El estado de la Unión

30 Sep 2011
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ALFONSO EGEA DE HARO

Profesor de Ciencia Política

No había grandes expectativas ante el discurso anual del presidente de la Comisión Europea. No ocurre como cuando el presidente estadounidense en un ejercicio similar genera editoriales y se espera de manera impaciente la reacción de los mercados. En el plano europeo, una resolución del Tribunal Constitucional alemán o las declaraciones del ministro alemán de Finanzas generan mayor atención y ansiedad. Como en 2010, Durão Barroso ha apelado a la necesidad de confiar en la Unión Europea. Sin embargo, y a diferencia del año pasado, ha abandonado el discurso autocomplaciente donde afirmaba que las perspectivas económicas mejoraban y que la Unión Europea había dado muestras de liderazgo. Este año el discurso tenía cifras y propuestas concretas: los contribuyentes europeos han dado ayudas y garantías de hasta 4,6 billones de euros al sector financiero. Y ha añadido que es hora de devolver este apoyo. El mecanismo es un impuesto sobre las transacciones financieras que permitiría recaudar hasta 57.000 millones de euros anuales.
¿Por qué este cambio en el discurso? La viabilidad de implementar esta propuesta es cuestionable cuando algunos gobiernos como el británico o el sueco, que aplicó esta tasa en los años ochenta, han expresado ya su oposición. Tampoco el clima actual de las relaciones EEUU-UE hacen prever que se considere una tasa a nivel global, por lo que surgen serias dudas sobre su efectividad en un contexto de enorme volatilidad. Una explicación sería interpretar el discurso de Barroso como una defensa de los intereses de la Comisión frente a la pretensión franco-alemana de crear un gobierno económico exclusivamente para los países de la zona euro y bajo la dirección del actual presidente permanente de la UE, Van Rompuy. El mensaje de Barroso sería entonces que no es necesario crear nuevas figuras institucionales, sino que la Comisión es capaz de asumir el gobierno económico (eso sí, siguiendo las posiciones franco-alemanas). Así este nuevo discurso puede no estar fundamentado tanto en el convencimiento de la eficacia y viabilidad de las medias propuestas (eurobonos y tasa sobre las transacciones financieras) como en una autodefensa frente a las innovaciones del directorio franco-alemán.