Punto de Fisión

El ejército hace el indio

Miembros de diversos cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado participan en el desfile del Día de la Fiesta Nacional este miércoles en Madrid. /Rodrigo Jiménez (EFE)

Después de dos años de desfiles descafeinados por culpa del coronavirus, una vez más los militares han podido disfrutar de una fiesta por todo lo alto aderezada, además, con la propina de pitos y abucheos al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por llegar tarde y hacer esperar a los reyes y demás autoridades. El locutor Xabier Fortes, que retransmitía la ceremonia para TVE, llegó a calificar la bronca como "los habituales improperios a un presidente socialista", lo cual ha sido muy criticado por diversos sectores de la caverna, aunque basta recordar los abucheos que se ganó Zapatero en su día para concluir que silbar a un presidente socialista el 12 de octubre se está convirtiendo en una tradición tan castiza como la cabra marchando a paso de legionario. A lo mejor Sánchez llegó un poco tarde a propósito sólo para dar la ilusión a los forofos de que pitaban por algo.

Yo no tengo ni la menor idea de protocolo, pero me parece un poco raro que el 12 de octubre, conmemoración del llamado Descubrimiento de América, se celebre con una exhibición de poderío militar (más que nada porque los descubrimientos, normalmente, se hacen a base de miscrocopios o de probetas, no de tanques y navíos de guerra). Sucede, sin embargo, que Colón y sus marineros realizaron la fabulosa gesta náutica de cruzar el Atlántico en tres cáscaras de nuez y llegar a las Indias (el equivalente del siglo XV a plantar un pie en la Luna). Sólo que Colón iba buscando las otras Indias, las del continente asiático, con la idea de abrir una nueva ruta comercial y por pura chiripa geográfica se encontró con una tierra virgen para los europeos, un tesoro de riqueza inagotable que únicamente había que arrebatar a sus legítimos dueños. En su diario, al anotar su encuentro con los primeros indígenas de las Antillas, el almirante escribió: "Serían unos criados magníficos. Con cincuenta hombres los subyugaríamos a todos y con ellos haríamos lo que quisiéramos". En esas dos frases, epítome perfecto del racismo y de la rapiña, se resume de un plumazo el auténtico espíritu del Descubrimiento de América.

Para justificar las incontables matanzas, las violaciones, los latrocinios y saqueos que sucedieron en el continente durante los siglos posteriores se han esgrimido diversos eufemismos y argumentos, a cuál más chorra. Se habló de civilizar a unos salvajes, como si arrancar culturas y religiones antiquísimas a mandobles fuese una tarea educativa, o como si los españoles que esclavizaron y mataron indios por millones fueran considerablemente menos brutos que los incas y aztecas que se dedicaban a arrancar el corazón a sus colegas. Se habló de la suerte que tuvieron los habitantes de Centroamérica y Sudamérica de que los colonizaran españoles y portugueses en comparación con sus compadres de Norteamérica, de los que casi no queda rastro por culpa de los británicos, como si los conquistadores españoles no hubieran llegado a plantar la bandera hasta bien entrado Canadá o como si los millones de indios que hoy día viven en Delhi o Calcuta los hubieran importado desde un badulaque a partir de 1947. Es aproximadamente lo mismo que felicitarse porque a uno le ha tocado en suerte un cáncer de laringe en vez de uno de pulmón.

Lo del desfile es una tradición y las tradiciones suelen empezar con un gilipollas tirando a una cabra de un campanario o alanceando a un toro hasta reventarlo o llamando putas y conejas a sus vecinas de enfrente. Luego, si la cosa hace gracia, la gente corea los insultos o aplaude al ver despanzurrarse la cabra y ya está la tradición hecha. Pero cuando los reyes, los militares, las autoridades y los curas andan por medio significa que se puede saquear, matar, violar y torturar impunemente en nombre de la Corona y entonces, al saqueo, al asesinato, a la violación y a la tortura se les denomina actos de civilización, incluso siglos después del genocidio. De ahí que se celebren tan acojonantes eufemismos ("el Día de la Hispanidad", "el encuentro de dos mundos") mediante un desfile militar. Claro, no iban a celebrarlo con otro musical de Nacho Cano. Para eso, la verdad, mejor que llegar tarde es no llegar.