Dominio público

Reequilibrios electorales: oportunidad para el cambio político

Antonio Antón

Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid

Antonio Antón
Profesor honorario de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid

Los distintos estudios de opinión electoral realizados posteriormente a las elecciones europeas (particularmente las del CIS, julio y octubre de 2014, y Metroscopia, de julio, agosto y octubre) ofrecen unos resultados y, sobre todo, unas interpretaciones muy contradictorias de sus consecuencias y los escenarios abiertos.

La última encuesta de Metroscopia de estimación de resultado electoral (voto+ simpatía) sobre el voto válido (70,5% del censo) (El País, 2 de noviembre de 2014), señala algunas variaciones significativas: desplome del PP (20,7%), descenso de PSOE (26,2%) e IU/ICV (3,8%) y reforzamiento de Podemos (27,7%), que pasa a ocupar la primera plaza.

Pero nos vamos a detener en el Barómetro de octubre de 2014 del CIS (publicado el 5 de noviembre), que aporta otros resultados algo diferentes (ver gráfico) a los de Metroscopia y su anterior estudio de julio. Nos ofrece datos sobre las opciones ideológicas de la población y su conexión con sus preferencias electorales.

  Gráfico: Distribución de voto simpatía según segmento ideológico*

 

grafico
Fuente: CIS-Barómetro de octubre y elaboración propia. Eje izquierda (1) a derecha (10).

*NOTA: Estos resultados son sobre el voto+simpatía definidos, es decir, sin contar con el 22,4% de personas encuestadas que dicen que no van a votar a ninguno de los partidos, por lo que en este momento se abstienen. La distribución es vertical y el resto hasta el 100% corresponde a otros partidos. El total de esta elaboración propia se pone en la primera columna, para contrastar con el total que propone el CIS, después de su ‘cocina’.

 

La suma de Podemos (24,9%) e IU/ICV (5,4%) llega al 30,3% y supera al PP (18,8%) y al PSOE (23,3%). Esa distancia aumentaría si sumásemos a los primeros lo recibido por Compromís-Equo (1,1%). No obstante, el polo alternativo todavía queda lejos para que pueda alcanzar la hegemonía institucional. En el caso de un acuerdo PP-PSOE, el bipartidismo todavía sería mayoritario. Además, hay que considerar que el resto de partidos no detallados suma 21,5 puntos, repartidos entre la derecha nacionalista (CIU, PNV, CC) o regionalista (UPN, FAC), el centro (UPyD/Ciudadanos) y la izquierda nacionalista (ERC, Amaiur, BNG) y la singular Geroa Bai. En todo caso, es de destacar que las referencias ideológicas de este heterogéneo conglomerado tienen un mayor peso demográfico en los segmentos de centro-derecha y derecha moderada (6, 7 y 8).

Tiene interés su análisis para calibrar la composición ideológica del probable electorado de las distintas fuerzas políticas, según la auto-ubicación en el eje izquierda/derecha, y sus posibles ámbitos de expansión. También destaca la amplia movilización en la disposición de voto en los segmentos de izquierda y la importante tendencia de reserva o desafección relativa hacia el PP, entre los segmentos de derecha, y hacia el bipartidismo, entre los de centro.

Es oportuno comparar estos datos con los oficiales del CIS, después de que los haya ‘cocinado’ con otros datos complementarios, básicamente con el posible incremento de la participación de parte de ese electorado de centro y derecha, hoy abstencionista. Es lo que le permite justificar la ampliación de los porcentajes de estimación de voto a los dos partidos gobernantes, PP-PSOE.

Así, el CIS reinterpreta los datos de estimación directa de voto más simpatía contando con la posible evolución del colchón ideológico de derechas, hoy desmovilizado electoralmente, derivado del desencanto de parte del electorado conservador. Presupone que la estrategia (comunicativa) del PP va a tener cierto resultado a su favor (5,1 puntos adicionales) y que el grueso de los mismos no se va a ir hacia el PSOE (ni al centro ni a algún partido de derecha extrema que pudiese aparecer). Pero, hasta ahora, ni la estrategia del miedo a la victoria de Podemos, ni la estrategia del embellecimiento de la eficacia de su política regresiva para el crecimiento del empleo, tienen credibilidad social.

En el caso del partido socialista, el CIS le añade 4 puntos a su estimación directa de voto válido. Los podría rascar de los indecisos actuales de los segmentos 5 y 6 y recuperar algo del 4 a costa del polo alternativo, cosa hoy improbable.

