Punto de Fisión

El diablo, Bill Gates, el 5-G y John Wayne

La mayor astucia del diablo consiste en hacernos creer que existe Jorge Fernández Díaz. La historia oficial cuenta que el ex ministro del Interior sufrió una metamorfosis radical durante un viaje a las Vegas: allí donde la mayoría de la gente, en el mejor de los casos, pierde hasta la camisa y encuentra a Elvis, Fernández Díaz perdió el oremus y encontró al Opus Dei. Desde entonces, raro es el día que no habla con un santo o le pone una conferencia de larga distancia a la Virgen María. Pero, en realidad, más que un cambio, lo que sufrió Fernández Díaz fue un cambiazo en mitad del desierto de Nevada, cuando una nave extraterrestre procedente del planeta Raticulín lo absorbió mediante un rayo cósmico y dejó a su sustituto preparado para la difícil tarea de salvar España y partirse el esternón a golpes de pecho.

Del mismo modo que Philip K. Dick descubrió un día (al ver en el cuello de una muchacha una cadenita con un pez, símbolo de los antiguos cristianos) que el imperio romano nunca dejó de existir, Fernández Díaz supo en una jugada de ruleta que aún estábamos anclados en la Contrarreforma, los autos de fe y los tribunales de la Santa Inquisición. Dick sospechaba que seguíamos en el año 70 d. C., encerrados en las catacumbas y perseguidos por los romanos, al mismo tiempo que Fernández Díaz sabe de sobra que el imperio español no sólo no puede prescindir de Cataluña sino que cualquier día recupera Venezuela. La conexión entre la ciencia-ficción y las visiones religiosas se tradujo, en el caso del escritor, en un diagnóstico de esquizofrenia, mientras que el político ascendió de una patada al cargo más importante del ejecutivo: un ministerio del Interior con vistas al siglo XVI.

El otro día Fernández Díaz reveló que el Papa emérito, Benedicto XVI precisamente, le había revelado que el diablo quiere destruir España y que estaba usando el independentismo catalán como arma arrojadiza. Eso explicaría desde el pelazo de Puigdemont hasta la barba de Rufián, porque la gran ventaja de los delirios es que pueden explicar cualquier cosa. Basta reemplazar al diablo por Bill Gates y a Cataluña por la vacuna contra el Covid-19 y la teoría conspiranoica del 5-G para dominar el mundo no necesita más que la banda sonora de "Seré tu amante, bandido". Es lógico que Bunbury y Miguel Bosé se hayan atrevido a desvelar un complot maléfico del dueño de Microsoft a base de microchips implantados en una vacuna, ya que llevan toda la vida metidos en una conspiración para hacernos creer que son músicos, la mayor astucia del diablo después de Fernández Díaz.

Tengo yo un amigo que sostiene la teoría de que John Wayne, en realidad, era una especie de Mickey Rooney que apenas levantaba metro y medio del suelo, montaba ponis en lugar de caballos, le fabricaban los decorados a escala y le colocaban el resto del elenco a distancia para mantener la ilusión, gracias al hábil manejo de la cámara, de que era un gigantón vestido de vaquero. No sirve de nada enseñarle fotos ni fotogramas de películas porque mi amigo, con no poca imaginación, siempre saca el recurso de que la realidad está trucada y que una mano negra anda por medio. Fernández Díaz estaría muy de acuerdo, Bosé y Bunbury probablemente también, y el diablo, no sabe, no contesta.