Opinion · Dominio público

¿ECO-socialdemocracia?

François Ralle

AndreoliAsesor político y representante de los Franceses de España

François Ralle Andreoli
Asesor político y representante de los Franceses de España

Social-democracia rupturista, post-socialismo, neokenesianismo, allendismo 2.0…

Desde España, se juega en unos días la posibilidad de no solamente sorpasar a las fuerzas tradicionales que se han rendido al liberalismo global y al ordoliberalismo de Berlin, sino de identificar a una nueva dinámica de cambio que tiene fascinado a todo el progresismo europeo.

A mi parecer, si algo ha traído esa gran ola de confluencia #UnidosPodemos que toma raíces en el 15M y las mareas ciudadanas, si algo trae la figura catalizadora de Pablo Iglesias, es una modernización pragmática, un coming-out necesario para fuerzas ancladas en sus certidumbres pero que estaban condenadas a ser un socio (como mucho incomodo), un complemento subalterno del socio-liberalismo y una voz aislada en los congresos de diputados. Si algo ha traído, es conseguir une mutación hacia una formula ganadora, capaz de tomar el poder e intentar hacer palanca con el poco margen que la estructura supranacional europea y los tratados globales dejan a los minúsculos estados naciones.

Soltar certidumbres y viejas tradiciones para poder ganar y gobernar. Dejarse flotar adaptándose a los humores e interpretando los vientos de la indignación popular. No es nada fácil! porque supone modernizar discursos y practicas participativas; adaptar promesas; preparar con pragmatismo choques de titanes con Bruselas, con los poderes del IBEX35 y los oligopolios mediáticos. Eso es el reto que esta consiguiendo la nueva social-democracía 2.0 de la que habla Iglesias, sin parecerse en nada con la edulcorada deriva de los “partidos “socialistas” como el PSOE anaranjado o el PS francés llenando las calles de policías pegando con brutalidad a estudiantes y trabajadores. ¿Pero si te dejas flotar con pragmatismo, si dejas flotar hasta tus significantes y tu vocabulario buscando “nuevas metáforas”, más adaptadas a los anhelos y a las desilusiones políticas de la gente, como no acabar como esos grandes partidos reformistas del siglo XX, se preguntarían nuestros abuelos, llenos de ilusiones revolucionarias?

Abuelo, conseguir descarrilar suavemente a la terrible apisonadora de libertades y de derechos conquistados, ya es mucho en el siglo XXI.

El problema es una cuestión de equilibrios y de voluntad política, como si se volviera a interpretar en clave transformadora un dialogo entre un Heraclito morado, partidario del movimiento (el nuevo reformismo innovador) y un Parmenides rojo, convencido de que lo más valioso, lo seguro, es lo que se tiene (la izquierda de los valores). Conformar con talante pragmático y posibilista esa idea de un neo-socialismo 2.0 es como programar un nuevo software abierto fijando lineas estrechas entre recambio y ruptura, entre emancipación o suave remodelación de lo mismo. Para que no flote tanto lo flotante, sin por lo tanto elaborar una nueva “ideologia” con sus casillas y sus recetas milagrosas que ya no seducen a los ciudadanos de la era de la participación (y luego siempre decepcionan a los pueblos), solo un proyecto humanista e ecologista radical conlleva, en si, la energía rupturista que necesitamos y que impedirá acabar en una nueva “traición” de las ilusiones, a la que nos ha acostumbrado la tradición reformista y su trampa supranacional europea.

Hace poco, coincidí en Francia con Claudia Roth, vicepresidenta verde del Bundestag alemán. Como suele ocurrir entre europeos que creen que otro mundo es posible, llegamos a hablar de política española, el tema de moda. No es un momento fácil reconocía, en un continente donde vuelven a surgir los monstruos del pasado.
Roth, es un emblema de lo que representan, o representaron mas bien, los Grünen: luchadora incansable por la igualdad y los derechos humanos, con un recorrido más que peculiar. Antes de acabar como portavoz del partido fundador de la ecología política europea, fue agente del grupo de rock Ton Steine Scherben, culto entre anarquistas y movimientos ocupas radicales de Berlin.

Los verdes fueron en Europa del Norte unos excelentes interpretes de lo que hoy llamamos justamente, como si fuera alguna innovación original, la “trasversalidad” en política. El discurso ecologista sobre el equilibrio que debemos encontrar mujeres y hombres con nuestro marco natural de vida, con toda la dimensión filosófica que eso conlleva, tiene capacidad a traspasar las barreras y etiquetas políticas tradicionales. La ecología para el que la entiende, es una necesidad y una pedagogía trasversal rupturista con muchísima fuerza en las nuevas generaciones, en épocas donde los sueños revolucionarios están oxidados o aplastados por el diktat mediatico-politico del “there is no alternative”. Así se sorprenden los analistas políticos con algo tan sencillo como la fuerza de los colectivos animalistas y de la penetración de esas nuevas temáticas en las jóvenes generaciones que necesitan pensar en un futuro mejor, con nuevas imágenes, frente a la encerrona del presente.

El diagnostico de que vivimos en un mundo con recursos limitados para una población que no para de crecer, conlleva en si la idea que existe un nuevo universal común, el Planeta, y nos hace replantear nuestra relación con los demás y poner en evidencia las alienaciones propias del capitalismo, mucho más alla del respeto a las flores o a los toros. Es también una herramienta política muy concreta y eficiente, cuando te dicen que en la árida España las temperaturas podrían aumentar de 3 o 4 grados grados en unas décadas o que ya se pierden 400 millones de euros al año de producción de olivo por calentamiento climático y mas de la mitad en jornadas laborales en el campo andaluz. Es la mejor pedagogía para enseñar que nuestro sistema económico enloquecido de la oferta, de la competencia por abajo con países sin derechos, no tiene futuro.

