Lo que se juega en Siria

Luis Matías López
Periodista

Tomo prestado el estilo enumerativo que Nacho Escolar eleva a género periodístico para sintetizar en un decálogo lo que se juega en Siria.

Uno. Al Asad no es Gadafi, pero actúa como él, y se arriesga a correr su misma suerte.

Dos. Debe abandonar el poder, pero, si no se le deja una vía de escape-inmunidad para él y sus fieles, como ocurrió en Yemen con Saleh, morirá matando, en medio de un baño de sangre.

Tres. Puede que sea un criminal de guerra, pero no está solo: tiene aún el apoyo de Irán, Rusia y buena parte de los sirios y controla un Ejército y una Policía armados hasta los dientes.

Cuatro. Siria no es Libia. En Libia funcionó la fuerza centrípeta: estalló hacia dentro. En Siria, el riesgo es mayor, ya que actúa la centrífuga: la explosión puede ser hacia fuera.

Cinco. Si cae Al Asad, Irán será más vulnerable frente a Israel, lo que aumenta el riesgo de que utilice a Hizbulá y Hamás para abrir nuevos frentes.

Seis. Si Israel, con respaldo norteamericano, bombardea las instalaciones nucleares iraníes, habrá un alto riesgo de guerra regional, aumento del terrorismo y recaída económica global.

Siete. La caída de Al Asad no garantizaría que se evitase la revancha de la oposición suní contra las minorías alauí y cristiana adictas al régimen. Siria es frontera intangible entre chiíes (dominantes en Irán, Irak y Líbano) y suníes, que controlan el arco que va de Arabia Saudí a Turquía y son mayoría en Siria, aunque el poder esté en manos de los alauís,
emparentados con el chiísmo.

Ocho. Pese al veto de China y Rusia al plan árabe en el Consejo de Seguridad, un respaldo masivo en la Asamblea General, aun sin valor jurídico, daría cobertura moral a una “inevitable intervención humanitaria”, susceptible de convertirse en militar para derribar el régimen. Como en Libia, la actitud de EEUU sería decisiva, aunque no encabezase la operación.

Nueve. Da grima que Arabia Saudí, dictadura feudal que sofocó la Primavera de Bahréin y que amenaza con ejecutar a un bloguero por cuestionar a Mahoma, encabece el frente árabe para implantar la democracia en Siria.

Diez. Con sombras y luces, la Primavera Árabe gana terreno en el norte de África, pero encalla en el Este entre tambores de guerra.