Opinión · Dominio público

Por el trabajo decente

IGNACIO FERNÁNDEZ TOXO Y CÁNDIDO MÉNDEZ

dominio-06-09.jpgEl pasado año, la Confederación Sindical Internacional (CSI), que representa a 170 millones de afiliados en todo el mundo, puso en marcha uno de los mandatos de su congreso fundacional: organizar una acción internacional centrada en la necesidad de un nuevo modelo de globalización. Para ello, convocó una movilización el 7 de octubre bajo el lema Jornada Mundial por el Trabajo Decente.

Esta Jornada puso a prueba la capacidad de los sindicatos para trabajar en una acción global coordinada. Los objetivos y los mensajes eran pocos y claros: trabajo decente para todos los trabajadores del mundo; aplicación universal de los principios y derechos fundamentales del trabajo de la OIT; cumplimiento efectivo de los Objetivos del Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas; y respuesta sindical a las pretensiones de desregulaciones de normas sociales en el ámbito de la Unión Europea.

Esa primera Jornada Mundial fue un éxito sin precedentes: se celebraron 616 actos en 130 países, convocados por 216 centrales sindicales afiliadas a la CSI y otras 79 organizaciones.

Este año, la Jornada Mundial por el Trabajo Decente se centra en la grave crisis económica que está amenazando el empleo y el futuro de las personas en todo el mundo y que ha estado precedida por décadas de desregularización, ambición y grandes beneficios para una pequeña minoría, responsable de la peor recesión vivida en el planeta. Por ello, es nuestra obligación colocar el trabajo decente en el centro de las acciones de los gobiernos y las instituciones internacionales para recuperar el crecimiento económico y construir una nueva economía global.

El trabajo decente no es una idea abstracta, sino una necesidad real y una demanda muy concreta de los trabajadores en todo el mundo. El recurso más valorado de la humanidad debe ser el capital humano, y por ello es fundamental protegerlo mediante un trabajo decente a modo de carta de derechos de los trabajadores.

Este año, debido a la crisis, cientos de millones de trabajadores en el mundo no ganarán lo suficiente con su trabajo para superar la línea de pobreza. Cerraremos el año con un dato dramático: 50 millones de trabajadores más engrosarán las listas del paro en el planeta.

La actual crisis económica, financiera, energética, medioambiental, alimentaria, la crisis más profunda desde los años treinta, ha descubierto la ineficacia del actual sistema de gobernanza económica mundial. Las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) –Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional– han sido incapaces de predecir la crisis y además sus políticas desreguladoras bien podrían haber contribuido a potenciarla.

La economía de mercado no garantiza el crecimiento ni la justicia social y, como se ha demostrado, ni siquiera la eficiencia económica. Los gobiernos, los sistemas políticos y el diálogo social desempeñan un importante papel a la hora de equilibrar estas interdependencias. Gestionarlas debe ser la labor del sistema político, el Estado y otras instituciones, en contra de lo que preconizan los representantes del rampante neoliberalismo, siempre partidarios de la reducción del Estado. Es precisamente potenciando las capacidades del Estado, modernizándolo, como será posible llevar a cabo con eficacia políticas de desarrollo y de empleo, sociales o macroeconómicas.

En esta nueva movilización, las trabajadoras y trabajadores españoles debemos reclamar los objetivos del sindicalismo internacional democrático y de clase para avanzar en la universalización del trabajo decente, definido por la OIT como aquel que se realiza en el respeto a los derechos fundamentales del trabajo con un salario digno y una protección social básica.

En nuestro propio entorno, además, es el momento de tomar posiciones frente a la intransigencia de la patronal española (CEOE), que ha provocado la ruptura del diálogo social, paralizado la negociación colectiva y bloqueado el desarrollo de 1.500 convenios en nuestro país que afectan a cuatro millones de trabajadores de diferentes sectores de la producción y los servicios.

Exigimos medidas para la creación de empleo, que aumenten la estabilidad, garanticen la negociación de los expedientes de regulación de empleo en las empresas con dificultades e incentiven la igualdad entre hombres y mujeres, la formación, la seguridad y la salud laboral.

Constituye un escándalo y una indecencia que ejecutivos de las finanzas, artífices de estos procesos de especulación y crisis, blinden sus salarios y pensiones multimillonarias, a la vez que exigen al resto de los asalariados que moderen sus remuneraciones y asuman el sacrificio que les corresponde para salir de la crisis.

Es inaceptable que desde esos mismos centros de poder económico y empresarial se den las recetas para salir de la crisis, proclamando reformas laborales que precaricen aún más el empleo y la protección social de los trabajadores, olvidándose que las reformas que deben llevarse a cabo deben comenzar por la regulación financiera internacional, la gobernanza global de Naciones Unidas y la reforma del tejido productivo.

Llamamos hoy a los trabajadores y trabajadoras a colaborar activamente en la defensa de estos objetivos, a participar en todas las acciones y movilizaciones que se realicen en toda España e invitamos a la ciudadanía y a las organizaciones políticas y sociales a que compartan estas reivindicaciones sumándose a esta Segunda Jornada Mundial por el Trabajo Decente.

Ignacio Fernández Toxo es secretario general de CCOO

Cándido Méndez es secretario general de UGT

Ilustración de Patrick Thomas