Razones para una huelga

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO

Economista

En mayo del 68, un grafiti en una calle de París recogía un antiguo proverbio oriental: “Cuando el sabio señala la Luna, el ingenuo mira el dedo”. Los jefes de Estado y de Gobierno en el último Consejo Europeo han hecho de ingenuos discutiendo si la comisaria de Justicia había estado más o menos acertada y olvidándose del verdadero problema: la postura racista del Gobierno francés. Ante la huelga, parece que todos nos hemos convertido en ingenuos; mirando el dedo, nos enfrascamos en una discusión bizantina acerca de si los sindicatos son mejores o peores o actúan bien o mal, como si la huelga se hiciese a favor o en contra de las organizaciones sindicales. Miramos el dedo y nos olvidamos de la Luna.
La Luna se encuentra en la enorme injusticia que representa el hecho de que terminen soportando el coste de la crisis los que no la han causado y tampoco se han beneficiado de los años de bonanza. Hay que mirar a un Gobierno que ha estado presto en confesar el credo marxista, pero el de los hermanos Marx –“Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”– y a defender estos otros –abaratamiento del despido, flexibilidad laboral, reforma (léase, reducción) de las pensiones– se ha dedicado con el mismo entusiasmo que había defendido los contrarios.
La razón de la huelga se localiza en una clase empresarial que se apodera de las ganancias en los momentos de prosperidad; pero huye de cualquier riesgo y se niega a soportar los costes en las épocas de crisis; que no busca ser competitiva mediante el incremento de la productividad, sino reduciendo más y más los costes laborales y los impuestos; que primero pide que se le permita la contratación temporal, para más tarde aducir la dualidad del mercado con el fin de convertir todos los contratos en precarios.
Los motivos de la huelga se hallan en la política económica aplicada, primero, por los Gobiernos de Aznar y, más tarde, por los de Zapatero, que han convertido el sistema fiscal español en el más regresivo de Europa y han permitido que las entidades financieras engañasen a los clientes y creasen la burbuja inmobiliaria. Hay que señalar a la Unión Monetaria que, asentada en los principios del neoliberalismo económico, hace imposible el Estado social e incluso la democracia, y hay que apuntar a lo que llaman globalización, que únicamente es la supremacía del capital sobre el poder político. Dejemos de mirar el dedo y fijémonos en la Luna.