En el caso de Podemos, le rebaja 2,4 puntos, supuestamente con la lógica de que si aumenta la participación de los segmentos de centro y derecha, la proporción de su electorado ubicado, sobre todo, en la izquierda, bajaría.

Por tanto, tomados con la debida precaución, las matizaciones expuestas y considerando que es una foto fija del momento actual, estos datos son orientativos de una realidad y una tendencia: declive del bipartidismo, incapacidad para gobernar por separado PP y PSOE (aun con aliados de centro o derecha nacionalista) y consolidación de un campo electoral alternativo al establishment, de similar o superior representatividad.

Como en el anterior Barómetro de julio, las fuerzas alternativas (Podemos-IU/ICV…) superan ampliamente al PSOE en los segmentos de izquierda (del 1 al 3) y también en el centro progresista (5), aunque no en la izquierda moderada (4). Ambos, PSOE y Podemos, no tienen ningún apoyo en la derecha extrema (9 y 10) (IU/ICV, tampoco en el centro derecha), y tienen un similar apoyo minoritario (unos nueve puntos) en el segmento de centro-derecha (6) y todavía menos (inferior a cinco puntos) entre la derecha moderada (7 y 8).

Varias constataciones se deducen. El voto a Podemos no es transversal, en el sentido de que sea proporcional en todo el espectro ideológico: se asienta en la izquierda y el centro progresista. Sus dirigentes insisten en que quieren construir una base electoral popular, los de abajo, frente a la oligarquía o los de arriba. Aunque sus sectores más afines se encuentran entre la mayoría social de la ciudadanía descontenta, la parte indignada y crítica del pueblo. Esa tendencia sociopolítica sí es popular, pero ya se ha ido decantando por una crítica a la desigualdad y la corrupción y una inclinación por la democratización del sistema político y socioeconómico. Esa experiencia la vive y la valora desde su cultura democrática y de justicia social, que identifica con una posición de izquierda o centro progresista, y unos pocos de derecha social y democrática (o sea, haciéndolo compatible todavía con su auto-ubicación en el centro-derecha).

La vía inmediata de Podemos para ampliar su electorado y consolidar una mayoría relativa es incrementar sus apoyos entre esa ciudadanía indignada (en torno a dos tercios de la población) que todavía no se siente representada por ellos. Es de composición popular –clases trabajadoras y medias no ascendentes- y todavía se auto-ubica, sobre todo, en la izquierda (segmentos 3 y 4) y en el centro progresista (5). En el primer caso, en competencia abierta con el PSOE; en el segundo, además de disputar el voto al PSOE, para recoger una parte de la actual abstención de los indecisos (probables desafectos del PSOE -y de UPyD-). Sin descartar una pequeña transversalidad, el apoyo de algún sector minoritario de centro-derecha, popular, progresivo y crítico con la casta.

El PSOE tiene difícil recoger más voto de izquierda (3 y 4), actualmente alternativo, y su granero potencial estaría entre sectores indefinidos del centro (5 y algo del 6 en competencia con el PP y UPyD). Su continuismo estratégico y la falta de credibilidad social de su discurso no le permiten remontar su electorado significativamente.

Al PP se espera la ardua tarea de convencer a los segmentos de centro-derecha y derecha para que le voten (en competencia con la abstención y las derechas nacionalistas y regionalistas, de UPyD-Ciudadanos y otros grupos de derecha minoritarios). Pero como se decía, en ausencia de una auténtica regeneración democrática y una clara mejora socioeconómica y de empleo entre la población, ni el embellecimiento de su gestión económica ni la estrategia del miedo ante el ascenso de Podemos o la crisis territorial, parecen dar resultado para ganar credibilidad en su potencial electorado.

En definitiva, se dibuja un cierto empate a tres bandas y las estrategias de cada fuerza política respecto del proceso económico y sociopolítico y las demandas ciudadanas serán fundamentales para que una de ellas pueda sacar ventaja y ser determinante en la hegemonía institucional. En todo caso, queda claro que existe una oportunidad para el cambio político frente al establishment y el riesgo de su refuerzo mediante un acuerdo PP-PSOE, y que Podemos, como eje de las fuerzas alternativas y junto con una ciudadanía activa, puede tener un papel decisivo en la configuración de un nuevo ciclo social y político, democratizador y progresivo.