Dominio público

Decisiones difíciles

LEIRE PAJÍN IRAOLA

Todavía no somos conscientes, pero llegará el momento en el que los sucesos de estas últimas semanas se estudiarán en las facultades de Económicas. Algunos hablan ya de semana negra. Cuesta recordar una concentración tan importante de malos registros económicos.
Los ataques especulativos ponían en jaque a la moneda única, y las bolsas se vieron arrastradas a una espiral bajista. El euro, la moneda que utiliza gran parte de los europeos en su vida diaria, sufría la mayor amenaza de su historia. Como ha manifestado recientemente la canciller alemana, Europa afronta estos días el desafío más grande desde la firma del Tratado de Roma.
Esta es la realidad que ha condicionado el comportamiento político de la mayoría de los estados. De hecho, una vez más se ponía de manifiesto el carácter global del problema al que nos enfrentamos. Una vez más, los problemas globales necesitaban respuestas globales y concertadas. Había que reaccionar y había que hacerlo cuanto antes.
España, como país que asume la Presidencia europea, tomó la iniciativa. A los tres días de reunirse con urgencia los jefes de Estado y de Gobierno del Eurogrupo, el Gobierno dio la cara ante los ciudadanos y expuso ante el Congreso de los Diputados un paquete de medidas con el objeto de acelerar la reducción del déficit. No se trataba de ser los primeros, de ponerse medallas. Había que actuar con decisión y hacerlo rápido. La situación era tan grave que cada día de demora, en este nuevo escenario, suponía un riesgo añadido.
Algunos vieron en la actuación del Gobierno una imposición de Europa. Lo que para todos los estados miembros fue una acción concertada, para el principal partido de la oposición en España fue la respuesta improvisada a una obligación. ¿Improvisaron también el resto de países que esta semana han presentado medidas en el mismo sentido? Francia ha reducido la oferta pública de empleo al 50%; Irlanda ha propuesto una rebaja de los salarios de los funcionarios entre el 5% y 15%, en el mismo sentido que Portugal e Italia. ¿Improvisamos todos? Los organismos internacionales creen que no.
Llevamos tiempo diciendo que el exceso y falta de límites del modelo económico de las últimas décadas no era sostenible. No sólo era necesario hacer ajustes, sino reformar todo el sistema.
En el programa socialista de 2004 defendíamos la necesidad de una reforma de las instituciones financieras internacionales, y previo a ello, en 2002, presenté en el Congreso de los Diputados una iniciativa en esta dirección. Cuando España entró en el G-20, defendió una regulación en el mismo sentido. Y sólo hace unos meses, en el último Congreso del Partido Socialista Europeo (PSE), se adoptó el acuerdo de Europeos por una Reforma Financiera, que fijó la implantación de un peaje financiero en nuestra agenda política.
No ha sido fácil. Una parte muy importante de los ciudadanos viene sufriendo en los dos últimos años la crisis económica. Por ello, pedirles más esfuerzo y sacrificio no es sencillo para un Gobierno.
Se ha pedido un mayor esfuerzo a aquellas personas a las que la crisis no ha golpeado con el desempleo; en cambio, sí se ha hecho a aquellas que han mantenido su puesto de trabajo, que tienen estabilidad en los ingresos e, incluso, que han revalorizado su sueldo año a año. No todos pagan con el mismo esfuerzo.
Es cierto que pedimos un esfuerzo colectivo, pero nuestros principios y valores ponen los límites. España entera debe apretarse el cinturón. Esta es la realidad. Lo hacen los pensionistas y funcionarios, pero también, y en primer lugar, el Gobierno y los responsables políticos, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, los empresarios y las familias. Igualmente se pedirá un esfuerzo solidario a los que más tienen. Que nadie tenga la menor duda. Ha sido en esta legislatura donde se ha aprobado la reforma de la ley Beckham y cuando se ha aprobado la subida de la tasa por rentas de capital.
Los mismos principios y valores que impulsaron durante la pasada legislatura el incremento de las pensiones, el salario mínimo (un 30%), de la cuantía de las becas (80%), de la ayuda a la dependencia; los mismos principios y valores que defendieron las políticas de igualdad, el compromiso con el medio ambiente, el esfuerzo por la cooperación y el desarrollo; los mismos principios que nos hicieron apostar por un cambio en el modelo productivo, son los que hoy nos llevan a tomar las medidas que acaba de aprobar el Gobierno.
No hemos abierto ningún paréntesis. Seguimos defendiendo los principios de la unidad de Europa y por eso luchamos por preservar su futuro. Seguimos defendiendo los principios de la solidaridad, y por eso excluimos del esfuerzo a quienes sabemos que han sido golpeados más duramente por la crisis. Seguimos defendiendo los principios de la igualdad, y por eso pedimos un esfuerzo colectivo.
Entendemos que haya gente que no esté de acuerdo. Tan difícil ha sido tomar la decisión de aprobar las últimas medidas como entender el porqué de este paso y en este momento. Nuestra sociedad está tan madura para asumir estas medidas como para exigirnos contundencia en la necesidad de que todos asumamos parte equitativa en este esfuerzo. Todos, también los que más tienen. Será así. Tendremos que decidir cuándo y ser inteligentes para elegir la fórmula. Que nadie dude de que será así.

Leire Pajín Iraola es secretaria de Organización del PSOE

Ilustración de Iker Ayestaran