Dominio público

Ahora Catalunya. La alternativa catalana

Xavier Domènech

Profesor de Historia de la UAB

Xavier Domènech
Profesor de Historia de la UAB

Hay una especie que va corriendo entre algunos analistas sobre los resultados electorales del 24M que, con matices, viene a decir que en realidad no ha pasado nada. ¿No ha ganado el PP en número de votos? ¿No ha quedado de nuevo el PSOE segundo? Y en el caso catalán, ¿no es menos cierto que de nuevo CiU es el primer partido de Catalunya? ¿Y el PSC, no sigue siendo el segundo? No entraremos a discutir la numerología, y menos en un campo, el de la ciencia política, del cual me declaro ignorante. Dejemos los números a los números. De hecho esta postura me recuerda al inicio de la película La haine (El odio): "Esta es la historia de un hombre que cae de un edificio de cincuenta pisos, para tranquilizarse mientras cae al vacío no para de decirse 'hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien…' Pero lo importante no es la caída, es el aterrizaje". Y es cierto que cuando te encuentras en el piso 35, y te olvidas de la ley de la gravedad, estás más cerca del punto de origen que del suelo. Algunos de todas formas ya han visto el suelo. "!Qué hostia, qué hostia...!", expresaba gráficamente Rita Barberá en la noche de autos, mientras en un lunes de ceniza Esperanza Aguirre avisaba de la llegada, nada más y nada menos, que de ¡los soviets! No se puede negar que los más entusiastas, entre los que me cuento, veíamos el resultado en Barcelona como el conductor del coche que llevaba al periodista norteamericano John Reed hacia Petrogrado en 1917. Con los ojos encendidos ese hombre no paraba de decir: "Es mía, ahora por fin Petrogrado es nuestra". Pero entusiasmos a parte, a los que todos tenemos derecho, y saltando de lo cuantitativo a lo cualitativo, lo cierto es que el cambio es considerable. Dos capitales, Madrid y Barcelona, han pasado ya a un nuevo campo de la política, mientras el poder del PP en el arco mediterráneo se ha esfumado prácticamente, sólo por poner dos ejemplos, que ahí es nada. Ahora, en el terreno electoral quedan dos contiendas que se presentan como fundamentales, las elecciones catalanas de septiembre y las españolas de finales de año y Catalunya de nuevo, por sí misma, pero también más allá de sus fronteras, es fundamental.

"Foc Nou" en Catalunya

Tampoco Mas se quedaba corto en sus cualificaciones sobre lo que estaba sucediendo en tierras catalanas. Para él quedaba claro que había una Catalunya que andaba hacia Cuba, mientras que otra, la suya, apostaba por Dinamarca como modelo. Sin tener muy en cuenta que nos encontramos en el Mediterráneo, y que es dudoso que la gente encuentre atractivo un viaje hacia la fría Dinamarca, esta imagen mostraba a las claras su enojo ante lo sucedido. La primera ciudad de Catalunya ha pasado a manos de las huestes de Colau, que integran una confluencia donde encontramos a ICV-EUiA, Podemos, Procés Constituent y Equo; la tercera, Badalona, ha sido arrebatada al PP a partir de los apoyos conseguidos por Guanyem Badalona en Comú, conformada en este caso por la CUP, Podemos, Procés Constituent, mientras Sabadell y Terrassa aún se encuentran en disputa y en Cornellà la marca Cornellà en Comú-Crida per Cornellà ha quedado segunda. En estos procesos en el área metropolitana se han sucedido actores transversales (Podemos, Procés Constituent) y actores excluyentes (CUP e ICV-EUiA) aunque casi en todos los casos con la marca compartida generada por Barcelona en Comú. Todo ello, además, con unos resultados donde la CUP ha incrementado significativamente en toda Catalunya el número de votos y ha conquistado alcaldías como la de Berga. Lo cierto es que a Mas, y a muchos otros, se les ha torcido el gesto y ya no les tranquiliza el aspecto cuantitativo del resultado electoral. Estas municipales han marcado un latido, quizás no han dado la vuelta completamente a las sumas globales, pero corre sangre nueva por esta tierra. Una sangre que puede cambiar el sistema político catalán el 27 de septiembre.

¿Una alternativa para Catalunya?

