Punto de Fisión

Macarena Olona en busca del voto perdido

Macarena Olona en busca del voto perdido
La exdiputada de Vox, Macarena Olona, interviene durante el ciclo 'Letras en Sevilla' en la Fundación Cajasol, a 21 de marzo de 2023 en Sevilla (Andalucía, España). Joaquin Corchero / Europa Press (Foto de ARCHIVO) 21/3/2023

Después del batacazo electoral del domingo y del suicidio en diferido de Pedro Sánchez el lunes, era muy difícil encontrar una noticia con la que enderezar la semana, pero Macarena Olona acaba de romper la mala racha al anunciar que piensa presentarse a las elecciones generales del 23-J. Algo extraño sucede en España cuando la derecha -un bloque habitualmente cohesionado que ocupa desde el extremo centro hasta la pared- se pone a imitar a la izquierda y se va disgregando en corpúsculos con mayor o menor fortuna, lo mismo que unas croquetas congeladas desparramándose en aceite tibio. Primero fue UPyD, luego Ciudadanos, después Vox y ahora Macarena, sin contar las diversas escisiones falangistas que son los tropezones de la sartén, la alegría de la huerta. Casi todos vienen del PP y casi todos acaban por volver a casa, pero durante el chisporroteo pasan un buen rato.

Se ve que a Macarena la habíamos juzgado mal, quizá a causa de esos espumarajos de odio puro que destilaba en el Congreso, quizá a causa de los insultos escogidos que dedicaba a Pablo Iglesias en su cuenta de Twitter. Por las muestras de sensibilidad de que hizo gala en la entrevista con Jordi Évole (un programa de prelavado en el que metes la ropa sucia y sale blanquísima), daba la impresión de que Macarena había sufrido un lavado de cerebro durante su etapa como parlamentaria de la ultraderecha, una rehén ideológica que escapó de la celda de castigo gracias a una oportuna patada en el culo y que de repente descubrió que, entre sus antiguos colegas de Vox, había homófobos, había racistas, había machistas y hasta había neonazis. Menuda sorpresa. Cuando la echaron a la puta calle, Macarena se encontró en la misma posición que aquel hombre que caminaba de noche con un gorrino vivo a las espaldas y, al pararlo la Guardia Civil, se sorprendía mucho de llevar un parásito tan gordo a cuestas: "¡Quita, quita, bicho!"

Quién sabe, puede que Macarena sea una quintacolumnista de la Enésima Internacional Comunista enviada desde Pionyang para desbaratar la alianza entre la ultraderecha de toda la vida y la otra. O puede que sea una arqueóloga audaz, la versión femenina de Indiana Jones en busca del voto perdido, sólo que equivocándose de bando y poniéndose a excavar junto a los nazis, hasta que le quitan el látigo, la visten de faralaes y cae en la cuenta de que la esvástica no es la cruz de la procesión del Rocío. Para fundar su partido ha escogido la imagen de dos zapatos de tacón (uno azul, otro rojo, uno izquierdo, otro derecho) demostrando que a estas alturas ya no le hace ascos a nada. Los tacones son de aguja, finísimos, más que para caminar, para clavárselos en la nuca a alguien.

No sabemos si, con las prisas, Macarena tendrá suficientes candidatos para rellenar todo el territorio nacional, pero para el caso, en las provincias donde vaya escasa de material humano, bien podría poner sacos de patatas o muñecas de juguete y la votarían igual. Total, en el PP apuestan por el amigo íntimo de un narco y han arrasado con Ayuso y Almeida en Madrid, mientras que en Vox cuentan con Abascal, un señor muy leído y escribido. La opción de las muñecas le daría más sentido al lema Caminando juntos, ya que, de sobrevivir a los comicios, Macarena conseguiría publicidad gratuita en Navidad sin más trabajo que cambiar al femenino. Lo ha bautizado Caminando juntos porque llamarlo Restar o Dividir sonaba muy visto.


Más Noticias