Del consejo editorial

Líderes en renovables

MIGUEL Á. QUINTANILLA FISAC

Si no llega a ser por Obama, podríamos haber continuado otros 20 años sin enterarnos de que España es un país líder en energías renovables. Por suerte, el nuevo presidente de Estados Unidos citó a España (junto a Japón y a Alemania: ahí es nada) como un ejemplo de lo que debe hacer un gobierno para impulsar el desarrollo de las energías renovables. Y de repente nos hemos visto situados en la primera línea del desarrollo tecnológico mundial en este sector.
En realidad, a lo largo de estas últimas décadas ya nos estábamos acostumbrando a vernos con buenos ojos a nosotros mismos: han empezado a gustarnos nuestros deportistas, nuestros trenes de alta velocidad y nuestra tupida red de autovías. Cada vez presumimos menos de nuestros toreros y más de nuestras estrellas en Hollywood o de nuestras empresas multinacionales. Pero la verdad es que vernos citados por el líder de la primera potencia del mundo como un ejemplo a seguir en política tecnológica parece demasiado. ¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Bueno. Obama lleva razón. España lleva años investigando en energías renovables. Hace casi 30 años este país inició una carrera para el desarrollo de la ciencia en áreas clave para nuestro tiempo. Entre los muchos aciertos de las reformas que se acometieron en los años ochenta en política científica, hubo una singular: la transformación de la antigua Junta de Energía Nuclear en un Centro de Investigación en Energía y Medio Ambiente: el CIEMAT. Por la misma época, y ayudados por el interés de Alemania y otros países europeos, se puso en marcha la Plataforma Solar de Almería, que constituye hoy el mayor centro europeo de experimentación en tecnología solar termoeléctrica, una de las más prometedoras en el campo de las renovables.
Una adecuada combinación de decisiones estratégicas en relación con la creación de infraestructuras para la investigación, medidas de apoyo financiero e iniciativas empresariales exitosas, y sobre todo el trabajo continuado de varias generaciones de científicos e ingenieros del CIEMAT, el CSIC y las Universidades, han contribuido a dibujar el panorama español actual en este terreno: tenemos tecnologías y empresas líderes en energía solar termoeléctrica, somos uno de los países con mayor desarrollo de la energía eólica, está en marcha un programa para el apoyo a la difusión de la energía fotovoltaica (huertos solares) que crece a un ritmo casi excesivo, y nuestra legislación sobre edificación ha incorporado las más avanzadas técnicas de eficiencia energética. Muy pronto tendremos además, en el Bierzo, una de las mayores plantas experimentales de secuestro de dióxido de carbono, que permitirá transformar al carbón en una fuente para la producción de energía, si no renovable, al menos eficiente y limpia.
Llevamos varios años pendientes de diversos espectáculos financieros en torno a algunas de nuestras grandes empresas de energía, pero mientras tanto, en torno a esas mismas empresas, con la ayuda de los centros de investigación y las universidades y con el impulso de los diferentes gobiernos, se ha ido tejiendo una red de tecnologías avanzadas para el desarrollo de las energías limpias que suscita la envidia del país más poderoso y tecnológicamente avanzado del mundo. Ha tenido que venir Obama para decirnos que somos, en ese terreno, mejores de lo que pensamos. Gracias por recordárnoslo.