Punto de Fisión

El problema del agua según Hollywood

Pixabay.
Pixabay.

Una de mis pesadillas favoritas consiste en que abro el grifo de la cocina y no cae una gota de agua. Los vecinos ya comentan el asunto en el rellano y alguien dice que la noticia ocupa todos los diales de la radio y todos los canales de televisión, excepto Tele5, donde los contertulios continuarán discutiendo chorradas hasta el último momento, mientras el firmamento se deshace en albóndigas de fuego. No es una cuestión de un corte del suministro, explica el vecino más informado, sino el primer hachazo irreversible del apocalipsis: la gente sale a las calles en tromba a arrasar los supermercados, los chinos se atrincheran tras sus negocios, el ejército custodia los últimos depósitos mientras bandas de desesperados se dirigen a tomar por la fuerza lagos, riachuelos y pantanos. Desecado estilo zombi, masticando saliva en seco, Elon Musk anuncia que vende su cohete espacial y todas sus acciones de Amazon a cambio de un litro de agua del grifo.

Sí, suena exagerado, aunque no tanto si uno cae en la cuenta de que hacen falta decenas de miles de litros de agua para producir un solo kilo de carne de ternera. Desde hace años, en ciertas regiones de África y Asia, las reservas de líquido están rigurosamente racionadas hasta el punto de que cada habitante cuenta únicamente con cinco o seis litros de agua potable al día. Sin embargo, lo más curioso del cambio climático es que las sequías galopantes en ciertas zonas contrastan con las inundaciones y lluvias torrenciales en otras, del mismo modo que a un verano extenuante sucede un invierno digno del Himalaya. El escéptico climático es ese buen señor que siempre pone al mal tiempo buena cara, argumentando que las cosas siempre han sido así, que el agua cae del cielo y que el que venga detrás, que arree.

La serenidad criminal con que los gobiernos y los organismos competentes han ignorado durante décadas los repetidos avisos de la comunidad científica recuerda la pachorra con que Groucho, elegido primer ministro de Freedonia (capital, Madrid), afrontaba una reunión de gabinete. "Temas antiguos, temas antiguos" proclama Groucho, dando un mazazo a la mesa. Se levanta uno de los ministros y dice: "El tema del clima". "Ese es un tema nuevo. ¿No hay temas antiguos? Bien, pasemos a los nuevos". El mismo ministro vuelve a levantarse y a decir: "El tema del clima". Con un mazazo definitivo, Groucho cierra la sesión: "Eso ya es un tema antiguo".

Afortunadamente, Hollywood ha aportado su granito de arena al problema del cambio climático, aunque más que arena, en este caso habría que hablar de roña. La solución, según ciertas estrellas cinematográficas, pasa por no ducharse, no visitar la alcachofa salvo por razones de causa mayor, es decir, cuando empiezan a cantar los alerones. La actriz Kristen Bell, una de las adalides de esta nueva moda, asegura que California siempre ha sufrido sequía y que ella sólo se ducha cuando aparece el olor a sobaquina: ésa es la señal que le indica que va siendo hora de lavarse. Para ahorrar agua, Bell lo hace además en compañía de sus hijas, ya que la familia que se ducha unida permanece unida.

Jake Gyllenhaal, Mila Kunis y Aston Kutcher, entre otros, se han sumado a esta moda hollywoodiense de ir guarrete, un hábito que Brad Pitt ya había convertido en costumbre cuando confesó que se limitaba a limpiarse las axilas con toallitas húmedas y que Robert Pattinson elevó a la enésima potencia al decir que no le veía ningún sentido a lavarse el pelo. Es verdad que el exceso de jabón puede provocar problemas dermatológicos, pero también debería haber un término medio, generalmente señalado por el olfato. Por suerte, la pantalla de cine no huele, ni siquiera en 3D. Por lo demás, si se trata de ahorrar agua, sería mejor que las estrellas de Hollywood prescindieran de los campos de golf y de las piscinas privadas en lugar de seguir cultivando champiñones en el sobaco.