Opinión · Dominio público

El PSOE y el Referéndum de la OTAN. Algunas claves de la extorsión

Ángeles Maestro
Red Roja

El referéndum de la OTAN y la concesión de televisiones privadas

Uno de los elementos decisivos para intentar cambiar una opinión pública, que de forma mayoritaria se posicionaba contra la permanencia en la OTAN, eran los medios de comunicación. La radio y la televisión públicas tenían, además de una plantilla de destacados profesionales, un margen de maniobra relativamente mayor que el actual para expresar opiniones no coincidentes con los objetivos del Gobierno.

El Gobierno del PSOE acabó con cualquier asomo de pensamiento crítico en los medios públicos y procedió brutalmente a la cancelación de programas que osaran dar siquiera cabida a las razones del ‘NO’ a la OTAN. El cese más emblemático fue el de Jose Luis Balbín al frente del prestigioso programa La clave, que con algunas suspensiones, se estuvo emitiendo desde 1975 al 20 de diciembre de 1985. Fue evidente que la cancelación tenía relación directa con el Referéndum de la OTAN que se celebraría tres meses más tarde.

El PSOE también dio un giro de 180 grados a su posición defendida en las elecciones contraria a la existencia de medios de comunicación privados. Utilizó la promesa de la concesión de hipotéticos canales de televisión  para disciplinar a los medios que estaban sosteniendo posiciones contrarias a la Alianza. Se hizo saber a sus  directores que quién no apoyara las posiciones favorables al ‘SI’ no tendrían la menor opción. No todos lo lograron, a pesar de haber realizado giros copernicanos en su práctica informativa a despecho de criterios deontológicos y otras zarandajas.

Uno de los mayores damnificados fue Antonio Asensio, propietario del grupo Z (El Periódico de Cataluña, Interviú, Tiempo) junto al multimillonario Murdoch. Según el ex director de Interviú y uno de los directores de ese grupo, Pablo Sebastíán: “Él (Asensio) había puesto al Grupo Zeta al servicio del Gobierno en el tema de la OTAN bajo la promesa de que a cambio le darían un canal de televisión. Roma no paga a traidores. Asensio se equivocó”.

Otros sí lo consiguieron. El País —elemento clave en la desnaturalización de la izquierda política y sindical— que defendía desde su fundación la neutralidad  y el desarme, pasó a sostener acérrimas posiciones atlantistas, que mantiene sin fisuras hasta la fecha. El clan Cebrián —Polanco y su grupo empresarial PRISA—,  recibió el premio mayor, el canal de televisión de pago Canal Plus.

El grupo Mediaset (Berlusconi), ONCE (Miguel Durán) y Anaya (Germán Sánchez Ruiperez) fueron obsequiados con Tele 5. El grupo Antena 3, recibió la concesión del canal del mismo nombre. Este grupo mediático, presidido por el conde Godó, era propietario del influyente rotativo catalán La Vanguardia quien pasó de criticar duramente la convocatoria del referéndum, a militar decididamente en las filas del ‘SI’.

Por si esto fuera poco, se editó un manifiesto por el SI, firmado por 50 intelectuales y artistas que obviamente dependían de los presupuestos públicos y de los medios de comunicación para desarrollar su trabajo.

La dependencia directa del poder por parte de los grandes medios de comunicación públicos y privados, tuvo un antes y un después en el referéndum de la OTAN. A partir de entonces, el alineamiento y la homogeneidad informativa ha sido total, especialmente en todo lo concerniente a la política internacional, en la que es imposible establecer diferencia alguna entre ellos, incluyendo a la gran mayoría de medios digitales.

El avasallamiento de la libertad de información lo ilustró claramente el mismísimo Juan Luis Cebrían, director de El País y delegado para España del club de Bilderberg. Cuando Pablo Sebastián (que se vio obligado a dejar la dirección de Interviú al no aceptar la posición pro-OTAN que se le imponía) le comentó: “Esto de la OTAN va a acabar con el periodismo independiente”, Cebrián le respondió: “Sí. Esto es así. Algunos tendrán que enseñar el culo y nosotros una pierna”.

En este siniestro juego de presiones y chantajes en la sombra, jugó un importante papel la sociedad norteamericana INCI (Instituto de Cuestiones Internacionales), financiada a su vez por la USIA (United States International Comunication Agency), “organización oficial norteamericana que encubre la guerra sucia exportada por EEUU a través de los medios de comunicación”.

Las presiones mediáticas no parecían bastar a unos pueblos que se habían organizado de forma autónoma y enormemente creativa. La efervescencia social era enorme. La sensación que se vivía en la calle era que no sólo estaba en juego la neutralidad y la soberanía. Se percibía algo tan rotundo como el poder del pueblo frente al terror de los GAL y al miedo a la extrema derecha anidada en las cloacas de los aparatos de Estado revivida el 23F. Era la oportunidad de sacudirse, por una vez, la losa de tantas derrotas.

