerdo de cuando sus propios compañeros de partido -los mismos que ahora le besan el anillo- le llamaban "Moreno Nocilla" lo desaconseja.  Se queda con "Juanma".

Nada le puede reprochar el recién estrenado presidente del PP, Feijóo, que es un maestro en borrar al partido de las campañas electorales en Galicia. Él fue quien abrió camino, de un modo aún más evidente que Moreno Bonilla, pues éste al menos, como un pequeño borrón, incluye el logo del partido en su atril; Feijóo ni eso. El expresidente de Galicia llegó en 2020 a hacer pasar el mal trago al entonces su número uno del PP, Pablo Casado, de subirse a un atril sin rastro del PP y la marca personal de Feijóo.

Captura de un mitin electoral de Pablo Casado en las elecciones gallegas de 2020. - Atlas

Hace unos días, Moreno Bonilla lo admitía abiertamente: "nos lo trasladan los estudios demoscópicos, por lo que vamos a centrar la campaña en la persona que puede agrupar a distintas sensibilidades en Andalucía". Según él, la causa es "superar la trinchera ideológica", pero lo cierto es que el andaluz es tan consciente como lo era el gallego en 2020 de que la marca del PP está sucia.

La mácula de las siglas del partido es tal que difícilmente se puede presumir de ella cuando se trata de captar votos, esos votos que tanta falta le hacen a Moreno Bonilla para no tener a Macarena Olona (Vox) pegada a la suela del zapato como vicepresidenta durante los próximos cuatro años. El ejercicio que quiere llevar a cabo es de puro malabarista, pues al tiempo que tira de marca personal habla de "un partido de base ancha" en la que cabe todo el mundo, "con tal de que nos dé el poder y apeé a Vox", le faltó por decir.

Se refiere, claro está, a ese electorado de Ciudadanos que ya computa en su foro interno y muy especialmente a quienes abandonaron al PP -o dudan si hacerlo-, en favor de la extrema-derecha. "Yo también puedo ser retrógrado" es el mensaje implícito que quiere transmitir a los más ultras; no será la norma pero, como ha demostrado en estos últimos cuatro años durante los cuales el PP andaluz ha estado condicionado por el apoyo de Vox, está dispuesto a hace guiños a la extrema-derecha, poniendo palos en las ruedas al feminismo, mezclando la violencia de género con la intrafamiliar o acercando la caza a la escuela.

Por mucho que se frote, la mancha del PP no sale, aunque tampoco es que en el partido se hayan esforzado por frotar demasiado. El anterior presidente pensó que una mudanza de sede de Génova -que jamás se produjo- o dejar de hablar de corrupción la haría desaparecer. No es así, puesto que no sólo siguen llegando condenas por corrupción tanto a sus dirigentes como al propio partido a título lucrativo, sino que aparecen nuevos casos de corruptelas que traen nuevos lamparones de delito.

No deja de ser curioso esto de la política: mientras hay candidatos que, como si se tratara de unas elecciones de pueblo, huyen de sus siglas, otros como el frente de izquierdas se aferra a ellas, combinándolas, aún no sabemos si en una sopa de letras o en un puré. Lo cierto es que en estas elecciones andaluzas aún será más necesario si cabe que el electorado se informe, huya de cantos de sirena y populismos, de cercanías impostadas y maquillajes que ocultan cicatrices. El quid de la cuestión está en si la desafección permitirá realizar el esfuerzo que esto requiere o si, por el contrario, se cederá al voto fácil o, incluso, a pasar un bonito día de playa el 19 de junio.