Las elecciones catalanas del 27S presentan tres lógicas que marcan la agenda del posible proceso de construcción de una alternativa que esté a la altura de lo sucedido en las municipales: la anunciada, la que viene y la cesarista. La primera de ellas da a la contienda electoral un carácter refrendario sobre la independencia, se trataría de dilucidar así, ante la imposibilidad de hacerlo de otra manera, si hay una mayoría de catalanes a favor de la independencia. Una lógica donde se encuentra CiU, ERC y la CUP, pero que muestra su precariedad en el mismo momento en el que Mas anuncia que ese referendo se solucionará con una mayoría Parlamentaria que no tiene por qué corresponder con una mayoría de votos. Paso en el que el Gran Timonel mismo se carga la naturaleza refrendaria lo que dice defender. En ningún lugar del mundo sería aceptado el resultado de un referéndum sobre la independencia donde, por muchos parlamentarios que se saquen, no haya una mayoría de votos detrás. Además, como ha declarado el nuevo presidente de la Assemblea Nacional Catalana, incluso si saliera una mayoría parlamentaria claramente independentista tampoco se seguiría de ello la declaración de la independencia de Catalunya. Puestas las cosas así parece que se decide más sobre si se mantiene una arquitectura donde CiU pueda seguir gobernando que no otra cosa. La segunda lógica, la que viene, no es refrendaria, sino constituyente, y aquí encontramos de forma híbrida con lo anterior a ERC y a la CUP, pero como expresión del intento de construir una alternativa de salida especifica a Podemos, Procés Constituent, ICV y EUiA. No es probable en este sentido que la CUP acepte no hacer de la defensa de la independencia el punto mínimo sobre el que construir cualquier confluencia, a pesar de que su acuerdo y defensa sobre la necesidad de un proceso constituyente desde abajo sí que puede abrir puertas a confluencias postelectorales futuras. Pero es de hecho en la tercera lógica, la cesarista, donde reside el verdadero carácter plebiscitario de la contienda para el President y donde se juega, aunque sea de forma encubierta, gran parte de la partida.

Artur Mas ha jugado un papel clave en la conducción del proceso hacia la independencia. Su figura en el camino ha crecido hasta niveles desconocidos en el marco del electorado independentista, en la misma medida que se ha desplomado a niveles mínimos en el resto. En este sentido, según la encuesta del CESOP, el nivel de aceptación de la acción del dirigente convergente se parte en dos segmentos desiguales, opuestos según la intención de voto. Un 90% de los votantes de CiU, un 74% de los de ERC –y aquí parte de la explicación de los problemas de los dirigentes de este partido en la confrontación con Mas– y un 54% de los de la CUP consideran a Mas como un buen Presidente. Al otro lado, un 89% de los votantes de Podemos, un 86% de los del PSC, un 89% de los de ICV-EUiA, un 96% de los votantes del PP, un 98% de los de C's y un 80% de los abstencionistas y de los votantes en blanco lo consideran un mal Presidente para el país. Hay en este sentido una Catalunya que cree en el President como libertador de la patria, mientras hay otra, en su vertiente de izquierdas, que lo rechaza intensamente como el paladín del austericidio en este tierra. En esta dicotomía se encuentra la tabla de salvación de CiU, a pesar de que internamente el voto independentista se esté transfiriendo hacia ERC y de ella a la CUP en un viraje hacia la izquierda donde no está nada claro que esa tabla sea muy estable para salvarse del naufragio.

La alternativa catalana no se construirá sólo sobre estos vértices, pero ellos marcan también límites, principios y posibilidades. Se construirá, además, como ha mostrado la victoria de Barcelona en Comú, a partir de su capacidad para generar una nueva esperanza que salga del marco actual del proceso político catalán para inaugurar otro donde lo nuevo prevalezca sobre lo viejo. Su base no es otra que una alianza entre las clases populares, que han mostrado a las claras que con su movilización electoral todavía no masiva pueden cambiar radicalmente la situación, y las clases medias afectadas por la crisis, en el marco de la construcción de un nuevo pacto social. Debe para ello aunar todas las energías posibles más allá y a partir de los sujetos políticos que la integren, contando con la generosidad que han sabido mostrar en los procesos municipales más exitosos, y a su vez visualizar su capacidad para transformar la realidad catalana, pero también para impulsar los cambios en el resto del Estado. La clave se juega en este doble escenario, y se concreta en un propuesta política que ha de poder servir tanto para septiembre como para finales de año. Se trata, en definitiva, de salir de las mutuas debilidades y convertirlas en fuerza, buscando en la solidaridades horizontales y no en las verticales la solución de todos los problemas pendientes, y entre ellos, sin duda, el nacional. Es un camino que no sólo es electoral en la necesidad de refundar en Catalunya el espacio de un sujeto político popular plural que ahora se encuentra fragmentado, pero que en las nuevas propuestas políticas ha encontrado el camino para pasar de la resistencia al desafío. Un sujeto plenamente soberano, pero profundamente imbricado en las experiencias del resto de los pueblos del estado, para hacer del cambio cualitativo también un cambio cuantitativo.