Felipe González tuvo la desvergüenza de amenazar con los tanques en la calle y la intervención de EEUU si el SI era derrotado.

Aún así el NO ganó en el País Vasco, incluida Navarra, Cataluña y Canarias.

¿Sólo?

El periodista Pablo Sebastián afirma haber escuchado en una tertulia del Café Gijón de Madrid a uno de los magistrados integrantes de la Junta Electoral Central en ejercicio en 1986, cuyo nombre no está autorizado a revelar, afirmar que en la contabilización de los votos del referéndum de la OTAN se había detectado un pucherazo de más de 400.000 votos en Galicia. Es evidente que la maniobra no podría haberse realizado sin el consentimiento de Fraga que mantuvo —con Alianza Popular— la petición de la abstención en dicho referéndum. ¿Pagó así el gallego el error de cálculo de anteponer intereses de partido a los sacrosantos intereses del imperio, en definitiva, de su clase?

Nada se dijo, aparte de alguna mención realizada por el citado periodista. Sin embargo, fue un tema conocido en los cenáculos, no sólo del poder, sino de la oposición que apostó por el NO. Tratando de averiguar qué sucedió, yo misma pregunté a Gerardo Iglesias, en la época secretario general del PCE y Coordinador General de IU, si habían tenido noticia del hecho y si habían investigado.  Su respuesta fue que sí supieron del rumor que corría, pero que no habían hecho pesquisa alguna porque “hubieran sido acusados de hacer la pinza con el PP”(sic).

El GAL y los ejércitos secretos de la OTAN

La actuación criminal de la extrema derecha durante la Transición y su vinculación con los aparatos del Estado forma parte de la losa de silencio mediática que presidió la Transición, aunque prestigiosos escritores, como Alfredo Grimaldos, han dejado documentada constancia de ello. Hay evidencias de la actuación en el Estado español de destacados fascistas italianos en masacres como la de Montejurra (1976) o, entre otras, en la matanza de los abogados laboralistas de Atocha (1977). También es patente la continuidad de dichas actividades con los crímenes de los GAL, a su vez íntimamente vinculados a los aparatos del Estado.

El juez Felice Casson en 1984 empezó desvelar la trama de la red Gladio en Italia —integrada por la OTAN, la extrema derecha y los servicios secretos militares— y el presidente de la República, Giulio Andreotti, ratificó su existencia en 1990 ampliándola al resto de países europeos. Las actuaciones criminales destinadas a evitar gobiernos de izquierda mediante el nunca mejor llamado terrorismo de Estado, se iniciaron al final de la II Guerra Mundial en Grecia y no hay noticias fehacientes de que los diferentes ‘gladios’ hayan sido disueltos.

Recientemente Ferdinando Imposimato, presidente honorario de la Corte di Cassazione (Tribunal Supremo) de Italia en la Convención No Guerra, No NATO, celebrada en Roma en octubre de 2015 declaraba solemnemente:

“En las investigaciones que yo he realizado sobre las masacres que se han realizado en Italia, desde la de Piazza Fontana en Milán, a la de la estación de Bolonia, a la de la Piazza della Loggia en Brescia, a los asesinatos de mis colegas Giovanni Falcone y Paolo Borsalino y sus escoltas, en todas, se ha certificado que los explosivos utilizados provenían de Bases de la OTAN. Testimonios directos me han confirmado que en estas Bases se reunían mafiosos de la Logia P2 (vinculada al Vaticano), terroristas de la extrema derecha, mafiosos, oficiales de la OTAN y políticos italianos, los días previos a las masacres”.

Estos testimonios han sido publicados por Ferdinando Imposimato en su libro La Repubblica delle stragi impunite sin que haya sido desmentido.

En el Estado español no tuvimos la suerte de tener jueces como Casson o como Imposimato. Las denuncias de torturas o los crímenes del GAL, las matanzas como la de Vitoria o Atocha, los más de cien asesinatos de la “pacífica” Transición, y mucho más, los indicios de intervención de EEUU. Por diferentes medios se han traducido reiteradamente en absoluciones por falta de pruebas, indultos, en huidas de la cárcel o han chocado con la Ley de Amnistía de 1977.

Sirva este obligatoriamente breve recorrido en torno al referéndum de la OTAN para dejar constancia de hasta qué punto el PSOE, no sólo no responde a lo que de la manera más laxa pudiera entenderse como partido de izquierda, sino que ha actuado decisivamente desde sus gobiernos —entre otras muchas cosas— para liquidar la libertad de información y perpetuar en los aparatos del Estado las cloacas de la Dictadura.

El terrorismo de Estado, el GAL o la OTAN no son compartimentos estancos, sin relación con la lucha de clases. Y el PSOE, independientemente de quién se situara en su dirección, ha jugado un papel decisivo, tanto en su creación y desarrollo, como en el aseguramiento de la impunidad de los crímenes por ellos cometidos. Más nos vale no olvidarlo.