Sin embargo, en Europa, como ha pasado con la social-democracia clásica, (gran) parte de la ecología política se ha perdido por el camino: la obsesión trasversal “ni de izquierdas ni de derechas”, el miedo a acercarse a la izquierda rupturista, el europeismo ingenuo y acritico, la primacía del software de la tradición activista (solo cuentan los avances ecológicos, da igual con quien se pacten), la recuperación por otras fuerzas del mensaje verde por la estrategia de green washing (pongamos un poco de verde en el programa que queda bien), ha llegado a debilitar paulatinamente el movimiento en Europa, por lo menos en Alemania y también en Francia donde llegó a más del 16% de los votos en 2009. Un síntoma de ello es la debacle actual de los ecologistas franceses que han explosionado cayendo en la trampa de Hollande, quien les regaló ministerios en el gobierno más impopular de la Quinta Republica.

En ese contexto, surgió “por la izquierda”, una exigencia de un discurso verde claramente rupturista y anclado en lo social, en particular en las nuevas generaciones críticas con las soluciones kenesianas, consumeristas y productivistas de la izquierda tradicional. Una suerte de eco-marxismo (algunos volviendo a leer el filósofo en clave ecologista como el pensador Henry Peña Ruiz), que no tuvo mejor idea, en épocas de cocina fusión, que el neologismo “ecosocialismo”. Parecía funcionar como un recambio fácil para la tradición de estructuración ideológica propia a la izquierda, pero también del culto a la semántica, a las palabras mochila, al libro de receta ideológico de nuestros padres o abuelos. El resultado interesante del punto de vista teórico, no funcionó muy bien del punto de vista comunicativo, seguramente porque era una solución anticuada la de superponer dos mochilas sin inventar algo nuevo, empezando por la manera de hacer política: una suerte de suma de siglas teóricas, sin crear un salto dialéctico, una dinámica nueva adaptada a un nuevo tiempo politico como lo ha conseguido la irrupción de Podemos o las plataformas municipales y confluencias autonomícas en España.

Interesada como gran parte de la izquierda y de los verdes europeos, en plena crisis de identidad, por el escenario español, Claudia Roth, afirma que “España, para la ecología, es siempre complicada”. Bueno, pensará uno, tampoco es que esté en plena forma en Alemania donde el 10% del 2009 ya parece un milagro electoral y sobre todo donde los verdes gobiernan con Merkel en dos Landers. Muchas veces, el filtro grosero de los Pirineos enturbia o envejece la mirada de los del Norte sobre España, de la que entienden muy poco. Esta claro, que la ecología política en España a pesar de gozar de asociaciones y activistas de gran valor y de un interesante partido de nivel estatal, no había conseguido cuajar en un proyecto de peso. No obstante, es de extrañar que pocos hayan notado una de las mayores aportaciones del 20D, mas allá de la patada en el tablero del bipartidismo. No solamente se ha conseguido aumentar significativamente la presencia de la ecología política en el parlamento (Compromis, ICV, y por primera vez Equo, con el impresionante resultado de su co-portavoz Uralde en Alava), sino que por primera vez se ha introducido en la agenda del cambio unos temas centrales que eran “tabú” en la izquierda productivista como la transición energética y el cambio de modelo productivo. Algo nuevo surge cuando vemos Pablo Iglesias, el que cataliza esa gran marea de ilusión, liderar el combate por la transición energética y explicar con pedagogía que la senda de la coalición arco-iris que abandera es la de la reconquista de la soberanía a través de un nuevo modelo productivo, de un neo-kenesianismo o eco-kenesianismo consciente del marco de vida que debemos de proteger.

Si algo reúne frente al eje PP/PSOE/C’s a Pablo Iglesias, Ada Colau, Monica Oltra, Juantxo Uralde y Alberto Garzon no es solo una alianza electoral, ni el eje izquierda/derecha, ni la necesidad de regeneración democrática y constitucional, si algo les diferencia de la vieja política y de la “pequeña Gran coalición” del pacto naranja, es justamente su visión de la salida de la crisis. Recordemos la carta video que el secretario general de Podemos le envío al primer ministro Renzi para evitar el cierre de la planta de Elcogas en Puertollano (Ciudad Real): “la mejor manera de defender y crear empleos de calidad en el sur de Europa es apostar por industrias innovadoras que tienen un compromiso firme por el medio ambiente”.

Lo nuevo, contra las viejas soluciones del pelotazo del ladrillo, contra la casta de las puertas giratorias en las grandes empresas energéticas. Un nuevo pais de países respetuoso de los territorios, de su naturaleza y de sus culturas frente a lo viejo, que quiere competir por abajo con servicios y trabajo low cost.

La gasolina del coraje de la nueva eco-social-democracia que surge desde el sur de Europa, es este anhelo que recorre cada vez más una sociedad que a pesar de la crisis no quiere solo una vuelta atrás, pero quiere buen vivir, derecho a un trabajo y a una vivienda digna, agricultura biologica, huertos urbanos, movilidad sostenible, buen comer, eficiencia energética, derecho a un futuro para sus hij@s en una España que evite la desertificación. No son expresiones superficiales de nostálgicos hippies recalentados, pero es el anhelo de otra manera de vivir EN COMUN.

Aquí se juega la reconquista de la soberanía popular, la esencia rupturista de la nueva política española desde los ayuntamientos del cambio, punteros en estas cuestiones, hasta, esperemos, la Moncloa.

Aquí se juega el 26J y el mensaje de España a la Europa del miedo. #UnidosPodemos